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De los insultos en Twitter a Zeferino Torreblanca

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zeferino torreblancaRubén Cortés

 El insulto es el nuevo deporte nacional. De la facilidad de insultar en las redes sociales, escalamos un peldaño: la agresión física. El ex gobernador de Guerrero Zeferino Torreblanca, golpeó en un restaurante al periodista de Radio Fórmula Óscar Mario Beteta.

La viabilidad para insultar sin dar la cara provocó que se pierdan las formas y el decoro en una mayoría estridente que asume la vulgaridad como bandera. Porque, para qué dar vueltas, es una vulgaridad que un político le pegue a un periodista.

 

Porque rebaja el nivel de la comunicación: los golpes sustituyen a los argumentos. Beteta y Terreblanca están enfrentados en un proceso judicial porque éste no está de acuerdo con críticas del conductor de En los tiempos de la radio.

 

Entonces, si está en desarrollo una demanda legal, es un ejemplo de la degradación de nuestra cosa pública que precisamente un político sea incapaz de esperar una sentencia y decida aplicar la justicia por sus puños.

 

Llama la atención, además, que el agresor es un político de izquierda, pues milita en el PRD. Sí, cualquier político puede ser agresivo y de todos los partidos lo son, han sido o pueden serlo, pero es la izquierda la que se asume como dueña exclusiva de la justeza y el civismo.

 

Es la izquierda la corriente política que hace suyas la igualdad, la justicia, la preponderancia del Estado, la colaboración entre los ciudadanos, la participación de todos en las causas comunes, la solidaridad y la regulación del comportamiento humano.

 

Sin embargo, un ex gobernador de izquierda no acepta las críticas de un periodista y cuando se lo encuentra en un restaurante, a las seis de la tarde, va a su mesa y le pega en la cara, además de insultarlo, ofenderlo y amenazarlo a gritos.

 

Como también se dicen de “izquierda” la mayoría de quienes trastocan el derecho de todos a expresarse, de informarse y de comentar en las redes sociales, en una danza vulgar y autocomplaciente de denuestos en contra de quienes no piensan igual.

 

Pero no se expresan ni comentan con ideas, altura cultural o integridad intelectual, pues no están obligados a pensar o razonar, a presentar hechos y datos para escribir mensajes de 140 caracteres: es más fácil insultar. Y si es desde el anonimato, mejor.

 

Lo colige con contundencia el periodista italiano Roberto Saviano al asegurar que “insultar en las redes sociales no es libertad de expresión, sino una manera de difamar de gente que se nutre, como parásitos, de la fama de los demás y no construye una sociedad más sincera, sino peor”.

 

En México, ese proceso de degradación va en caída libre.

 

La agresión de Torreblanca a Beteta es un ejemplo.