La verdadera Revolución

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Foto: Especial
Alejandro Zapata Perogordo
Reivindicación de derechos
Una añeja discusión está llegando a buen puerto, se trata de la modificación al Artículo Primero de nuestra Constitución. Ahí es donde se encuentra la parte medular; el corazón de los derechos y libertades de los mexicanos, por lo tanto, no es de menor importancia.
El antecedente más cercano a la Constitución de 1917, fue la de 1857, que si bien una se inspira en la otra, la parte que nos ocupa sufrió cambios profundos.
Veamos: el Artículo Primero de la Constitución de 1857 -creación de Francisco Zarco y Ponciano Arriaga- se titulaba de la manera siguiente:
“DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE, Artículo Primero.- El pueblo mexicano reconoce que los derechos del hombre son la base y el objeto de las instituciones sociales. En consecuencia declara que todas las leyes y todas las autoridades del país deben respetar y sostener las garantías que otorga la presente Constitución”. Como se puede observar (independientemente de que la palabra hombre es aquí un sustantivo colectivo que se refiere a las personas en general, no al género), la intención del constituyente era la salvaguarda de los derechos humanos.
En cambio parecería que la del 17 se deja influir por una corriente positivista -tan vigente durante la etapa final del Porfiriato-, sometiendo a la norma fundamental todos los derechos, dejando el texto de la manera siguiente:
”DE LAS GARANTIAS INDIVIDUALES, Artículo Primero.- En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garantías que otorga esta Constitución, las cuales no podrán restringirse ni suspenderse, sino en los casos y condiciones que ella misma establece.”
Si se hace una comparación; es evidente que sin transformar el sistema conceptual proteccionista, sí existe diferencia de fondo, pues mientras una reconoce derechos y somete a las instituciones del país a su respeto para el ejercicio, la otra –contrariamente- somete a la persona al otorgar únicamente aquellos considerados en la Carta Magna.
Es de explorado derecho la existencia de derechos y libertades, que por el solo hecho de ser persona son inalienables a ella al encontrarse íntimamente ligados a la condición humana. El de pensamiento, de creencia, de conciencia. Así como otros, necesarios para el desarrollo, el derecho a la vida, a la alimentación, etcétera; sin el ánimo de extenderme, pues es un tema que da para mucho y que ahora hemos podido consagrar en el texto del documento fundacional, pendiente de aprobar en la Cámara de Diputados.
Pudimos consensar una redacción mucho más afortunada, en el ánimo contemporáneo, recogiendo las aspiraciones tanto del 57 como del 17, para quedar en los términos siguientes:
“DE LOS DERECHOS HUMANOS Y SUS GARANTIAS. Artículo Primero.- En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales sobre derechos humanos de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, los cuales no podrán restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece”.
“Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales sobre derechos humanos antes señalados”.
Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.
Sin duda, con esta reforma se reconocen los derechos y libertades de las personas, bien jurídico tutelado por el orden constitucional y se establecen las garantías como el medio para hacerlas respetar.
Creo que este es el mejor regalo que podemos darnos en la conmemoración de la lucha libertaria, de la Independencia y la Revolución.