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Gil: el caballo negro del PAN

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Por Rubén Cortés

El personaje a seguir para relevar a César Nava en el PAN es el diputado Roberto Gil. Reconocido entre la oposición como interlocutor fiable, el segundo de Segob en tiempos de Gómez Mont ofrece un contorno más fresco y atractivo que Gustavo Madero y Francisco Ramírez Acuña.
Su desventaja sería que ellos parecen más cercanos al Presidente Felipe Calderón: Madero como su mejor soldado legislativo; Ramírez Acuña por la relación histórica de haberle cobijado su destape presidencial.
Pero Roberto Gil es tan afín al mandatario que éste lo designó el segundo hombre de su política interior, encargado en especial del proceso electoral en las intermedias de 2009.
Por eso encarna el perfil idóneo para la época que se acerca: su pericia en temas electorales, apuntalada por su experiencia como abogado del PAN y como representante en el IFE.
Como subsecretario de Gobierno, desahogó el proceso más exitoso del sexenio (extinción de Luz y Fuerza del Centro) y la recuperación de Cananea, tras ser secuestrada por la sección 65 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros.
Abandonó Segob en el marco del relevo de Gómez Mont por Blake. Sólo por eso. La oposición extraña su perspectiva plural y talante dialogador, por lo cual salió del antiguo Palacio de Covián con el reconocimiento de todos los partidos.
Un temperamento así es el adecuado para el PAN hasta 2012, luego de líderes coyunturales, acordes a los tiempos políticos que visualizaba Calderón: el duro Germán Martínez para la confrontación con el PRI en 2009; y el moldeable Nava para la apuesta por las alianzas en 2010 con un partido que ni reconoce al Presidente.
Ahora, ya con la alianza PAN-PRD descartada para el Estado de México en 2011 (tiempo al tiempo), se impone un líder panista atractivo al electorado, fresco, con potencial para insertarse en la agenda y carente de los vicios de la política tradicional que encarnan Madero y Ramírez Acuña.
La propia divisa de Roberto Gil para 2012 lo explica. “Apostar por nosotros mismos”, que fue el título de un texto suyo publicado en Reforma, en el cual advierte que “Acción Nacional ha dejado de hacer política”.
Y explica:
“El PAN no ha contextualizado sus errores y aciertos. Ha sido incapaz de atribuir responsabilidad a quienes pretenden conservar el estado actual de cosas. En ese vacío, lo primero que se ha perdido es la confianza en nosotros mismos; se ha sembrado la prisa de muchos panistas por regresar a la oposición para encontrar un cómodo asidero al desconcierto. Desde ese vacío, sólo podremos ofrecer reflejos antipriistas que dicen muy poco sobre lo que somos”.
Ni mandado a hacer: el hombre que necesita el PAN para el tiempo que viene es Roberto Gil