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La obesidad también es consecuencia de una deficiente regulación publicitaria

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obesidadCIUDAD DE MÉXICO, 24 de octubre.- Las enfermedades crónicas asociadas con la dieta, la falta de actividad física y el alto consumo de sodio, grasas y azúcares son la principal causa de muerte en México.

Sin embargo, de acuerdo con Simón Barquera Fernández, director del Departamento de Investigación en Política y Programas de Nutrición delInstituto Nacional de Salud Pública (INSP), esto no es sólo consecuencia de un descuido recurrente por parte del individuo, sino también de la deficiente regulación publicitaria y de la venta descontrolada de productos chatarra en las escuelas.

Así, el proceso de modificación de la dieta que a otros países como Estados Unidos le tomó 60 años, en México se llevó a cabo en 30. “De finales de los ochenta a la fecha se incrementó 40% el consumo de refrescos y bebidas azucaradas, mientras que en los últimos diez años se presentó 12% más la ingesta de alimentos refinados y snacks dulces y salados”, explicó el investigador.

Acceso a lo saludable

Si bien hay una responsabilidad individual, toda la discusión se ha centrado en ello, pero ese argumento ya está rebasado”, expuso Barquera Fernández, y aclaró: “el individuo vive en un entorno y si éste está distorsionado, no puede tomar las mejores decisiones”.

Es decir, si una persona tiene la intención de alimentarse adecuadamente pero no hay alternativas, por ejemplo recorre varias tiendas o puestos callejeros sin encontrar una opción saludable, o debe gastar más, cederá y se alimentará con los productos más accesibles.

De tal modo que la modificación en los hábitos alimenticios nacionales se debió a una combinación de factores: una publicidad agresiva escasamente regulada, venta de refrescos y snacks poco saludables en escuelas –lo cual impacta las preferencias de consumo durante la adultez–, mayor cobertura de las redes de alimentos procesados y la inclusión degrasas trans (aquellas que aumentan la perdurabilidad del comestible pero elevan los niveles de colesterol y triglicéridos), señaló el experto.

A esto se suma el crecimiento de la población urbana y los empleos de oficina, que trasformaron los estilos de vida tras volver cotidianas las comidas fuera de casa, que resulta –explicó Barquera Fernández– en “el peor alimento posible” porque los trabajadores buscan invertir poco tiempo y dinero.

El consumo como felicidad

Por su parte, Carola García Calderón denunció, en el número dos de la revista científica “Derecho a Comunicar”, publicado en agosto de 2011 por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, que poco se ha discutido el papel de la publicidad en el incremento de la obesidad y la ingesta de productos con altos contenidos de grasas o azúcares.

Y alertó respecto al peligro de la labor formativa que tienen las campañas enfocadas al sector infantil. “Parten de la misma invitación de los anuncios para jóvenes: vivir lo inmediato, el consumo como estadio feliz que privilegia el placer”.

Por ello, Barquera Fernández manifestó la importancia de modificar las etiquetas de los artículos, ya que, detalló, actualmente presentan datos confusos que generan desinformación en el consumidor promedio acerca de los ingredientes exactos que está ingiriendo.