web analytics

esparza
Raymundo Riva Palacio
Hace escaso un mes, muy pocas personas asociaban el nombre de Martín Esparza con el de Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia o Carlos Romero Deschamps. No estaba en el pedestal de los villanos del sindicalismo, ni en la galería de tiro al blanco preferido por los columnistas. No era vilipendiado, ni vivía en el extranjero para escapar de la justicia, ni tenía a su apellido pegado la palabra maldita Pemexgate. Pero en apenas dos semanas, Esparza, líder del Sindicato Mexicano de Electricistas, los rebasó y se convirtió en el portador de la peste bubónica.
En el episodio que se vive de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, Esparza se convirtió en el pararrayos por donde entraron todos los truenos malignos que dice el gobierno federal provocó su quiebra y cierre. Él es la síntesis de la corrupción sindical. Sobre sus hombros está la última responsabilidad por el enorme daño, que el SME le provocó a la nación. No hay duda que todas esas palabras e ideas que ha transmitido el gobierno federal, son un exceso. Sin embargo, fue Esparza quien contribuyó a forjar esa imagen con sus excesos, y los propios sindicalistas, que se pelearon con él, quienes socializaron la corrupción de su líder.
Esparza, de menos de 38 años, recoge lo mejor de la tradición de los dirigentes electricistas, combativos, reformistas, solidarios, que apostaron sin dudar por las causas de los débiles y siempre acudieron en apoyo de los sindicatos hermanos que los necesitaba. Pero también, dicho por ex dirigentes del SME, no hubo una gestión donde el líder sacara mayor provecho político y económico del cargo. Se podría decir que Esparza, bien se ganó el embate y ayudó al gobierno en su propaganda.
Esparza estuvo al frente del SME por dos periodos consecutivos de dos años cada uno, a los cuales les sacó una gran raja. Fue diputado federal del PRD en la anterior legislatura, desde donde promovió el nepotismo en su tierra Hidalgo. Hizo presidentes municipales a su hermano Roberto en Tlahuelilpan, a su primo Marco Aurelio Estrada en Tetepango, y a su compadre Claudio Cornejo en Tetontepec. En Tetepango colocó a su sobrino Pablo como subsecretario general de la división Juandho del sindicato, convirtiéndose en el verdadero factor de decisión en la zona.
En Tetepango se hizo dueño de un rancho, “Los Encinos”, que tiene un pequeño lienzo charro, con finos caballos –que va a buscar a Europa- y autos de lujo. Además organiza ahí peleas de gallos, según revelaron a la prensa sus propios agremiados. No es el primer líder del SME que utiliza los recursos del sindicato para enriquecerse, ni tampoco el primer dirigente que se construye su propio rancho. Nunca fue casual que entre los electricistas, Esparza recibiera el apodo de “el mago”, porque nadie sabía cómo, con un salario de 10 mil pesos mensuales, podía reproducir el dinero para que la alcanzara para comprar tantas cosas.
El dinero se le notaba. Autos, dinero y mujeres de la nada, los símbolos del dinero que llegó rápido. En las comidas con sus cercanos, las cuentas llegaban a ser de 20 mil pesos. A los sindicalistas les exigían las cuotas más altas entre los sindicatos, lo que generaba 450 millones de pesos anuales para lo que fuera. A quienes querían entrar al sindicato, les vendían plazas. Por ejemplo, el costo para una intendencia oscilaba entre 250 mil y 300 mil pesos. A los usuarios les transferían el mal servicio. Las quejas por el mal trato, las componendas exigidas para un buen servicio, las represalias por no querer ser parte del sistema de dinero bajo la mesa para resolver expeditamente los problemas, y la impotencia y frustración ante las cuadrillas de mantenimiento, no ayudaron a Esparza y al SME, en nada, frente a la liquidación de Luz y Fuerza.
Al contrario, con todo ese lastre sobre la espalda, el gobierno pudo imponer fácilmente que la discusión sobre la liquidación de Luz y Fuerza se centrara en los excesos del SME y sus líderes. Por ejemplo, el presidente Felipe Calderón dijo a los industriales que por culpa de Luz y Fuerza, se dejaron de generar 100 mil empleos y se dejó de crecer entre 0.5 y 1% del producto interno bruto. ¿De quién era responsabilidad? Ya no tenía que decirlo: de Esparza y el SME. Afirmó el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, que los 40 mil electricistas sindicalizados le quitaban oportunidad de desarrollo a “millones de mexicanos”. Ante esos alegatos, Esparza y el SME, eran traidores a la patria.
El maltrato gubernamental al SME ha sido general y sin matices. Así, todos ellos eran corruptos, abusivos y llenos de privilegios. El golpeteo ha sido sistemático, y la satanización absoluta. Hay articulistas que se preguntan si alguna empresa contrataría a alguien proveniente del SME. Un trabajador del SME le declaró a la televisión que con todas las cosas negativas que se dicen de todos los sindicalistas, decir que trabajaba en Luz y Fuerza le impedirá conseguir trabajo.
Los excesos de Esparza ayudaron al gobierno a esconder las varias caras de la crisis financiera de Luz y Fuerza, y la forma como se fue construyendo. En los últimos años, el gobierno inyectó recursos a la Comisión Federal de Electricidad mientras desinvertía en Luz y Fuerza. La falta de recursos provocó que la empresa, que suministra electricidad a casi 30% del país, generara sólo mil megavatios de energía, de los 55 mil que requiere la nación. En otra discordancia, la energía que no generaba la compraba en la CFE a un costo de 98 centavos por kilovatio/hora, cuando las tarifas industriales señalaban un costo de 88 centavos por el mismo volumen.
En la crisis de Luz y Fuerza, el SME tiene corresponsabilidad, pero no mayor que la administración de la compañía. Sin embargo, el administrador de la empresa no ha aparecido por ningún lado y su nombre no se convirtió en una referencia doméstica. Todo se concentra en Esparza, que lleva dos décadas dentro de la vida gremial, y poco más de tres lustros en la estructura del poder del SME. Lo bien aprovechado de esos años, es lo que le facilitó al gobierno convertirlo en villano. Hoy, todos los electricistas están pagando sus errores y los excesos de sus líderes. Pero Esparza, quien tiene la biografía más cuestionada entre los propios sindicalistas, a la que se le añadirá el haberse convertido, de mago, en enterrador del sindicato.