No que no había petróleo

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Rubén Cortés
Menos de dos semanas después de que el presidente Felipe Calderón advirtiera en Salina Cruz, Oaxaca, que “el petróleo se nos anda acabando”, la empresa estadounidense Chevron encontró en el Golfo de México un yacimiento de por lo menos 500 millones de barriles de crudo.
Sin embargo, el hallazgo, producido a dos mil 100 metros de profundidad, no fue obra de la casualidad, sino de la tecnología de punta de Chevron –un conjunto de novedosos equipos y técnicas que sólo poseen compañías privadas– y que es la misma que la mayoría de nuestros legisladores se niega a permitir que se use en México, pues ello significaría entregar nuestro oro negro.

El yacimiento fue localizado dentro de una columna de 90 metros en una formación rocosa de entre 24 y 65 millones de años, conocida como la Baja Tertiary, una formación que era inalcanzable antes, pero que en estos momentos es posible perforar gracias a las nuevas tecnologías.
Además, como para demostrar cuán equivocados están quienes aseguran que a México se le acaba inexorablemente el petróleo, las compañías Anadarko Petroleum (de Canadá) y ENI (de Italia) también descubrieron yacimientos esta semana en el Golfo de México.
Pero, como sea, estos hallazgos son apenas la avanzada de una avalancha que se va a producir en el borde de nuestras aguas territoriales en el futuro mediato, cuando empiecen a anunciar más descubrimientos las compañías privadas que perforan en la parte cubana y en la parte estadounidense del Golfo de México.
Lo triste es que México verá ese espectáculo desde las gradas porque Pemex carece hasta de unos simples inyectores de nitrógeno cuya función es acelerar la recuperación de hidrocarburos y que le hacen perder 40 mil barriles diarios en Cantarell, lo cual sucede a causa de que los senadores y diputados del PAN, PRD y PRI cerraron la posibilidad de que Chevron, ENI o Anadarko Petroleum, por sólo mencionar al vuelo tres nombres de empresas exitosas, exploren en nuestras aguas profundas.
Lo que harán todas esas compañías es lo que están haciendo: explotar esa fuente virtuosa que es el Golfo de México desde el lado estadunidense y desde el lado cubano. Y por supuesto que en su momento todas se valdrán del “efecto popote” para vaciar los yacimientos de la parte mexicana.
Es preciso advertir que minimizar el “efecto popote” equivale –desde el punto de vista de la física y de la geografía– a afirmar que al meter un popote en un vaso se puede extraer agua únicamente del lado donde se introdujo éste. Así de sencillo.
Y nosotros lo que hacemos mientras es lamentarnos. El propio presidente Calderón dijo con amargura en Salina Cruz: “No alcanzó ciertamente el consenso (para la inversión privada en la reforma energética) porque no estuvieron de acuerdo, una posición respetable del Congreso, para que también se pudiera invertir en refinerías”.
Pero, el muro de los lamentos está en Jerusalén. No en México.