La buena prensa de Ernesto Zedillo

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Rubén Cortés
Lo mejor de Ernesto Zedillo como ex presidente de México es la buena prensa que ha siempre tenido. El general Jesús Gutiérrez Rebollo y Mariano Herrán Salvatti, dos de sus fiscales antidrogas, están presos: el primero culpable de narcotráfico y el otro acusado de asociación delictuosa… por ahora.
Pero en México no se arma un escándalo por eso. Vaya, ni a escandalito llega. Ni siquiera a un diario se le ocurre cabecear a ocho columnas: “Cae el ex zar antidrogas de Zedillo”.

Sin embargo, juntando lo de Gutiérrez Rebollo y Herrán Salvatti, es para que al menos se movieran las suspicacias, si se tiene en cuenta que durante los últimos dos sexenios se produjo el despegue y auge de los carteles de la droga que actualmente han obligado al presidente Felipe Calderón a sacar el Ejército a las calles como último recurso para detenerlos.

Porque en esta vida no existen los accidentes: los hechos son siempre consecuencias lamentables de otros hechos. El huevo de la serpiente con el que tiene que lidiar México en estos momentos se incubó desde mucho tiempo atrás. Para ser exactos: 12 años atrás.

De hecho, durante el último año de la presidencia de Zedillo se desarrolló una de las más cruentas luchas por el control territorial de las mafias, en la que murieron 17 comandantes y policías. Incluso, fueron despedidos 800 agentes de la Policía Judicial Federal bajo sospechas de narcotráfico.

En medio de esos reacomodos de los carteles, en agosto de 1999, dos sujetos a bordo de motocicletas atentaron sin éxito contra la vida de Herrán Salvatti cuando éste circulaba a bordo de un automóvil blindado por la calzada de Tlalpan y División del Norte, acompañado de su esposa y otras personas

Uno de sus escoltas hirió a los sicarios y detuvo a uno de ellos, mientras el otro logró escapar a bordo de un pesero.

Fue justo esa época, durante la labor de Herrán Salvatti como zar antidrogas, la que mayor crecimiento registró el narcotráfico en México. Y ahora él ha sido aprehendido por asociación delictuosa, peculado, ejercicio ilegal del servicio público y abuso de confianza en agravio del patrimonio del estado y la sociedad mientras fungió como secretario de Economía de Chiapas a lo largo de seis meses.

También se le achacan malos manejos por más de 175 millones de pesos en la cuenta pública de la desaparecida FGE durante el año 2006, más otros 39 millones de pesos en el Fideicomiso Público “Fondo Contra la Delincuencia Organizada”.

Pero la acusación estrella contra Herrán Salvatti puede estar por venir: delincuencia organizada para cometer delitos contra la salud. Tiempo al tiempo.

De cualquier modo, este personaje no se pudo haber convertido de un día para otro en la ficha que resultó ser hoy. Eso lleva su tiempo. Y, además, es algo que se nota. Por lo menos puede ser visto por quienes poseen un buen punto de observación.

Sus jefes, por ejemplo.