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Castro recoloca a México en la escena

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Rubén Cortés

La primera visita de Estado de un Presidente cubano a México desde 1960, viernes y sábado pasados, generó los dividendos esperados por cada parte:

–A la tímida, insípida política exterior mexicana, la recolocó como jugadora en la escena regional. La llegada de Raúl Castro se produjo en el único momento de los últimos 56 años en que el mundo se ha tragado de verdad el anzuelo de que Cuba inició una transición.

–A la táctica castrista (consensuada con Washington) de comprar tiempo para que Fidel y Raúl tengan un final biológico sin sobresaltos (oleadas de balseros, hambrunas tipo Norcorea, revueltas), garantiza un valedor certificado por Estados Unidos, por ser México vecino estratégico de ambos.

De hecho, Cuba es el único tema de la geopolítica mundial en el que México muestra cierto interés público: el Presidente criticó el “bloqueo” de Estados Unidos durante la pasada Asamblea General de la ONU, olvidando, sin embargo, el bloqueo de Cuba a los derechos humanos de sus ciudadanos.

En cambio, en la esquina del continente, el régimen autoritario de Venezuela cruzó una línea peligrosísima para el futuro de la democracia en la región, al condenar a 13 años de cárcel al político opositor Leopoldo López en un juicio a puertas cerradas por dar discursos y publicar tuits; y México hizo mutis.

Cuba ha servido a México para lavar la cara, y México paga con creces: dando a Raúl Castro un trato en la liturgia diplomática que jamás dio a su hermano Fidel, sin dudas, más querido aquí y con una impronta real entre millones de mexicanos de las seis generaciones más recientes.

Pero en el plano pragmático a México corresponde el mayor gasto:

–Asumir el papel de cadenero contra miles de cubanos deseosos de usar nuestro territorio para desplazarse hasta Estados Unidos. Quintana Roo por mar; y Chiapas por tierra desde Ecuador (que no les exige visa), son puntos de concentración de éstos, que México regresa por convenio migratorio, y en Cuba son víctimas de exclusión oficial.

–Lanzar un flotador económico a la isla, incentivando a nuestros empresarios a invertir en un país que no respeta legislaciones internacionales en materia económica, y no salda sus deudas. México tuvo que condonarle 500 millones de dólares que La Habana contrajo hace más de 15 años.

En 2013 nuestras exportaciones a Cuba representaron 372 millones de dólares (sólo el uno por ciento el total), las importaciones 14 millones (0.01 por ciento) y el turismo hacia la isla fue de apenas cien mil mexicanos. Cuba no da negocio, caballero.

Pero hoy es a lo que más puede México sacar lustre en política exterior.

Y sólo le cuesta devolver migrantes.

Y hacer promesas económicas.