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Ya me cansé

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Rubén Cortés

Un político nunca debe subestimar el poder de la solidaridad pública. El Procurador General de la República lo hizo con su frase  “Ya me cansé”, con la que cerró su informe de cómo los cuerpos de los 43 normalistas fueron calcinados en un basurero.

La frase causó inmensa indignación entre los mexicanos y se convirtió en Trending Topic mundial en Twitter y en el video colgado en YouTube, #YaMeCansé1. Con un “Ya me cansé” terminó y con el hashtag #YaMeCansé le contestaron.

Fue lamentable porque Jesús Murillo ofreció una de las mejores conferencias que se recuerdan en el país sobre el tema criminal: prolija y estructurada. Pero resultó un acto fallido, porque pareció que, en su inconsciente, no tiene cercanía con las víctimas.

Dedicó 42 días a la pesquisa antes de informar los resultados, que pormenorizó, admitiendo el enorme dolor que produciría en los familiares. Y tuvo el cuidado de no confirmar que los restos fueran de los jóvenes, sin pruebas genéticas que verifiquen la identidad.

Sin embargo, su “Ya me cansé” demostró que olvidó lo que el manual de las crisis indica: no se puede actuar con espontaneidad, sino de manera racional, medida y controlada.

En una crisis la improvisación es fatal. Un político del nivel de un Procurador General de la República no puede improvisar, porque paga precios muy altos y los factura por default a su jefe, el Presidente, quien sí ha transmitido cercanía con el dolor de los familiares de los estudiantes.

Pero el “Ya me cansé” puede tener otra lectura: Murillo Karam pareció un funcionario de otra época al soltar la frase a micrófono abierto, un político anterior a la era digital, en la que no había redes sociales y la libertad de expresión estaba contenida.

Y al decirla después de admitir “el enorme dolor” que produciría su información en los familiares y, además que agotaría todas las posibilidades que permitan identificar los restos encontrados, por lo que “se seguirán considerando como desaparecidos a los estudiantes”.

Dentro de su acto fallido, en su actitud y en su lenguaje, lo que demostró el Procurador es que, aun siendo el funcionario de más alto nivel dedicado abiertamente a la pesquisa, parece no entender:

–Que el caso de los estudiantes de Ayotzinapa no es únicamente un asunto policial.

–Que también es un asunto político, por tratarse de estudiantes procedentes de una escuela con fuerte arraigo en la lucha armada y en las reivindicaciones sociales del país.

–Que el caso ha provocado una movilización social, con muchos intereses contrarios al gobierno federal.

En este contexto, el Procurador debe saber que, por sobre todas las cosas, él es nuestra última línea ante los criminales.

Y no se puede cansar.