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Crimea: la vuelta del imperio ruso

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Crimea: la vuelta del imperio rusoRubén Cortés

 

Hitler, pésimo estratega, perdió la II Guerra Mundial cuando entró a Ucrania en 1941 como ocupante, y no como liberador. Los ucranianos odiaban a Stalin desde que les mató a 10 millones por no someterse a la socialización de la tierra en 1931.

 

Los ucranianos se le habrían unido, pero Hitler fue peor que Stalin: sólo en Babi Yar les ejecutó a medio millón. Aún así, cientos de miles se le unieron, liderados por los generales cosacos Piotr Krasnov y Andréi Shkuró.

 

Eliseo Alberto escribe en Informe contra mí mismo (Alfaguara 1998) que la historia es una gata que siempre cae boca arriba. La invasión de facto de Rusia a Crimea, este fin de semana, le da la razón: es la vuelta del imperio ruso para recoger los que sembró.

 

Como a Ucrania, Stalin (1922-52), Jrushchov (1952-64), Brézhnev (1964-82), Andrópov (1982-84) y Chernenko (1984-85), llenaron Crimea y Ucrania de rusos en sustitución de los millones de originarios tártaros y cosacos que mataron o deportaron.

 

Son quienes hoy apoyan a las tropas de Putin, al considerar Crimea tierra rusa: allí nacieron ellos y sus abuelos y dejaron de serlo oficialmente cuando en 1994 les dieron un desdibujado status de República Autónoma asociada a Ucrania.

 

¿Cuáles son los escenarios que siguen?:

 

1.- Putin ahora mide a Obama, que por primera vez está obligado a portarse como Presidente de  una superpotencia y no como quien huyó de Iraq.

 

2.- Putin dejará las tropas hasta que la mayoría rusa decida en referéndum si pertenece a Ucrania o a la madre patria rusa como Protectorado, estilo Abjazia y Osetia del Sur.

 

3.- Putin exigirá a la Ucrania pro Occidente garantías para su población rusohablante. A cambio, le permitirá pertenecer a Occidente integrándose a Europa.

 

¿Habrá guerra? No: con la de Iraq acabaron por un tiempo largo todas las guerras de alto impacto.

 

Obama no es un Presidente para tiempos de conflictos, carece del sentido de la historia americana y no es un patriota duro estilo Truman, Nixon o Reagan. Putin sí sabe que Rusia y la URSS fueron imperio y elegirá lo que cree “justicia histórica” de recuperar Crimea.

 

Además, Obama tiene en contra que la buena vida ha convertido en pacifistas a la mayoría de los estadounidenses, mientras que según las encuestas, para la mayoría de los ciudadanos rusos Crimea es tierra rusa, así ha sido y así habrá de ser.

 

Putin pagará el costo de enemistarse un tiempo con Washington, Europa y  Ucrania y perder los enormes intereses económicos que tiene en los tres.

Ese es el punto que decidirá el contencioso de Crimea: Putin sabe de dónde viene y por eso sabe adónde va.

 

Obama no sabe ni una ni otra.