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Sólo las vacas no cambian de opinión

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Rubén Cortés

Es irrazonable considerar una estupidez mayúscula la idea del ex presidente Vicente Fox de una tregua con el crimen organizado. Es irrazonable porque la descalificación sólo sirve para cancelar cualquier posibilidad de diálogo.

Fox es libre de considerar que el gobierno debe convocar “a los grupos violentos a una tregua y valorar la conveniencia de una ley de amnistía”. Es su opinión y se le debe respetar. En todo caso, la ofensa es un facilismo despreciable de la negligencia mental.

Lo que podría abrir una discusión útil sería recordarle a Fox que hace hoy ocho años advirtió en su Tercer Informe de Gobierno que “en la lucha contra el narcotráfico no debe de haber ninguna tregua, el objetivo debe ser definitivo: acabar para siempre con el crimen”.

Y que fue él quien acuñó el término “guerra contra el narcotráfico”, ya que sus afirmaciones ante los legisladores, aquel 1 de septiembre, sirvieron a la PGR para lanzar una campaña denominada “Estamos en pie de guerra contra el narcotráfico”.

El propio presidente Felipe Calderón, principal aludido en la propuesta foxista de pactar con la delincuencia, dio con su respuesta un ejemplo de mesura raro en muchos de nuestros políticos, quienes no alientan la controversia constructiva:

“No sé cuáles sean las ideas y los fundamentos de eso. Creo que para amnistía y tregua con los criminales ya tuvimos demasiados años y ahorita estamos pagando las consecuencias de haberlos dejado crecer en todo el país”.

Porque los insultos estilo “la estupidez de Fox” se han convertido en reflejo de nuestra vida pública, en la cual hemos aceptado el agravio y la desautorización, lo cual anula la libertad de expresión basada en el respeto al otro.

Es el caso del aspirante presidencial panista Santiago Creel, quien no encuentra otra manera de competir con el priísta Enrique Peña, quien le aventaja por 60 puntos en las encuestas, que con agravios: “Es un gobernadorcillo encopetado y cínico.

Pero, además (y para abonar al debate constructivo), Vicente Fox tiene derecho a cambiar de opinión en ocho años (y hasta en tres minutos) al haber reclamado antes “guerra contra el narcotráfico” y ahora “una tregua con los grupos violentos”.

Un ejemplo es el general Wojciech Jaruzelski, el último presidente comunista de Polonia, quien duerme cada noche con dos soldados a la puerta de su casa y casi un centenar de muertos en su conciencia, como lo describió hace poco el diario español El Mundo, al cual concedió una entrevista.

–¿Qué es lo que más le gusta del capitalismo?

–Las tiendas llenas de cosas.

–¿Cómo puede decir eso, si usted fue líder comunista?

–Existe un dicho polaco: sólo las vacas no cambian de opinión.