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Competencia y monopolitis, La increíble y triste historia de la cándida Cofeco

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Alejandro Zapata Perogordo
Cuando es un juego de mesa, el monopolio es algo divertido y no causa daño ni hiere otra cosa que el amor propio de nuestros oponentes; cuando se trata de nuestra realidad económica, limita la competencia (a veces la suprime del todo) entorpece el desarrollo equitativo y favorece el enriquecimiento desleal de un solo grupo, en detrimento de otros que buscan sobrevivir en el mercado.
En un sistema de competencia imperfecta, el monopolista fija los precios del mercado y establece barreras a los competidores débiles que enfrentan así obstáculos de tipo legal, tecnológico y financiero. Así, aunque teóricamente podría haber competencia, en la práctica ésta es virtualmente imposible.
Por eso, como órgano desconcentrado, nació la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) con una serie de atribuciones que los poderes ejecutivo y legislativo han venido fortaleciendo, con objeto de impedir las prácticas nocivas en materia comercial.
Habría que recordar que el Estado promovió la reforma del artículo 28 constitucional en materia de competencia económica, monopolios y libre concurrencia e instauró en 1993 su ley reglamentaria: la Ley Federal de Competencia (LFC).
Como consecuencia de ello se creó la Comisión Federal de Competencia como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Comercio y Fome nto Industrial (Secofi) que cuenta con autonomía técnica, operativa y para dictar resoluciones; además, tiene a su cargo prevenir, investigar y combatir los monopolios, las prácticas monopólicas y las concentraciones, en los términos de LFC.
En ese sentido, el Senado de la República discute actualmente un dictamen para modificar su estatus de órgano desconcentrado a uno descentralizado. De votarse en ese sentido, en mi opinión, el poder legislativo perjudicaría las atribuciones de la propia Comisión y abría la puerta para que cualquier persona pueda ampararse contra los actos de la Cofeco y ganar el amparo por tener vicios de inconstitucionalidad.
Legisladores de oposición en la Cámara Alta, saben muy bien que de aprobarse las reformas tal y como están redactadas, le quitarían a la Comisión Federal de Competencia sus atribuciones constitucionales.
Desdentada, la Comisión sería entonces un espantapájaros incapaz de asustar al avechucho más insignificante, mucho menos a las grandes aves de rapiña que sobrevuelan las actividades de mercado en México.
Ello sería muy conveniente para los monopolios y oligopolios que existen en el país, los cuales han venido presionando a sectores del Poder Legislativo, para eliminar al menos las atribuciones de la Comisión.
De tener éxito la reforma la Cofeco perdería su esencia y su fuerza legal, ya que entonces las empresas ante cualquier acto que lleve a cabo el organismo, cualquier multa o resolución, se ampararían aduciendo en primer término que es inconstitucional y segundo, señalarán que dicha Comisión no tiene entonces facultades para poder realizar la función que hasta ahora ha llevado a cabo.
Esa situación debe llevar a una profunda reflexión de los sectores sociales, empezando por los legisladores que pervertirían la función que tienen como representantes de los intereses generales del país y la sociedad, pero no de las grandes corporaciones.
Insistir en votar a favor el Dictamen respectivo, vendría a dar al traste con todo lo que ha sido la política de darle al país una economía que permita eliminar de una vez por todas, de las prácticas nocivas que han daño profundamente la equidad competitiva y sobre todo el tejido social por los desequilibrios que conlleva.
Una ley secundaria no puede echar por tierra las disposiciones constitucionales porque sería tanto como dejar al país prácticamente en un estado de indefensión. No es ocioso señalar que los legisladores de oposición –encabezaos por el PRI en el Senado- saben precisamente la circunstancia que señalamos.
Cabría entonces preguntarse: ¿cuál es la motivación por la cual le están dando al traste a la minuta que viene de la Cámara de Diputados; que además ha tenido como pocas el consenso de todos los grupos parlamentarios?
¿Quiénes ganan con esta posición?
No es la sociedad o el país. Son aquellas empresas que tienen tendencias monopólicas y que se puedan ver afectadas con la ley que tenía a través de la minuta de la Cámara de Diputados. Por ello se puede presumir que los legisladores del PRI en la Cámara Alta hicieron caso a los cabilderos que representan grande empresas en ese tipo de situaciones.
El asunto no es cosa menor, no estamos en la sala de la casa jugando Monopolio ni los billetes que se disputan son del Banco de la Ilusión, lo que nos estamos jugando es el desarrollo equitativo en un México donde los ganones son los bribones de siempre.