Liberar al DF del lumpen bejaranista

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bejaranoRubén Cortés

 René Bejarano cometió un error de juicio y otro de cálculo que, si en México “el poder” sigue siendo “el poder”, no tiene manera de enmendar: hizo una afrenta al Jefe de Gobierno del DF, al invitarlo a un acto organizado por él y hacer que 20 mil acarreados lo abuchearan.

¿El error de juicio?:

–Demostró tener una bajísima estima política y personal de Miguel Mancera: puede hacerle lo que quiera, pues carece del nervio suficiente para enfrentar su poder como líder máximo de la red lumpen que controla las calles del DF.

 

¿El error de cálculo?

 

–Lo hizo el domingo, tres días después de la mayor derrota de la política de callejón en el país: el jueves había sido aprobada la reforma energética, pese a insultos, golpes y escupitajos de legisladores de izquierda.

 

La “madre de todas las batallas” (que sería “protagonizada” por “todo el pueblo”) acabó en unas decenas de ancianos movidos por Morena frente al Senado, y unas caminatitas de perredistas por Reforma.

 

Bejarano no entendió la lección. Con el pretexto del informe como senadora de su esposa, Dolores Padierna, llevó 20 mil seguidores a la Arena Ciudad de México para que cuando Mancera tomara el micrófono lo abuchearan: sólo pudo hablar 37 segundos.

 

¿Para qué lo hizo? Para demostrar que Mancera tendrá el poder democrático en el DF, pero él tiene el poder de facto, producto del control de una red lumpen convertida en la “base social” de la izquierda.

 

Pero le puede costar más caro salir de esta, que lo que le costó superar aparecer en TV recibiendo fajos de dólares como soborno. A fin de cuentas somos el lugar 106 de 177 países en el Índice de Percepción de la Corrupción 2013 de Transparencia Internacional.

 

La política es el arte de poder. Puede tratarse de un poder democrático, pero se sigue tratando del poder. El DF vive una diarquía: por un lado, el poder legítimo;  por el otro, el corporativo de Bejarano.

 

Y Bejarano, quiere doblegar al poder democrático representado por Mancera. Por eso, tras la rechifla, dio “vivas a Mancera”. ¿Cuál fue su mensaje?: “Te repudian, pero yo lo controlo”. Política de callejón.

 

Pero Mancera tiene consigo a una ciudadanía cansada de la extorsión permanente del lumpen bejaranista, que en el contexto de un México reformista, resulta un anacronismo con pies de barro.

 

Pero Mancera va a crecer definitivamente cuando doble a su enemigo principal: el bejaranismo.

 

Y destruya la diarquía existente ahora. Porque sólo debe prevalecer su fuerza: un poder democrático, que es el de un político ciudadano, decente y con futuro.

 

Miguel Mancera debe liberar del bejaranismo a la ciudad de México.

 

Sólo así él también será libre.