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Hasta no ver, no crecer. Ideas y ocurrencias

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Felipe Calderón y gobernadores
Alejandro Zapata Perogordo
Tal parece que en la actualidad muchas acciones y decisiones de los gobiernos toman como originaria base de sustento la ocurrencia. Por supuesto, va acompañada con el indiscutible elemento, implícito en la diatriba argumentativa, que proviene de la búsqueda de la modernidad; en consecuencia, podríamos deducir que también se ha tomado como una moda.
La moda es algo transitorio, una costumbre pasajera, algo que socialmente se impone en determinada época y lugar, ni es perenne ni necesaria, como la define Herrera y Lasso: “…La vanidad de llegar ya no en el último barco, sino en el último avión; el hacer del pensamiento, como del vestido una necesidad suntuaria a la orden del día…todo ello es signo de perniciosa audacia mental, característica de quienes creen, como (el gallo) Chantecler, que el sol sale porque ellos cantan”.
En tanto que ocurrencia es una idea incompleta, inesperada y repentina, a veces hechos o dichos ingeniosos y originales. Se considera más un proceso de reacción momentáneo, sin una sistematización analítica y reflexiva, que encuadre integralidad.
Lamentablemente, en la actualidad los gobiernos se encuentran tomando determinaciones y actuando bajo la moda, recurrente, concurrente y muy ocurrente; situación que a los gobernados nos deja, por carecer de una lógica social y provenir de quienes tienen la responsabilidad de actuar con prudencia y sensibilidad, completamente estupefactos.
Además, reconozco que algunas autoridades defienden sus ocurrencias con gran perseverancia, rayando en el empecinamiento, que también utiliza el sinónimo de obstinación, que significa mantener un propósito, con terquedad, testaruda y obcecadamente.
Así, podríamos afirmar que nuestros gobiernos han impuesto la moda del gobernar bajo el sistema de las ocurrencias.
Sobre este binomio existen muchos ejemplos. Es una de las grandes desgracias existentes en el país, pues se ha propiciado el debate de las ocurrencias, que -huelga decir- se encuentra de moda, y no el de las ideas.
Veamos: idea es una palabra griega, idein, cuya última raíz está relacionada con videin, ver. La idea es entonces cualquier representación mental, que se relaciona con algo real, es una visión producto del conocimiento puro racional, proviene de convicciones, creencias u opiniones y se deriva de un ejercicio intelectual, un proceso mental, de análisis, ejercicio que compartido colectivamente se puede traducir en ideología.
Si hemos de atender al significado original de la palabra, quien no tiene ideas no prevé y sin dicha previsión, se lanza al vacío de la ocurrencia. Éste, por su parte, es un término estrechamente emparentado con el verbo correr, que explica con toda claridad la naturaleza de la palabra. La ocurrencia es entonces y en términos llanos, lo que se hace a la carrera, sin meditar las consecuencias, al aventón; decisiones que trae el viento y que con él se van.
Quien tiene una idea es previsor, quien se conduce por ocurrencia no ve lo que hace.
Las ideas no pueden constituir moda, pues tendrían efectos meramente transitorios, sino que se deben valorar de acuerdo a su utilidad, a su fecundidad y de conformidad a su integralidad, con base en el objetivo que persiguen. En materia política, sobre valores superiores, vinculándolas a la consecución del bien común y el progreso, es decir al bienestar de todos, propiciando con ello una conciencia social.
Bajo esa premisa, la idea se convierte en un proyecto y este a su vez en un plan de gobierno, lo que posibilita una armonía. En cambio, la espontaneidad de la ocurrencia le otorga un carácter de aislamiento, de momento, e inclusive en múltiples ocasiones se llega al absurdo de estirar la ley para justificar su aplicación.
En esa tesitura, hemos dejado de lado lo trascendente, que son las ideas; ejercicio fundamental que permite analizar y recoger las verdaderas aspiraciones sociales, donde seguramente encontraremos grandes coincidencias.
Lo anterior ha dado paso a que los gobiernos locales y municipales principalmente, hagan a un lado las ideas, los planes, los procesos con visión de largo alcance e impongan sus ocurrencias, lo que resulta inaceptable, patético y con enorme perjuicio para el país.
Digamos pues, finalmente: “Hasta no ver, no crecer”.