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Ya la violencia salpicó a AMLO

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Los seis muertos y 108 heridos provocados ayer por la CNTE en Oaxaca vuelven a mezclar a AMLO con el radicalismo, del que se separó en 2012 con su campaña de la República Amorosa, para despojarse del cariz violento que le dejó el plantón de Reforma.

Previo a las elecciones del 5 de junio, AMLO pasó de puntillas sobre la polémica de su aliada política, la Arquidiócesis, contra la propuesta presidencial para legalizar matrimonios y adopción entre personas del mismo sexo.

Para AMLO el matrimonio gay es “algo no muy importante” y la Arquidiócesis cree que él “es muy conservador y defiende los valores de una sociedad sana y correcta”. Así que AMLO le dejó el gasto político de enfrentar la iniciativa de Los Pinos.

Y la Arquidiócesis hasta se apropió de la derrota del PRI (en siete de 12 gubernaturas), Morena pasó a ser tercera fuerza electoral, desplazando al PRD (un millón 706 mil 952 sufragios por 457 mil 486) y AMLO atravesó el lodo sin ensuciarse.

La Arquidiócesis hasta advirtió que “continuaremos con la línea del ‘costo político’ en procesos electorales si insiste el PRI en no tomar en cuenta nuestra postura”. El genio de AMLO tuvo recompensa: él se llevó la tajada y la Iglesia el encontronazo con Los Pinos.

Pero hace una semana asumió la defensa legal del apresado Rubén Núñez, impopular y violento líder de la CNTE, quien en tres años acumuló 132 millones de pesos mediante lavado de dinero y sus paros de clases provocaron que Oaxaca necesite 33 años para equiparar su nivel educativo al de la CDMX.

Y ayer los seguidores del defendido de AMLO tomaron Oaxaca, se enfrentaron a la policía y provocaron seis muertos y 108 heridos en Nochixtlán, además de la muerte del periodista Elpidio Ramos, en Juchitán, quien había escrito reportajes críticos contra la CNTE.

La primera línea de investigación que sigue la Fiscalía de Oaxaca por el asesinato del reportero de El Sur es por amenazas de la CNTE, pues capturó imágenes de maestros durante los disturbios que se han registrado en Juchitán.

Mal negocio, pues, para AMLO, aliarse al grupo insurgente urbano más violento del país. Debería recordar que para las elecciones de 2012 debió pasar aceite para quitarse de encima la sombra del plantón de Reforma en 2006.  

Entonces le funcionó La República Amorosa: “Extiendo mi mano franca a todos, no odio, no soy hombre de resentimientos, perdono a todos”. Y terminó en segundo lugar de la elección presidencial con 15, 896,999 votos, por 19, 226, 784 de Enrique Peña.

Ya AMLO olvidó el amor y vuelve a decantarse por la violencia.

Pero es un tipo con suerte:

La gente también olvida rápido.