Alianza Cuba-México, en 2017

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A la abogada penalista Haydee Ramos Reyna.

El fallecimiento de Fidel Castro lleva al debate público la cuestión de la conveniencia de que México se aproxime a la isla, o no lo haga. Conocidos “intelectuales de hígado grande” como Jorge Castañeda o Julio Patán, así como “pensadores de garaje” como Ciro Gómez Leyva y Leo Zuckermann, desgarran sus sayas porque el presidente Peña asistió a los funerales del comandante Castro. Se equivocan todos ellos. La visita de Peña a Cuba, fue lo mejor que podía haber hecho.

Las relaciones entre México y Cuba comenzaron a enfriarse desde que la canciller mexicana, Rosario Green, se entrevistó con la disidencia cubana en los años noventa. Luego, llegó el caos a la relación cubano-mexicana con el “affaire Comes y te vas”: un pleito entre Fidel y Vicente Fox, porque el mexicano no quería que el cubano se cruzara con el presidente de los Estados Unidos, George Bush, durante una reunión de la ONU en Monterrey.

Fox, como un crío, fue prácticamente deglutido por las astucias del comandante Castro, un zorro de la política mundial. Castro estuvo en pleitos con armas nucleares “a la mano”, durante la crisis de los misiles, y no se necesitaba ser un genio de la diplomacia para imaginar que Castro también sabría utilizar una simple grabadora. Y que ignoraría, fumando un habano, cualquier acuerdo off the record o toda noción de fair play o juego limpio con Fox, si lo requería. Eso era obvio. El verdadero zorro aquí fue Castro y no Fox (“zorro”, en inglés). La “gallina Fox” fue desplumada por el zorro Castro.

Pero ni Fox, ni mucho menos Castañeda, tienen la estatura ni la importancia de Castro. ”El Comandante” fue un personaje de la historia mundial, mientras que ni Castañeda ni Fox han generado un solo acto de importancia mundial, durante sus breves y muy menores carreras políticas. Por el contrario, ambos protagonizaron una sarta de burradas alrededor del episodio mencionado. Por eso, definitivamente ninguno de los dos pertenece a las “ligas mayores” de la política internacional, mientras sí lo hizo Fidel Castro durante décadas.

A causa de la mencionada reunión de Monterrey, Fox tuvo que telefonear personalmente a Castro y exponerse a las letales tretas del comandante, debido precisamente a que Castañeda, a la sazón canciller de México, había perdido interlocución con los cubanos. Era inservible como canciller, en ese momento. Lo cual, por su parte, evidenciaba sus escasas dotes diplomáticas y una conflictividad a toda prueba. No le dirigían la palabra los cubanos y lo aporrearon cada vez que quisieron. Entonces Fox habló por teléfono a Castro y, como era de esperarse, lo embaucaron al primer intento de igualarse con el comandante.

Ese parece haber sido el problema de Castañeda y Fox. Fueron aporreados por pretender igualarse a un tipo claramente superior a los dos: Fidel Castro. Superior políticamente, pues los hizo pedazos a ambos “con un solo tiro”.

Castañeda alude en sus memorias, que llevan el malogrado título de “Amarres perros”, que el comandante pudo haber recibido ayuda desde México. Supuestamente le habrían “pasado la tarea” a Castro: le habrían hecho llegar a los cubanos las tarjetas de apoyo presidenciales o “Talking Points” de Fox, ya fuese por intermedio de la directora del diario mexicano La Jornada, Carmen Lira, o bien –según insinúa Castañeda- por mi propio padre, Gustavo Iruegas, entonces subsecretario para América Latina en la cancillería mexicana. Nunca he oído una excusa más risible para los fracasos propios, que los de Castañeda en sus memorias. La verdad es que Castro les ganó la partida porque siempre fue superior no solo a Castañeda, sino desde luego a Fox.

Castro tuvo mil yerros, ante todo la violación a los derechos humanos de sus presos políticos y disidentes. Pero fue un protagonista de la Guerra Fría, que había lidiado con John F. Kennedy y con Nikita Jrushchov –entre muchos otros- por lo que no tenía ninguna necesidad de recibir ayuda, sólo para tratar con dos personajes de las ligas infantiles de la política internacional: Fox y Castañeda. Y los hizo trizas a ambos, con una vil grabadora.

Castañeda es un tipo apreciable, como intelectual o escritor. Pero su experiencia de gobierno es casi nula (tuvo sólo un puesto), siendo interpretado uno de sus principales actos de aprendiz de brujo, en materia diplomática, enfrentando junto a Fox a Fidel Castro. Y el referido “numerito” del “Comes y te vas”, es quizá el episodio más ridículo de la historia diplomática de México.

Castro, en mi opinión, no requería ayuda ni de Carmen Lira, ni de mi padre, ni de nadie para lidiar con Fox y Castañeda, porque éstos no eran más que un par de aprendices –como pudimos apreciar.

Sea como sea, Castro a los dos “los hizo nudo”. El problema para México es que en ese nudo quedó atrapada la relación México-Cuba, que no mejoró durante los siguientes años. Sólo hasta que Enrique Peña llegó al poder, se dio un cierto inicial acercamiento entre los Castro y México.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) tuvo una relación privilegiada con los hermanos Castro. Fernando Gutiérrez Barrios, priista, policía político y posteriormente Secretario de Gobernación, liberó nada menos que al Ché Guevara (entre otros) cuando fue detenido junto con varios de sus compañeros en una estación migratoria, en la calle de Miguel Shultz de la capital mexicana. Fidel Castro quedó siempre agradecido con los priistas, por ese gesto.

Hoy la historia entre los Castro y el PRI, puede repetirse. Hay condiciones para un nuevo acercamiento entre México y Cuba. Veamos por qué.

La política exterior de un país debe decidirse con base en intereses, pero en los intereses nacionales. No funciona ningún proyecto de política exterior mexicana, cuando pretende basarse en los intereses o fobias de Jorge Castañeda –y para el caso, de ningún otro. Ni siquiera conviene basarla en valores de liberales genuinos como el citado señor Zuckermann, ni en presuntas buenas intenciones como las del mencionado Patán.

Las violaciones a los derechos humanos han ocurrido en Cuba, en efecto. Pero eso no es razón suficiente para orientar la política exterior de un país. Eso puede servir para echar un discurso o para escribir un artículo -como éste. Pero una política exterior basada en valores y no en intereses, aunque pueda en principio implementarse, a la larga no se sostiene…

El PRI sí defendió el interés nacional cuando llegó en los años sesenta a un entendimiento con el castrismo, pues gracias a eso, Fidel Castro nunca apoyó un movimiento subversivo en México, como sí lo hizo por toda América Latina. A cambio de ello, México apoyó a Cuba a superar su aislamiento internacional. Ambos defendían su interés y fue por eso que el pacto funcionó.

Para México, Cuba puede resultar una suerte de palanca, un punto de apoyo para enfrentarse a los Estados Unidos. Eso fue válido para los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana, que apoyaron a su vez a la Revolución Cubana. Y está siendo válido de nuevo, hoy mismo.

Ambos países convivieron razonablemente bien durante los años sesenta y hasta mediados de los noventa del siglo pasado. Es decir, la política mexicana de cercanía hacia Cuba era una política que sí se sostuvo, pues partía de los intereses nacionales mexicanos. Y cubanos también, pues al contemporizar con México, Cuba superaba relativamente su aislamiento internacional en el plano político -aunque no comercial.

Actualmente, el principal impulsor de esa “visión triangular” de la política mexicana hacia Cuba, es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como oportunamente lo informó El Arsenal. Osorio, hoy por hoy, es el principal aspirante priista a la precandidatura presidencial. De manera que es perfectamente posible –y deseable- que la plataforma electoral del PRI para las próximas elecciones presidenciales, incluya un proyecto de Alianza con Cuba.

Por su parte, el bloqueo comercial estadounidense contra Cuba, llamada “embargo” por los anglosajones, es responsable de gran parte del atraso económico actual de los cubanos. Lo cual lleva, extrañamente, a cierta semejanza con la situación mexicana actual.

Hoy, México es el país latinoamericano que más pronto que tarde, sufrirá los embates y las agresiones comerciales estadounidenses, por cortesía del nuevo presidente de los Estados Unidos. Un “mini-embargo” es parecido a lo que Trump hará con México. De lo cual resultan dos cuestiones que convergen en el mismo punto:

1.Donald Trump ha amenazado a México con causarle problemas comerciales y migratorios, así como construir un muro en nuestra frontera.

2. Donald Trump ha amenazado a Cuba con que si no hace las concesiones qué él estime suficientes, Estados Unidos va a interrumpir su acercamiento con los cubanos.

Por lo tanto, Cuba y México tienen un enemigo común: Donald Trump. Está en el interés nacional mexicano, más allá de cualquier fobia ideológica o personal, un nuevo acercamiento de México con Cuba, para apoyarse mutuamente o enfrentar juntos los previsibles y próximos embates de Mister Trump. Es equivocada la propuesta de Castañeda, Zuckermann y los liberales de alejarse de Cuba “hasta siempre”.

Cierto que Cuba no es precisamente el aliado más fuerte del mundo. Pero los cubanos siempre han sido aguerridos frente a los Estados Unidos –al menos desde que llegó Castro al poder. Y eso es lo que se necesita en estos momentos: resistencia contra Donald Trump. Eso lo garantiza Cuba, aunque desde luego, pueden intentarse también otras alianzas, o complementarse tal vez con los chinos, los japoneses o Angela Merkel…

Es completamente irrelevante en estos momentos, si Cuba es o no una democracia. Es claro que no lo es. Pero la tan sobada democracia liberal ha producido engendros como… Donald Trump. De manera que por favor “no nos quiten el tiempo” los monaguillos de la democracia, con sus admoniciones. La amenaza de Trump es real y hay que agredirlo y combatirlo, por muy democrática que haya sido su elección, su sistema y su país.

Por mi parte, reconozco los yerros y defectos de Castro, aunque no soy ningún anti-castrista. Pero todos los errores en que pudo haber incurrido “el Comandante” no son nada, comparados con la amenaza inminente, real, peligrosísima, que Trump supone para nuestro país.

Entonces, la visita de Enrique Peña a La Habana en estos momentos resulta muy oportuna. En primer lugar, porque lo amerita la muerte de Castro, personaje que tuvo importancia mundial, así como la relación México-Cuba

En segundo lugar, porque si la presencia mexicana en la isla se mantiene y se refuerza, podrá prepararse un progresivo acercamiento y eventualmente alianza defensiva con la isla. Debe promoverse el acercamiento político y diplomático, inicialmente; eso es lo factible. El acercamiento económico es más complejo y demorará bastante. El acercamiento militar no creo que sea aconsejable, al menos en estos momentos. Pero si parecerian deseables acuerdos de cooperacion entre los servicios de inteligencia mexicanos y los cubanos (Cisen y G2) para neutralizar conjuntamente a la CIA y similares

Es por todo ello que el acercamiento mexicano a la isla es deseable y es posible. Puede incluso ser necesario. Y esa necesidad puede ser una real urgencia para México, dependiendo de qué tanto daño le haga al mundo y en particular a nuestro país Donald John Trump, en la presidencia de los Estados Unidos a partir de enero de 2017.