Peña y su tolerancia ante la CNTE

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cnte 2Carlos Blanco
Muchos actores de la vida política y económica deben haber cuestionado la decisión del Presidente Peña Nieto de sacar el dictamen de la Ley del servicio profesional docente de la agenda del actual periodo extraordinario de sesiones del Congreso. Lo acusarán de haber cedido a las presiones de los rijosos maestros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación.

Interpretarán como una muestra de debilidad del ejecutivo el que haya diferido el análisis del dictamen horas después de que decenas de activistas de la coordinadora se manifestaron en forma violenta en el interior de las instalaciones de la Cámara de Diputados, golpeando a granaderos e incendiando un vehículo en una de las entradas al estacionamiento del recinto legislativo.

Dirán que si Peña cedió ante las presiones de unos cuantos vándalos, que no irá a pasar con la estratégica reforma energética, de la que se esperan fuertes presiones por parte de las huestes de Andrés Manuel López Obrador.

Podrán decir muchas cosas, pero el hecho de que Peña Nieto demuestre que es tolerante y sensible ante los argumentos ajenos, eso es saludable para la nación, evidencia que tanto la reforma educativa, como la energética, serán producto del consenso, y también como lo mencionó Peña Nieto, resultado de privilegiar las coincidencias.

Aquellos tiempos en que los políticos gobernaban con mano dura, se acabaron. Los mexicanos forman parte de una sociedad más informada, crítica y actuante, que no permitirán el regreso del presidencialismo a ultranza.

Pero además, en el fondo del tratamiento político que el gobierno le ha dado a la reforma educativa y a los actores involucrados en el tema, se aprecian dos posturas al interior del gabinete que buscan influir en las decisiones del principal huésped de la residencia oficial de Los Pinos.

Por un lado se ubican los duros, que se creen propietarios de la verdad absoluta y que no requieren de escuchar a los que piensan diferente. Frente a los enfadosos e iluminados tecnócratas se encuentra el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que desde que comenzó la polémica en torno a la reforma educativa, privilegió la táctica de buscar a los dirigentes de la CNTE para escuchar sus reclamos y aportes, e incluso accedió a la propuesta de la coordinadora de realizar nueve foros regionales para recopilar las inquietudes y aportaciones del magisterio simpatizante de la disidencia magisterial.

En forma posterior, los resolutivos de los foros regionales del magisterio simpatizante de la CNTE fueron entregados en el Palacio de Covián, aunque después dichas propuestas no se vieron reflejadas, aunque fuese de manera tenue, en las leyes secundarias que el Ejecutivo turnó ante el Congreso de la Unión.

Mucho se rumoró que las propuestas de la disidencia fueron tiradas al cesto de la basura por los autores intelectuales de las leyes secundarias, sabiendo muy bien que el encargado de la política interna es muy respetuoso de las decisiones que son de la exclusiva competencia de la autoridad educativa.

Como era de esperarse, la disidencia de la CNTE no estuvo de acuerdo con los proyectos de leyes secundarias que fueron entregadas al Congreso de la Unión, y de ahí su decisión de concentrar sus protestas en la ciudad de México.

Ante el crecimiento exponencial de la disidencia magisterial Peña Nieto decidió diferir el dictamen de la ley docente para otro periodo de trabajo en la Cámara de Diputados, con el objeto de rediseñar algunos aspectos de dicha norma con las aportaciones del magisterio disidente e institucional.

Desde luego que también el primer mandatario difiere el análisis de la ley docente, para evitar que las protestas de la disidencia magisterial contaminen el escenario previo al inicio del periodo ordinario de sesiones del Congreso en el que será debatida la madre de todas las reformas, la energética.