Castillo Peraza y Herrera y Lasso

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Foto: Especial
Alejandro Zapata Perogordo
Esta semana ha sido espléndida por la enorme oportunidad de estar en actos que evocan el pensamiento filosófico de grandes personajes que le han dado riqueza al acervo cultural de México y los mexicanos.
El pasado lunes estuve compartiendo la vida y obra de don Carlos Castillo Peraza, meridiano ejemplar; si bien no fue completamente contemporáneo de Don Manuel Herrera y Lasso, ambos, presentan rasgos de identificación, por las vicisitudes de su época, por su fe, por su pensamiento, por su congruencia, por su tezón, su lucha, su intelecto. Por ser brillantes, por su profundidad y capacidad de análisis, ambos elocuentes, vehementes, claros y convincentes, pero sobre todo, por su amor a la Patria a la que pusieron en alto traspasando fronteras allende el mar.
Cumplieron con creces la misión que se impusieron, trascendieron y siguen presentes y vigentes bajo el legado universal de sus ideas.
Baste decir que la semana pasada, se homenajeó al distinguido personaje encarnado en la figura de don Luis Héctor Álvarez, otorgándole la presea Belisario Domínguez en el Senado de la República.
Y el jueves pasado como inmerecido corolario, Don J. Carmen García Vázquez nos comparte el privilegio para evocar el pensamiento universal de uno de los más grandes filósofos potosinos, la obra imperecedera de DON MANUEL HERRERA Y LASSO.
No me cabe duda, que J. Carmen, con respeto y admiración, aludiendo a Cervantes, es considerado el ingenioso Hidalgo Potosino, y entre sus múltiples viajes intelectuales, arriba puntual con su obra.
Primero, porque leer a Herrera y Lasso, además de abrevar de su conocimiento vasto, profundo, cristalino y universal, es un placer, deleite que nutre el espíritu.
La secuencia elegida en el libro no es un producto del azar, sino de una cuidadosa selección de ensayos y artículos, de identidad y orgullosa raigambre en: PATRIA Y MATRIA, se introduce a la conceptualización de las ideas, como un ejercicio del razonamiento lógico del intelecto, sin que exista una temporalidad para hacer moda, sino en el encuentro de su utilidad y en la convicción de su fecundidad.
Es un polemista nato, igual que el autor. Nos traslada a las tesis de Platón, Aristóteles, Hegel, Rousseau, Leibnitz, Chesterton, Marx, Kant, Sarlat, San Agustín y muchos otros, concordando con unos y rebatiendo a otros, indiscutiblemente, haciendo uso magistral de impecable argumentación, cimentada en sólidos fundamentos, haciendo gala de sus profundos conocimientos, su vasta cultura, lo vehemente de su dialéctica y la elegancia de su escritura.
Me permito hacer hincapié sobre un ensayo intitulado LA CONCIENCIA COLECTIVA, donde estudia lo concerniente a la imitación y contraimitación, como un fenómeno social de adaptación, señalado como un doble proceso directo o indirecto de asimilación y de reacción, mediante el cuál los organismos ceden al medio o resisten a él.
Por eso decía que el libro de J. Carmen llega muy a tiempo, pues en tanto nos involucramos a un capitalismo salvaje e impulsamos a toda costa el ímpetu materialista, descuidamos las estructuras del tejido social, teniendo como efecto desequilibrios.
En realidad agradezco a J. Carmen García Vázquez su esfuerzo, su convocatoria e invitación a la presentación, que no es solamente para compartir un libro cualquiera-dicho sea de paso- disfrutar de su obra, pensamiento e identificación con las convicciones de Herrera y Lasso, sino el añadido, el deber obligado de la reflexión, la convicción y la acción.