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Lo que se mueve inquieta

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Francisco Garfias

En 1910, los revolucionarios mexicanos enarbolaron las banderas de Sufragio Efectivo, No Reelección en contra de la dictadura porfiriana. Hoy, cuando estamos a punto de celebrar el centenario de ese movimiento armado, queda claro que necesitamos mucho más que el sufragio efectivo para que este país camine y que la no reelección, por lo menos en lo que a los legisladores se refiere, ha privado a los ciudadanos de premiar o castigar a sus representantes populares.

El advenimiento de la alternancia, por décadas el anhelo de los demócratas mexicanos, no ha sido suficiente para consolidar una democracia plena. Los ciudadanos no están satisfechos con la representación política y, como admitió el presidente Calderón, perciben una enorme distancia entre sus necesidades y la actuación de sus gobernantes, y de sus representantes.

La pluralidad, reflejada en el Congreso, ha permitido una mejor convivencia política, sí, pero a la vez ha provocado una asfixiante parálisis que no puede prologarse por más tiempo.

La ausencia de una mayoría en las cámaras del Congreso se ha convertido en un serio obstáculo para las grandes reformas que este país requiere. La fiscal, la energética, la propia reforma electoral han sido aprobadas en su versión Light. Tanto es así, que año con año se habla de hacer una nueva.

El mundo político está conciente de la urgencia de cambios que promuevan condiciones de gobernabilidad democrática, en el marco de un sistema de partidos múltiple. Pero en cada intento surgen las resistencias de poderosos grupos de interés, o partidistas, que ven amenazados sus privilegios y acaban imponiéndose.

El 2010 nos promete otro año de revolución, pero de las instituciones. Así lo indican las iniciativas que se han puesto sobre la mesa para modernizar el sistema de gobierno. La más atrevida es la que envió al Congreso el presidente Felipe Calderón. Son 10 propuestas que incluyen segunda vuelta en la elección presidencial, reelección de alcaldes y legisladores, el achicamiento de las cámaras, las candidaturas independientes, el incremento del 2 al 4 por ciento de la votación nacional para lograr el registro de los partidos emergentes…

La iniciativa polarizó al Congreso, provocó debate entre los intelectuales, puso en alerta a los partidos, particularmente a los de La Chiquillada, que ven sus intereses amenazados. “Lo que se mueve inquieta”, solía decir Francois Mitterrand. Pero esa inquietud a todo lo que se mueve no debe impedir, una vez más, los cambios al régimen de gobierno. El modelo que tenemos ya se agotó. El futuro está en riesgo.

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