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Descubre INAH petrograbados en el Cerro de Coamiles, Nayarit

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Tepic, 4 de julio (Notimex).- Investigadores del Instituto Nacional de Antropológica e Historia (INAH) informaron que se ha abierto un campo de estudio en la arqueología del Occidente de México, con la localización de alrededor de 30 petrograbados en bajorrelieve, en el sitio arqueológico Cerro de Coamiles, municipio de Tuxpan, Nayarit.

El reciente descubrimiento incluye diversos diseños simbólicos que coinciden con las cenefas distintivas de la cerámica ritual de la cultura Aztatlán, que tuvo su territorio en el Cerro de Coamiles, ubicado, entre 850 y 1350 d. C, en la franja costera noroccidental de Nayarit.

El INAH informó que el arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz explicó que los petrograbados se localizan sobre una cresta rocosa natural de forma lineal, conformada por numerosos afloramientos de rocas, donde se pueden observar los petroglifos de manera aislada o en complejos paneles de diseños.

Asimismo, el especialista detalló que el hallazgo se dio gracias a recientes reconocimientos de campo realizados en parcelas de la base del cerro.

Respecto a la importancia de este descubrimiento, el también investigador expresó que estos 30 petrograbados se suman al conjunto de 150 manifestaciones de este tipo, hallados por la misión arqueológica de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París, Francia, en los años 80.

“El estudio de estas manifestaciones gráfico-rupestres enriquecerá significativamente el corpus iconográfico de los petrograbados que fueron registrados hace 30 años; la mayor parte de éstas se localiza hacia el poniente, al pie de la ladera suroeste del sitio”, expresó el arqueólogo del Centro INAH-Nayarit.

Garduño Ambriz señaló que varios de estos petrograbados pueden coincidir en temporalidad con evidencias de la cultura Aztlatlán, especialmente con su cerámica, que incluye diseños semejantes a las decoraciones de objetos rituales.

“Caracterizadas por representaciones de bandas celestes, nubes y motivos ligados al culto solar” expresó el experto.

El arqueólogo subrayó que entre los petrográficos hallados destaca, por su distribución, un conjunto de concavidades hemisféricas, conocidas como pozuelos, que se caracterizan por ser huecos, hechos intencionalmente sobre la roca, con contorno circular que se distribuyen linealmente sobre un eje de dirección oriente- poniente.

Al respecto, Garduño Ambriz explicó que éstos están directamente asociados a la representación de un disco solar, lo que sugiere que estos huevos probablemente fueron empleados como receptáculos de ofrendas propiciatorias para la petición de lluvia dentro del ciclo ceremonial de carácter agrícola.

Ahondó que los pozuelos con un diámetro de 4 y 6 centímetros, y una profundidad variable de entre 1 y 6 centímetros, son asociados con una ocupación previa a la cultura Aztatlán en sitios costeros, entre 200 y 900 d.C, en el denominado periodo Clásico.

El especialista mencionó que desde su punto de vista, algunos de estos pretrograbados podrían haber funcionado como marcadores astronómicos, que señalaban fechas importantes en el calendario ritual anual, lo cual sería congruente con el reciente descubrimiento, en las plataformas del sitio, de un conjunto arquitectónico astronómicos planificado, que funcionó como espacio sacralizado para la observación de la aparición del Sol en los equinoccios.

Finalmente el arqueólogo del INAH apuntó que el punto óptimo de observación de este fenómeno era el centro del montículo principal de la Acrópolis Norte, el cual era empleado para ceremonias y representa el de mayor altitud sobre la planicie aluvial de esta región, pues mide 77 metros sobre el nivel del mar.