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El poder sí marea

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juanito
Alfonso López Collada

Hace días escuché a Eduardo Ruiz Healy comentar la segunda sorpresa que nos dio “Juanito”: que se rajaba de haberse rajado y haría lo que acordó en un principio, dejar el campo a Clara Brugada en Iztapalapa. Se preguntó Eduardo, con su aguda ironía: “¿Cuánto le habrán dado a este cuate? ¡Imagínate!”.
Pero esta capacidad que le distingue, de cuestionar la información que le llega, no la ejerció en el primer acto, cuando Juanito sucumbió a la ilusión de verse dirigiendo los destinos sociales de la importante delegación; entonces no se preguntó cuánto le habrían dado. Esta diferencia entre las dos ocasiones casos deja ver que en ambas su criterio analítico sirvió más a sus preferencias personales, muy respetables en esa dimensión, que a su compromiso como comunicador social.
No es el primer caso que vemos. El poder sí marea y sobran pruebas de que el periodismo hace sentir poder a quien lo ejerce. No siempre se tiene, pero se siente. Agrego que, como toda generalización, ésta tiene sus honrosas excepciones.
Sería imposible ejercer este oficio haciendo a un lado las emociones, las creencias y las inclinaciones personales. Pero estoy convencido de que debe haber límites. Si bien es cierto que hay una gran emoción en el hecho de descubrir una información o generar una interpretación propia, y lanzarlas al público, no lo es menos que cae en una desviación perversa quien sacrifica la veracidad del mensaje a cambio de la vanidad de sentir esa emoción.
El ejemplo mencionado no honra el compromiso que tiene el periodista ante su el auditorio, que es influido al recibir una información duosa disfrazada de verdad. Aceptar el comentario de Ruiz Healy sin más sería doblegarse ante un mensaje que viene montado en el caballo de la “autoridad moral”, dada la reputación de Radio Fórmula y la credibilidad que otorga un medio masivo.
Lo menos que podemos exigirnos como comunicadores, y lo menos que debe usted exigirnos como público receptor de nuestros mensajes, es el fundamento suficiente de lo que decimos. En estos momentos, México no merece menos que eso.

Publicado en El diario de Chihuahua