web analytics

El “quilombo” del Mercosur

0
145

La crisis del Mercado Común del Sur (Mercosur) ya ha dado paso a escenas insólitas. Sería difícil creer que la jefa de la diplomacia del Estado venezolano, Delcy Rodríguez, haya llegado al extremo de empujarse con agentes de seguridad que le impidieron el paso hasta una reunión de cancilleres en Buenos Aires, pero así fue: hubo ofensas verbales, empujones, golpes y policías antimotines.

De momento, no se sabía si aquello era un choque entre hinchas del River Plate y el Caracas Football Club o si de verdad era la ministra de Relaciones Exteriores de Venezuela la que estaba en medio de aquel “quilombo”, como le llaman en esta parte del continente a lo que en México se conoce como “desmadre” (para hablar llanamente, esta vez).

La escena completa fue grabada, fotografiada y difundida en Twitter y en todos los medios afines a las fuerzas de izquierda de América del Sur, proyectando en sus mensajes la denuncia de una agresión física contra la ministra de Relaciones Exteriores de Venezuela. Bueno, pues hasta Diego Maradona -cuatísimo de los difuntos expresidente Hugo Chávez, del líder revolucionario Fidel Castro y de los exmandatarios argentinos peronistas, Néstor Kirchner, también finado, y su esposa Cristina Fernández- trinó en solidaridad con Rodríguez.

Otros vieron el zafarrancho como una consecuencia de que la canciller se haya “autoinvitado” a un encuentro de sus pares del Mercosur al que no fue convocada oficialmente Venezuela, en virtud de que oficialmente se encuentra en “cesación de derechos” desde el 2 de diciembre. Y esta situación se debe a que el gobierno y el Poder Legislativo venezolanos no han terminado de asimilar en su legislación interna algunas normas comunes de los países miembros, tanto de carácter comercial como político, obligatorias para ser miembro con voz y voto.

La idea de la “autoinvitación” fue un punto de vista compartido por el gobierno del presidente Mauricio Macri, que de alguna manera tuvo que buscar un argumento para librarse de la representante de Venezuela, que llegó con toda la intención de protestar contra lo que considera un “golpe de Estado” en el Mercosur, puesto que en agosto debió haber asumido la Presidencia Pro Témpore del bloque regional. No asumió el cargo por un acuerdo entre los cuatro países fundadores, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Y la causa de ello es el cambio de signo político en las administraciones argentina y brasileña, que llevan la voz cantante mercosuriana y -en los hechos- no querían ver al presidente Nicolás Maduro hablando en su nombre, denunciado el capitalismo y el imperialismo, cuando les urge el desembarco de inversiones extranjeras y un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (mismo que han discutido desde hace 14 años).

La convocatoria en Buenos Aires se debió a que, desde la cesación de derechos de Venezuela, la presidencia por orden alfabético pasó a Argentina. Hoy le están haciendo la vida de cuadritos a Venezuela, que de por sí ya tiene problemas con su economía. Hace unos años fue Paraguay el patito feo porque el Poder Legislativo destituyó al presidente Fernando Lugo por mal desempeño en sus labores. Y entonces el Mercosur “de izquierda” se volcó contra el exsacerdote jesuita que se había propuesto dar a su país un sistema de justicia social. Y por el mismo tiempo de Cristina Fernández en la presidencia, el gobierno llamado justicialista le cerró la frontera a Uruguay y le puso todo tipo de trabas a la navegación de sus embarcaciones en los ríos de la cuenca del Plata sin que nadie metiera las manos por los uruguayos. Y todo porque había conseguido una fuerte inversión de una productora noruega de celulosa, a la que acusaba –sin fundamento- de contaminar aguas.

Para nadie fue un secreto que Rodríguez llegaría el miércoles 14 a Buenos Aires al lado del canciller boliviano, David Choquehuanca, en busca de una revancha. Horas antes se supo que se presentaría a dialogar con legisladores argentinos que se dicen afines y que daría una conferencia en el Instituto Patria, una entidad política vinculada a la expresidenta Fernández de Kirchner (así se firma aunque se supone de izquierda), que tiene como lema: “pensamiento, acción y trabajo para la inclusión americana” (y ahora sí abarca a Uruguay).

Rodríguez intentó ingresar al Palacio San Martín, la sede protocolaria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, pero ahí fue recibida por una pelotón de agentes de seguridad y un funcionario del protocolo diplomático argentino. Se hicieron rápidamente de palabras. Ella le dijo que eran unos “golpistas” (lo mismo dice del presidente brasileño Michel Temer por la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff) y él, muy cortésmente, le contestó: “pues somos lo que quiera, pero usted, señora, acá no entra”. Y aunque se tardó un rato en seguir su camino, Rodríguez fue llevada finalmente a un salón donde estaban ya dispuestas las banderas de los países del Mercosur, dando gala al escenario donde aparentemente sería el encuentro. La canciller aguardó unos minutos, pero como ninguno de sus pares se acercó al sitio, ella optó por anunciar en Twitter que en medio de la espera, unos empleados se llevaban los lábaros y de paso la estaban dejando colgada.

A Rodríguez, la canciller argentina Susana Malcorra le había advertido horas antes que no iba a poder ingresar a la reunión. Por eso se alió con Choquehuanca para llegar hasta el Palacio de San Martín, dado que Bolivia sí tiene acceso a estos encuentros en su calidad de país en proceso de incorporación al Mercosur.

Las advertencias a Rodríguez no sirvieron de nada. Llegó al punto de la cita, espero inútilmente a ser llamada a la reunión y en algún momento de la aciaga jornada fue recibida por Malcorra en su despacho. Pero no conforme, denunció ante la prensa que fue agredida físicamente y sus portavoces informaron que debió ser atendida por un médico. “Es inconcebible que incluso un policía me haya golpeado. Tengo que denunciarlo porque es inconcebible que cosas como estas estén ocurriendo en Sudamérica”, declaró la canciller, a quien Maduro condecoró el viernes 16 con la Orden del Libertador y calificó al mandatario argentino de “cobarde, oligarca y ladrón”.

Eso pasa en América del Sur y ya no es la primera vez. Por eso, quizá, Macri no perdonó ni la burla, aunque no sabemos si fue respecto a la robusta jefa de su diplomacia o sobre las quejas de Rodríguez. Entre sonrisas, el mandatario argentino dijo: “Pensé que había sido Malcorra la que la golpeó”. Y en pocas palabras resumió la idea de lo que el actual gobierno de Argentina piensa de los antiguos socios del kirchnerismo: “No es para tomarse en serio, empezando porque alguien no puede autoinvitarse cuando no es participado”.