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Sin aborto, somos menos libres

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Rubén Cortés

El conjunto de células producido por la unión del óvulo y el espermatozoide puede convertirse en un ser humano ¡Pero no es un ser humano! De la misma manera que una avellana no es un avellano ¡Aunque pueda llegar a serlo!

Pero esto forma parte de un debate que a lo largo del tiempo nunca ha podido establecer la distinción entre cuándo se produce el paso del embrión al ser ya realizado: una discusión en la cual cada persona es libre de elegir su posición.

Por tanto, la decisión de una mujer de abortar corresponde al ámbito de las libertades individuales y no al de las ideologías, que fue el que –desafortunadamente- provocó que la Corte avalara la ley del estado de Baja California que protege la vida desde el momento de la concepción.

Entonces la Corte atentó en contra de la libertad de elegir, que es el principal valor de una sociedad democrática. Sin embargo, también el Ejecutivo contravino su papel al irrumpir en la discusión del pleno de ministros para imponer su visión ideológica en el asunto.

El presidente se montó desatinadamente en el debate del Poder Judicial al someter a aprobación del Senado el retiro de interpretación del Gobierno Mexicano respecto al Pacto de San José, del 22 de noviembre de 1969, que indica que no es una obligación el regular la penalización del aborto.

La esposa del mandatario también se metió en la controversia al pronunciarse por la defensa de la vida desde la concepción, bajo el argumento de que, según su experiencia como mujer y como abogada, los derechos de mujeres no anulan los otros derechos.

Así, lo que tuvo que haber sido un litigio racional y científico se trastocó en una porfía político-ideológica impulsada por el Ejecutivo, lo cual acabó en una lesión grave a nuestro sistema democrático, pues eso, aquí y en cualquier lugar (y desde Montesquieu), se llama invasión de poderes.

Y no solo desde adentro del país, sino también desde el exterior, si le creemos (y no habría por qué no hacerlo) al obispo de Mexicali, José Isidro Guerrero Macías, quien aseguró ayer que una llamada del Papa Benedicto XVI definió la votación de la Corte.

“Ayer casi perdíamos, pero una llamada del Papa, no sé a quién, no me pregunten, cambió todo. ¡Esa es la iglesia y es el proyecto de Dios! El Papa participó, y hasta el presidente de la República participó en esta ley a favor de la vida”, declaró.
Invasión del Poder Judicial por parte del Ejecutivo, intervención de un Estado extranjero en nuestros asuntos internos…

Y todo, porque el presidente olvidó su papel de mediador en temas, como este del aborto, que polarizan a la sociedad.