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Exoneración de Peña: con cuchara sopera

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Ah Muán Iruegas

La exoneración del presidente salido del PRI, Enrique Peña, por parte del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, es la más reciente muestra de la insalubre subcultura priista. Pero no es la única. Un día antes fue electo sin competencia alguna a la presidencia del PRI, un fósil de la era de los dinosaurios: Manlio Fabio Beltrones.

Si no les avergüenza a ustedes mismos, los priistas, la ridiculez de elegir como “candidato único” a Beltrones… ¿entonces por qué programaron “perdonarle la vida” al Presidente un día después? ¿no fue uno de sus “spins” o giros mediáticos para que no se vieran bien sus propias vergüenzas del día anterior?

La subcultura del PRI merece tal nombre, pues en esencia pervierte el sentido de la ley y sólo cumple con las formas de la norma -y no con su contenido. Virgilio Andrade pretende exculpar al presidente, a la primera dama y al secretario de Hacienda Luis Videgaray, cuando de su mismo discursillo se desprende que no tiene capacidad él mismo para hacerlo realmente.

Virgilio Andrade sólo puede indagar pillerías a nivel federal. De manera que si el presidente, su señora esposa y sus señores secretarios, robaron cuando no eran funcionarios federales, entonces la exoneración no es válida -en ese nivel-. Pero nos quieren hacer creer que con el teatro de Virgilio, Peña, su esposa y su secretario Videgaray son… ¡Los Inocentes!

Por lo cual, podemos estar de acuerdo en que, en términos científicos, lo que está haciendo el empleado de Peña y secretario de la Función Pública, es darle al pueblo de México una verdadera ración de miasmas. Pero con cuchara.

Tan exquisito giro del lenguaje no es fruto de mi propia imaginación. Fue la magnífica escritora colombiana Laura Restrepo, quien en su novela “La Isla de la Pasión”, narra cómo a un militar de nuestro país, el Ejército mexicano lo humilló y lo dañó de tal manera que lleva a la artista a decir que al soldado le dieron “mierda con cuchara sopera”.

El tamaño de la cuchara priista aún no lo tengo claro. Pero es igual de humillante y dañino para los mexicanos, para la democracia y para la salud del país, que el informe exculpatorio del señor Virgilio Andrade, hace tres días.

Una segunda ración nauseabunda se la dio a México el señor Manlio Fabio Beltrones.

Anclado en el siglo XX, como un José López Portillo resucitado, el Presidente del PRI Manlio Fabio Beltrones ascendió al firmamento priista como una virgen. Sola, sin competencia, ni debate y sólo acompañada por el dedo del presidente Peña. Es decir, tan pre-democrático el PRI como siempre…

El patetismo de la escena del señor Beltrones, un candidato sin opositores ni competencia alguna, se completó con la inolvidable burla del secretario de la Función Pública exonerando a su propio jefe, a su esposa y a sus amigos del ITAM. El grupo peñista de esa escuela son Videgaray, Meade y el orgullo de su alma mater: Virgilio Andrade. (Esa casa de estudios tiene otro orgullo: la señora Sota, también acusada y perdonada, pero de la presidencia de Calderón).

Virgilio interpretó, como un pianista de la Zona Rosa, piezas conocidas por el público, terminando con “La Patética”, pero de Beltrones. No la de Beethoven, sino otra más patética.

Patética es la canción del priista. Yo no se por qué esa gente -los priistas- siempre acaban en tragedia. Sus inolvidables canciones son: ya nos saquearon, el peso se devaluó, el Ejército mexicano ya le está disparando a sus propios ciudadanos otra vez -como siempre termina haciendo el ejército priista. Además de que -dicen- el presidente y su esposa no se cuántos dineros aparecieron y desaparecieron -todo mientras Virgilio no veía.

El problema con Virgilio es que su argumentación no cubre los huecos en que Peña dejó de ser funcionario para brincar de un puesto a otro. Eso se lo reclamó ya la prensa anglosajona desde la sesión de preguntas de la conferencia de prensa de Andrade. No se qué tanto crucifique el Financial Times a los peñistas en esta ocasión, pero es seguro que cubra el asunto, acaso repitiendo sus propias dudas.

En mi opinión, la más patética de las canciones priistas es la de que “El peso se devaluó otra vez”. Pieza que ya están interpretando los peñistas, en estos precisos momentos. Hagan lo que hagan, los priistas siempre terminan con el peso devaluado. Como su “Jolopo” (José López Portillo), como la devaluación de De la Madrid y luego la de Salinas-Zedillo. Y ahora la devaluación de Peña.

Por una maldición, por desobedecer a sus padres o por alguna otra causa, los priistas, repito, siempre acaban en tragedia. Invariablmente. Si no matan gente indefensa en la Plaza, entonces se endeudan como jugadores de “Baccarat” -y pierden hasta la esposa-como López Portillo. O bien devalúan y se devalúan y nos devalúan los priistas, como Don Miguel de la Madrid. O le meten un tiro en la cabeza a su candidato presidencial…etcétera.

Ese es el lenguaje de los priistas. El del abuso primero, y luego de la violencia política que ellos mismos engendran.

Con la investigación exculpatoria de Virgilio, se han burlado los peñistas de su propio país, de sus propias leyes y de su propia población. No creo que las cosas queden allí. La indignación de la gente ante la patética exoneración de Virgilio fue de una violencia verbal inaudita -en las redes sociales-. De ahí a la violencia política, a la venganza violenta contra los peñistas, por la burla que maquinaron el viernes, no creo que falte mucho.

Se pasaron de listos en esta ocasión. Abusaron de la nobleza del pueblo mexicano -y probablemente de su paciencia-.

Por ello, por esos golpes bajos contra la población mexicana -por lo demás, completamente innecesarios- la ya generalizada violencia de la delincuencia común, puede derivar en violencia política -contra los propios peñistas.

Sencillamente, si quieren protegerse, ya no salgan a la calle “sin disfraz”. Si los ven sueltos, los liquidan -lo haría un buen porcentaje de “tuiteros” que vi el viernes pasado-.

Al respecto, mi consejo sería el siguiente. Abran los peñistas investigaciones de verdad, o se arriesgan a enfrentar posible violencia política -que ustedes mismos están fomentando-.