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Eres de derecha y conservador

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Rubén Cortés

El perredista Jesús Ortega le gritó al panista Javier Lozano que México necesita un Estado fuerte que intervenga y regule la economía para que tenga suficientes ingresos.

Lozano respondió que, en esa lógica, la Reforma Fiscal (que impulsó Ortega desde el Pacto por México) aumentó los ingresos del Estado, pero hay dos millones más de pobres y 700 mil personas en el mercado informal.

¿Qué respondió Ortega?: “Eres de derecha y conservador”.

Sucedió en el noticiero radial de Joaquín López Dóriga (http://www.lopezdoriga.com/lopez-doriga-tv/debate-entre-javier-lozano-y-jesus-ortega/) y resultó gratificante que aceptaran polemizar, cuando otros políticos cancelan el debate nacional con agresiones verbales.

Sin embargo, Ortega, superado por un polemista brillante e informado como Lozano, se defendió sólo a bramidos y con lo que él considera que es un defecto de Lozano: “Eres de derecha y conservador”.

Bueno, y si alguien es de derecha y conservador qué. ¿Autodenominarse de “izquierda” convierte a alguien en mejor ser humano? No sólo Ortega piensa así. Hoy, decirse “de izquierda” o “activista” es considerado un atributo de santidad.

En los días del surgimiento del movimiento juvenil #YoSoy132, uno de sus líderes, Saúl Alvídrez Ruíz, explicó así su pertenencia a la “izquierda”:

Esto es lo que es güey, porque yo soy de izquierda, güey, y empecé trabajando güey, por equis razones del destino que luego te platicaré güey, en México, ahora o nunca. Yo era como la voz joven de ese colectivo donde está Jenaro Villamil, el de Proceso, Epigmenio Ibarra, Virgilio Caballero, Anabel Hernández, Alfredo Jalife, o sea los güeyes más vergas de este país güey, que, güey no van a estar jamás con Televisa o con TV Azteca porque son muy vergas y esos güeyes no van aguantar que les digan qué decir, güey”.

En su debate con Lozano, Ortega tampoco termina de explicar su “progresismo”, salvo que entienda por ello que “se necesita un Estado fuerte que intervenga y regule la economía”. Si es eso, entonces es difícil coincidir con él.

Porque la URSS era un Estado fuerte. Como lo son Cuba, Venezuela o Nicaragua. En la URSS, las hambrunas mataron a ocho millones de 1921 a 1933. Y en Nicaragua, el gobierno acaba de llamar a comer iguanas para enfrentar el hambre.

Venezuela raciona el arroz, aceite, carne, lenteja y harina, pese a tener las mayores reservas de crudo del planeta. Cuba mantiene desde 1962 una cartilla para vender por familia (cuando hay) 2 kilos de arroz, medio de chícharos, un cuarto de aceite, 5 huevos y 5 onzas de café…

El Estado debe ser fuerte, pero nunca quitar la economía a los ciudadanos, exigirles más impuestos y “gastar poco, tarde y mal”.

En eso, Lozano está en lo cierto.

Y Ortega es un pro-soviético trasnochado.