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Salto mortal del Presidente

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Por Rubén Cortés

El mejor elogio al Presidente por su encuentro con Trump vino de la crítica que le hizo su ex embajador en Washington:

Nadie como Trump ha puesto en tal nivel de peligro la relación de México y EEUU en los últimos 50 años. Lamento profundamente la invitación”, colgó en Twitter Miguel Basáñez, a quien corrió del cargo en abril.

Bueno, señor mío, si peligra la relación con el socio comercial con que se intercambia un millón de dólares por minuto, la primera obligación del Presidente es arreglar ese asunto.

Ya se sabe, pues, por qué Basáñez duró siete meses como embajador: no tiene idea de que en democracia, a los enemigos se les combate con diplomacia.

El encuentro tiene, entre innúmeras, otras dos lecturas sobre las que vale la pena hacer una disección:

1.- Era indicado porque se trató de un posicionamiento del Presidente a favor de la defensa y respeto a todos los mexicanos, en México o fuera de México. En términos de diplomacia, hizo lo correcto.

2.-Pasó por encima del sentimiento de agravio y desprecio de los mexicanos hacia Trump, quien los ha llamado violadores, criminales y transmisores de enfermedades contagiosas, que el TLC es el peor tratado comercial de la historia y que levantará un muro en la frontera.

Si el Presidente no conseguía una disculpa pública de Trump, su jugada diplomática sería observada como un fracaso porque, aunque él lo invitó, no fue bienvenido por quienes repudian su discurso de odio.

En ese sentido no se puede jugar con las palabras: Trump se fue sin disculparse y diciendo que va a construir el muro si llega a la Casa Blanca, aunque acepta negociar quién lo va a pagar. Peor aún: de vuelta en Estados Unidos aseguró que México pagará 100 por ciento del muro.

Pero la sola visita de Trump dio razón al Presidente en que se puede estar en desacuerdo en diversos temas, pero su presencia demostró coincidencias y Trump matizó su discurso de odio, admitió respetar a los mexicanos como personas “realmente impresionantes”.

También reconoció el abono de Estados Unidos a la delincuencia en México por su fomento al tráfico de armas y de personas a niveles de “desastre humanitario”; no habló de cancelar el TLC, sino de “mejorarlo” y que la migración no es sólo de mexicanos, sino de toda la región.

Invitar a Trump era un salto en el trapecio sin red de protección: el Presidente jamás saldría bien librado en Twitter ni ante la oposición. Sólo le quedaba la conciencia de intentar hacer su trabajo como valedor del respeto de todos los mexicanos.

No te puede ir bien si invitas a tu casa a un chango con una navaja en la mano.