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Obama: el vendedor de humo

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Rubén Cortés
¡Oh¡ cómo se rindió el mundo a los pies de Barak Obama cuando ordenó desmantelar la cárcel de terroristas de Guantánamo. Sin embargo, el mismo día el flamante presidente de Estados Unidos bombardeó Pakistán y mató a 14 personas: igualito que George Bush. Pero los príncipes de la corrección política metieron la cabeza bajo el ala.
Sólo Hugo Chávez criticó la acción militar al considerar que “por no usar otra palabra”, Obama era “la misma miasma” que Bush. Pero nadie lo escuchó. Y no era para menos, ya que el lenguaraz presidente de Venezuela es la “miasma” personificada.
Tras el bombardeo, Pakistán protestó contra la nueva violación de su soberanía y se preguntó si la esperanza de que Obama no continuase con las políticas de Bush no era tan sólo una ilusión.
Pero el mundo no podía ocuparse de muertos pakistaníes porque aún estaba arrobado por el sermón de templo que le había soplado Obama el día de su asunción y con su sentencia a la prisión de Guantánamo, donde hay 245 terroristas que –la verdad sea dicha- si hubiesen cometido los mismos delitos en sus países de origen habrían sido ahorcados, que es lo que les hacen a los asesinos en los países musulmanes.
Pero lo de Guantánamo es una venta de humo Obama, pues su propio decreto especifica que para decidir la suerte de cada preso se realizará un examen meticuloso de los motivos de su detención, a cargo de un grupo de trabajo el integrado por el Departamento de Justicia, el Pentágono y los servicios de inteligencia: o sea, aquellos que los metieron en la cárcel.
Esto conducirá a liberar a los inocentes, mientras que el grupo de trabajo tendrá que hallar qué “métodos jurídicos” permitirían mantener bajo arresto 
a los que queden, aun cuando contra éstos el gobierno carezca de suficientes pruebas.
De modo que la decisión de Obama es un procedimiento y una aspiración, que se preserva un margen de maniobra muy amplio para mantener a los detenidos en la cárcel, lo es lo que debería ocurrir porque quienes han sido liberados de Guantánamo vuelven al terrorismo.
Un video difundido el viernes por un portal de milicianos islámicos en Internet mostró a Said Ali al-Shihri (preso seis años en Guantánamo y deportado a Arabia Saudita) como el nuevo líder de la rama yemenita de Al Qaeda. Sin contar que otros 60 presos liberados se han reincorporado a las filas de Osama Bin Laden.
Además, aún no está resuelta la acogida de los presos en terceros países. Muchos de estos terroristas poseen la ciudadanía de nacionales occidentales –España, Francia, Alemania- que en su afán de aparecer como contrapesos de Estados Unidos en la geopolítica mundial se la han pasado reclamando la ilegalidad de la cárcel de Guantánamo.
Sí, pero una cosa es con silbato y otra es con flauta.
A ver si ahora van a querer en sus propios países a esos buenos muchachos.