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Presencia feminazi en la UAM-Xochimilco; Por Carlos Arturo Baños Lemoine

  Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

  Apenas la semana pasada, quienes formamos parte de la población estudiantil, administrativa y académica de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, fuimos testigos de un hecho por demás deleznable y oprobioso al interior de nuestra casa de estudios. Un hecho que debe avergonzar a cualquier persona que se precie de ser “universitaria”, porque enloda los parámetros más elementales de la civilidad, la legalidad y la racionalidad.

Cerca del comedor y de la cafetería de nuestro plantel, sobre una vidriera, personas sin rostro, sin nombre y sin apellido instalaron una especie de periódico mural con tintes de chismógrafo de secundaria que, con mucha sorna, la misma comunidad ha llamado el “Muro de los Lamentos”. Se trata de un espacio para que, con base en la ideología feminazi, “las mujeres” (estudiantes o no) puedan “exponer y denunciar” los actos de acoso sexual y demás “actos de violencia” supuestamente cometidos contra ellas.

Y ya saben: pertrechadas en la cobardía que permite el anonimato, algunas “mujeres” se han dado vuelo en hacer duras imputaciones sin prueba alguna contra profesores y administrativos, y otras más se quejan de hechos que, inclusive, no cumplen con los requisitos jurídicos mínimos para poder ser tipificados como “acoso sexual” o como cualquier otro delito similar.

A ver, que quede muy claro: estamos hablando de una institución de educación superior de carácter público y autónomo en donde se están haciendo imputaciones en falso, sin pruebas y desde la vil cobardía del anonimato; imputaciones que pueden llegar a afectar la honra y la dignidad de las personas, que son bienes jurídicos tutelados por nuestras leyes; imputaciones que se están haciendo ante la pasividad de las propias autoridades universitarias.

Además, cabe la posibilidad de que, detrás de esos actos de cobardía, haya varones que se estén haciendo pasar por “mujeres”, o varones que usen a las “mujeres”, para saldar viejas rencillas o para tirarles mierda a los enemigos.

Estas nefastas acusaciones carentes de pruebas idóneas tienen todo el tufo de la ideología feminazi. Una ideología que, de forma fanática, dogmática, inquisitorial y totalitaria, exige la presuposición de que todas las mujeres son “víctimas” por el sólo hecho de ser mujeres, puesto que viven “sometidas y violentadas” dentro de un “sistema patriarcal, misógino, machista, falocrático, androcéntrico y bla bla bla”. Los varones, obviamente, somos los “beneficiarios infames” de ese sistema y tenemos que pagar el precio histórico. Ya saben, las chorradas de siempre.

Por eso, las feminazis (o feministas fanáticas y totalitarias) echan mano del “chantaje” y de la “presión política”, y exigen de la sociedad tratos privilegiados: tenemos que compensarlas por tantos siglos de “opresión sexista” (o de “género”, según la autora de su preferencia). Y uno de los privilegios que exigen es el de poder “saltarse” todos los requisitos y procesos legales, sobre todo en materia penal, con miras a que su sola palabra baste para que se mueva toda la maquinaria judicial a fin de darles la razón en automático.

Su fórmula dogmática es harto sencilla y grotesca, a saber:

Soy mujer + perspectiva de género = tengo la razón siempre, diga lo que diga.

Así de jodido, como lo han leído. Su ideología es una colección funesta de actos de fe. Y quien se oponga a dicha fórmula absurda será condenado, de inmediato, a la hoguera y a la horca por las huestes feminazis. Y su sentencia comenzará así: “Por ser machista y misógino se le condena a bla bla bla”.

Mediante sus acusaciones anónimas, las feminazis evitan que las personas aludidas puedan ejercer la réplica por el mismo medio, o puedan demandarlas por daño moral ante un juzgado. La cobardía ante todo: lanzar la piedra y esconder la mano. Esto es de feminazis. Insultar, escupir, golpear, maldecir, difamar y acusar, como hacen en varias de sus marchas y sus manifestaciones, usando lentes oscuros, capuchas, bufandas, gorras, máscaras, etc., para no ser reconocidas, siguiendo el estilo del Ku Klux Klan. La sociedad está obligada a creerles todo y a acatar hasta sus despóticos dictados, y, además, debemos pedirles perdón por los siguientes mil años.

Debemos entender que detrás del feminazismo hay mujeres que no quieren igualdad, sino venganza y revancha con toques sectarios sustentados en traumas personales. Eso explica que crean que es “normal” y hasta “justo” pasar por encima de la civilidad, la legalidad y la racionalidad más elementales. Por eso proceden como proceden.

A mí, en lo personal, me causó mucho orgullo estar “condenado” por las feminazis en el “Muro de los Lamentos”, y estarlo justo por las críticas agudas y ácidas que les he hecho en múltiples ocasiones. ¿Cómo no criticar estas ideologías totalitarias e irracionales en las aulas que se ajustan al artículo 3º de nuestra Constitución?

Y gracias a sus recientes expresiones inquisitoriales y fascistas, vuelvo a comprobar que las feminazis carecen del más mínimo conocimiento de las bases estructurales de la sociedad moderna. Imagínense ustedes: afirman que yo “induzco al odio contra el súper movimiento feminista” sólo porque critico a este movimiento. ¿Ustedes creen?

O sea, yo exhibo y expongo su falta de rigor científico, sus argumentos deficientes, su ausencia de pruebas fehacientes, su tramposa edición de la realidad y su carencia de lógica… ¡y las feminazis me acusan y condenan por “inducir al odio”!

Por lo demás, el “Muro de los Lamentos” de la UAM-Xochimilco me sirve para demostrar, de nueva cuenta, que el feminazismo es socialmente peligroso. Tiene todo el espíritu censor y represor de la Santa Inquisición, del Comité Central de Salud Pública del Terror francés, de las purgas estalinistas en la Rusia soviética, de la terrorífica SiPo hitleriana, de la Revolución Cultural de la China maoísta, de los procesos de “reeducación” de los Jemeres Rojos en la Camboya de Pol Pot, y de la vigilancia delatora de los Comités de Defensa de la Revolución de la dictadura castrista, sólo por decir algo.

¿Qué sigue? ¿Nos colocarán un sambenito en la entrada del plantel? ¿Quemarán nuestras efigies en público? ¿Incluirán nuestros nombres en una lista negra? ¿Nos obligarán a retractarnos ante un tribunal feminista? ¿Nos torturarán hasta que nos confesemos culpables de “machirulismo”? ¿Nos raparán y tatuarán como escarmiento? ¿Nos obligarán a cavar nuestras propias tumbas?

Quien conozca algo de historia sabrá que los sistemas totalitarios han comenzado justo como lo está haciendo el feminazismo, de allí que este nombre le quede de mil amores: feminazismo. A las cosas, por su nombre.

Y, por cierto, si las feminazis de veras quieren saber lo que significa la “inducción al odio”, que le echen un ojito al famoso Manifiesto SCUM (1967) de la feminista Valerie Solanas (1936-1988), un texto que sigue teniendo influencias en muchas feministas vivas y vigentes, como Sheila Jeffreys y el resto de las feministas que suelen escribir o aparecer en el Radfem Hub.

El Manifiesto SCUM se puede consultar en la siguiente liga:

http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v1/PDFS_1/POLIETICAS6_SCUMMANIFESTO.pdf

Yo, por supuesto, soy anti-feminista. Siempre lo he sido. Al igual que soy anticlerical y anti-socialista: detesto los sistemas dogmáticos y totalitarios. Y tengo rostro, nombre y apellidos, no me escondo, porque no soy cobarde: soy Carlos Arturo Baños Lemoine. Y si algo enseño en las aulas es a pensar con lógica y a sujetarse al rigor de la metodología científica. Mis artículos son públicos. Mi Facebook es público. Mi Twitter es público. Mis ideas son públicas.

Soy muy conocido por defender públicamente las siguientes causas: aborto, eutanasia, suicidio, matrimonio igualitario, diversidad sexual, laicidad, legalización de todas las drogas, armas para la auto-protección y la legítima defensa, regulación correcta del sexo-servicio, economía mixta, política social responsable (no populismo), igualdad real mujeres-hombres (no feminismo), trato digno hacia los animales, Estado mínimo y educación universal en línea, entre otras cosas.

Yo no me escondo en las cloacas. Camino a la luz del día. Me siento orgulloso de ser quien soy.

Para concluir, deseo mencionar a algunas de las mujeres que, con sus ideas y argumentos, desde hace años han nutrido mi anti-feminismo: Louann Brizendine, Janice Fiamengo, Camille Paglia, Lauren Southern, Alison Tieman, Alexandra Blue, Karen Straughan y Christina Hoff Sommers.

Algunas fueron feministas y ya no lo son. Otras lo siguen siendo, pero desde posiciones tan críticas al feminismo, que muchas de sus ex compañeras de banca hasta las abominan. Y, otras, siempre se han declarado anti-feministas o post-feministas.

No hay semana que no lea algo de ellas en Internet. Son mujeres muy interesantes, se las recomiendo ampliamente. Y ojalá que mis malquerientes lean un poco de ellas, para que de vez en cuando se vayan de espaldas.

Por cierto, estas líneas las estoy escribiendo el día 07 de junio, Día de la Libertad de Expresión. Así que no hay mejor manera de celebrar este día que escribiendo unas líneas en contra del feminazismo, esa maloliente mitología que pretende que creamos en ella, sólo porque sí.

Por el momento me despido: soy Carlos Arturo Baños Lemoine y son anti-feminista, por si todavía lo dudaban.