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Miguel Mancera: un ignorante para Presidente

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El día de ayer, el señor Miguel Mancera, jefe del gobierno de la Ciudad de México, dijo que él “sí quiere” ser presidente de su país. Hoy todos estamos muertos de la emoción, con semejante noticia. Pero el señor Mancera, que según él es “el candidato que México estaba esperando”, ha cometido en su gestión una sarta de tropelías, que de modo somero comentaremos aquí.

El Universal, uno de los diarios más leídos de México -su pagina web ha registrado más de un millón de entradas-, informó el 14 de marzo pasado que se realizaron encuestas en las que tanto el presidente Enrique Peña, como el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Mancera, disminuyeron sus índices de aprobación en 10 y 6 puntos, respectivamente. Pero el disminuído Mancera insiste tercamente en ser “el candidato de la izquierda” (?).

El descenso en las encuestas fue calificado luego en el periódico Excélsior como una “caída escandalosa”. Pero si el señor Mancera no lee las encuestas -o peor, si no las entiende-, entonces no logrará comprender que su candidatura presidencial no es más que una pérdida de tiempo. Tanto para él, como para quienes nos vemos forzados a prestar atención a sus palabras.

En agosto de 2015, la aprobación de Mancera ya era baja, pues se situaba en 37%,  según el diario El Economista. En diciembre del año pasado, la tasa de aprobación bajó a 30%, para alcanzar en marzo de este año la ridícula cifra de 24% -según la encuestadora Buendía y Laredo.

El Partido Acción Nacional (PAN) en voz de su secretario capitalino Héctor Saúl Téllez, hizo al respecto una bombástica afirmación: dijo que la citada evaluación de Mancera es reflejo de una administración “extraña”.

Es realmente novedoso, casi nunca visto, que a un gobierno se le llame “extraño”. Normalmente se les dice que son un grupo de cerdos, ignorantes, pillos y todo lo que ya sabemos que son. Pero a Mancera le dijeron extraño, rarito… Es lo peor que se le puede decir a un político, que siempre trata de identificarse y mezclarse con la masa, con el mismo populacho que en el fondo desprecian. Pero a Mancera lo definen casi como a un extranjero o un personaje de novela de Albert Camús.

Esto tampoco lo percibe don Miguel (no merece el Don, pero en fin…). Miguelito es para mí no sólo alguien diferente de la mayoría de los capitalinos, sino alguien ajeno a ellos. Miguel Mancera es alguien extraño a la capital que gobierna.

Sólo alguien ajeno totalmente a la idiosincracia de los “chilangos” pudo haber ordenado una golpiza en pleno Zócalo de la Ciudad de México, en la marcha a la que acudieron los padres de los 43 trístemente célebres normalistas desaparecidos. Mancera no tuvo el mínimo sentido común para entener que eso era no sólo una canallada, sino una falta total de destreza política. Mancera no tiene talento político alguno, pero es todo un verdugo, un golpeador.

Que Miguel Mancera es un golpeador, se comprueba porque su administración tuvo también la gentileza de mandar golpear también a un grupo de comerciantes ambulante ciegos -repito: mandó golpear a un grupo de ciegos- en la estación del metro “San Antonio Abad” de la capital mexicana. Es por ello que afirmo que Mancera es no sólo un golpeador, sino también un cobarde.

Uno de los problemas que más preocupan a los capitalinos, es la falta de empleo. Al respecto, Mancera sencillamente agrede a los comerciantes más humildes del país, los que se dedican al comercio ambulante. La saña brota de Mancera cuando los agredidos son, no sólo comerciantes, sino además, invidentes.

Por si esto fuera poco, Mancera mostró su desprecio por la ciudadanía de la capital al decretar un alza al precio del Metro, el tren subterráneo, de nada menos que 66%. Estos son los arteros golpes que les daría a todos nuestros compatriotas, si llegara a gobernar el país entero. Por ello, advertimos a todos los mexicanos: cuidado con la ferocidad de Mancera.

Otro de los problemas más sentidos por la población es el aumento de la delincuencia en la capital, en particular el aumento del robo a casa-habitación. Ante lo cual, Mancera basícamente no ha podido hacer nada. Esto, a pesar de que el tema “inseguridad y violencia” es la mayor preocupación de los capitalinos, con un 58%. Le sigue corrupción con 10% y desempleo con 7%; la encuesta se aplicó el 27 de febrero pasado.

Adicionalmente, la delincuencia organizada ha llegado a la capital. Prueba de ello es la aparición de bolsas con restos al parecer humanos en la delegación Tlalpan. Pero ante estas y otras evidencias, Mancera se concreta a repetir como un muñeco de cuerda que “en la capital no hay delincuencia organizada”.

Otro de sus principales errores fue la reciente aprobación del Nuevo Reglamento de Tránsito, que otorga facultades excesivas a la institución peor evaluada del país: la policía. Entre los más distinguidos miembros de la policía, tenemos incluso a secuestradores y extorsionadores. Y ante ello, Mancera dejó a criterio policiaco -si es que tal cosa existe- la aplicación de diversas multas de tráfico.

Lo único que esto comprueba, es que Mancera tiene un don particular para enfurecer a la gente.

Pero Mancera tiene también talento para hacer el ridículo. El más reciente ejemplo de lo anterior, es por desgracia una tragedia. Me refiero a los índices de contaminación de la capital.

Mancera mismo se metió en ese pantano, de modo tragicómico. Primero, extendió a todos los automovilistas con autos viejos -de más de 10 años- los beneficios de un juicio de amparo que concedió la Suprema Corte. Eso generó que cientos de miles de vehículos se inocorporaran al parque vehícular “de sopetón”. A su vez, eso aumentó los índices de gases tóxicos, y eso provocó que se tuviera que hacer más estricto el programa “Hoy No Circula”. El peor problema, es que ni el veto a la circulación de autos parece funcionar, pues la contaminación no baja ni siquiera con el 20% de los autos guardados “en el garage”.

Si Mancera mismo se genera -y nos provoca- problemas que antes no teníamos, no es de extrañarse que el nuevamente escandaloso porcentaje de 81% de los capitalinos consideraban -según El Universal– que los problemas de la ciudad han superado al propio Mancera.

Mancera mismo dijo que “trabaja por metas, no por aplausos”. Pero con el problema del “Hoy no Circula” no consiguió ni sus aplausos, ni sus metas. Y con ello nos pasó a fastidiar al resto de los habitantes de “su ciudad”.

Mancera, un tipo extraño, extraño en su propia ciudad. Ahora, su nueva “meta” es ser presidente. Por el bien de todos -y por su propio bien- lo mejor es que no consiga esa meta.

Todo esto es sólo una incompleta lista del cúmulo de tonteras que ha hecho Miguel Mancera durante su gestión. Faltó analizar el caos con sus “arreglos” de la linea número 12 del Metro capitalino, la persecución política contra el ex alcalde Marcelo Ebrard, así como su propuesta de un risible aumento de un par de pesos al salario mínimo. Debería guardarse esos pesos el señor Mancera y comprase con ellos una goma de mascar. Para eso sirve su aumento: para comprar un chicle.

Señor Mancera: usted no es un político, es usted un burócrata de cuarta. No tiene usted talento político. Usted mismo se genera sus propios problemas. Señor Mancera: dedíquese a otra cosa.