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Grupos de limpieza

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Francisco Hoyos

Mauricio Fernández Garza es el alcalde más importante del país. Al menos eso refleja que el mismo presidente de la República, el secretario de Gobernación y todos los líderes de opinión del país se refieran a él. Su fama, sin embargo, está lejos de apagarse, porque en el fondo del escándalo que ha protagonizado está el clamor popular de dar resultados a toda costa.


La historia del presidente municipal de San Pedro Garza García con el crimen organizado no es nueva. Ya en campaña se había hecho pública su declaración a favor de llegar a un acuerdo con los narcotraficantes que vivían (o viven) en esta rica localidad de Nuevo León para que hubiera condiciones verdaderas de seguridad.
Los meses pasaron, y el 31 de octubre, durante su toma de posesión, el nuevo alcalde anunció entre aplausos la muerte en el Distrito Federal de Héctor Francisco Saldaña Perales, a quien mencionó simplemente como “El Negro”, un conocido secuestrador que operaba en el municipio con toda impunidad, tanto como para sólo mencionar su apodo.
Sobre la polémica de las horas del anuncio ya se ha escrito mucho; pero se ha analizado poco el mensaje que envió Fernández Garza ese día y la forma en que éste se ha interpretado no sólo entre los habitantes de San Pedro Garza García, sino por el resto del país.
Primero el alcalde señaló que se trataba de una llamada anónima que derivó en una coincidencia sobre la información exclusiva que recibió acerca de la ejecución del criminal; después dejó entrever que estos datos eran producto de un grupo de “inteligencia”.
Sin agregar más a las versiones que dio, lo que siempre dejó claro es que él estaba al mando de un equipo alterno y especializado para combatir al crimen. Un equipo que pagaba con la misma moneda a los delincuentes y brindaba una “solución final” a los problemas que éstos ocasionan en el municipio, sin contemplaciones o respeto a leyes y normas.
Fernández Garza ya ha declarado ante la Procuraduría General de la República y es probable que ninguna autoridad tenga elementos para culparlo de nada. Lo curioso es que no es el anuncio en exclusiva de un asesinato lo que hace al alcalde una celebridad.
Es precisamente lo que ha dicho a retazos, el motivo de que muchos empresarios y ciudadanos en Nuevo León estén especulando con la idea de crear también sus “cuerpos de limpieza” locales e incluso impulsar a candidatos que traigan la misma bandera que el munícipe de San Pedro.
Por muy novedoso que este caso luzca en la prensa, la formación de grupos paralelos (e ilegales) dedicados a enfrentar a la delincuencia ha ocurrido antes. El caso más celebre en los últimos 30 años fue el de Brasil. Ante el aumento de la inseguridad y la extorsión por parte de grupos criminales, empresarios contrataron a ex militares, ex policías e incluso a algunos elementos en activo para hacer justicia por propia mano.
Pronto, los mismos grupos paralelos se volvieron en contra de sus propios patrones o cometieron abusos en aras de cumplir con sus órdenes. Es un fenómeno común, cuando la autoridad ha sido rebasada por el crimen y la corrupción; como sucede en este momento en muchas partes del país.
El riesgo es considerar que Fernández Garza dejará de operar como lo ha hecho, una vez que la espiral noticiosa lo saque de atención. Al contrario, el alcalde podría subir sus bonos políticos ejerciendo de manera equivocada el poder que le da el ayuntamiento y ganar la simpatía que ya despertó en muchos sectores al actuar, de la forma que sea y con las consecuencias que ello traiga, en contra de un flagelo que las autoridades no solucionan y que amenaza diariamente a todos los ciudadanos.
Es el regreso al viejo oeste o a las guardias blancas que imponen la ley donde ésta ya no existe. Y lo peor, es que ante la falta de soluciones, Fernández Garza es el único presidente municipal que se habla de tú a tú con el aparato gubernamental encargado de protegernos y con su máxima autoridad, la presidencia de la República.
Con una diferencia: él ya tiene resultados.