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El mundo a la inversa y las motivaciones del turista sudamericano en México

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En el hemisferio sur, las altas temperaturas del verano entran en un choque simbólico con las imágenes tradicionales de una blanca Navidad y el frío de invierno en el norte. Sudamérica vive sus propios tiempos. Y aunque vive coordinado con el resto del mundo en términos económicos y políticos cotidianos, la vida social y la cultura -sus formas civilizatorias- están marcadas por sus diferencias geográficas.

El último día de 2016, la aguja de los termómetros en Montevideo, Buenos Aires, Sao Paulo y Río de Janeiro no bajó de los 28 grados durante el día y mucha gente se dispuso a celebrar en bermudas la fiesta de año nuevo. A diferencia de lo que ocurre en el norte, como en México, donde las actividades económicas ceden paso al receso de fin de año, en Argentina y Uruguay las oficinas públicas, las universidades, las instituciones privadas mantienen sus puertas abiertas hasta el último día hábil de diciembre, pero una vez que comienza enero, “bajan la cortina” y se van de vacaciones.

Ciudades como Punta del Este, en Uruguay, Porto Alegre, Curitiba y Florianópolis, en Brasil, y Viña del Mar, en Chile, están ahora listas para llenarse de miles turistas argentinos y uruguayos que andan en busca de una buena playa, lejos de las aguas frías del Atlántico Sur y sus corrientes originadas en el Antártico. Los habitantes de Buenos Aires, particularmente, buscan costas al norte del río de La Plata porque los sedimentos que se acumulan en la ribera sur del cauce platense producen lodos poco agradables para los bañistas.

Es por eso que en esta temporada la península de Yucatán se llena de turistas sudamericanos, sobre todo argentinos, que aprovechan paquetes turísticos promovidos en todo tipo de medios electrónicos e impresos. Aunque Cancún es el lugar más conocido, es cada vez más frecuente que Playa del Carmen sea el destino principal de los viajeros, no solo para pasar el verano austral en el norte, sino para celebrar bodas y aniversarios especiales en esta y otras fechas.

Con frecuencia, gente de Montevideo y Buenos Aires cuenta que ha pasado unas vacaciones maravillosas en las playas de Quintana Roo y que ha visitado ruinas mayas, pero nunca falta aquel que aprovechando la conversación con un mexicano dice que tuvo una experiencia desagradable con algún policía o con empleado mal capacitado para brindar servicios al consumidor.

Los casos llegan inclusive hasta la prensa, la última semana del año circuló en Buenos Aires la versión en redes sociales de una joven que denunció un intento de violación en la madrugada del 25 de diciembre en Playa del Carmen. Se trata de una veinteañera de la provincia de Mendoza que se quejó de haber sido ignorada por uniformados cuando llamó al 911 y, más tarde, tratada con desinterés y mala gana en la agencia ministerial donde presentó su acusación (lo que, ella misma aclaró, también puede pasar en Argentina).

Los feminicidios y el acoso a las mujeres jóvenes es un tema cada vez más persistente en los medios argentinos y en los encuentros coloquiales, pero todo indica que no alcanzan las proporciones registradas en ciertos lugares de México. El último año ha sido especialmente notable en este tema. Dos jóvenes argentinas que andaban de “mochilazo” en Ecuador fueron asesinadas en abril pasado y una más fue ultimada el 29 de diciembre de 2015 en Uruguay. En los tres casos, las investigaciones están estancadas. Nadie paga por esos crímenes. Y en el caso de la mendocina agredida en Playa del Carmen, que se libró del ataque gracias a su conocimiento del tae kwon do, la muchacha ya advirtió que no dejará de exigir en la embajada de México en Buenos Aires que las autoridades de Quintana Roo investiguen el caso.

Los hechos que empañan la reputación de los centros vacacionales mexicanos, pese a todo, no merman el interés por hacer turismo allá. Los argentinos duplicaron en 20 años la cantidad de turistas al extranjero, al sumar casi seis millones de viajes en 2015, según cifras publicadas por el Banco Mundial, y buena parte de ellos van a México porque les resulta relativamente más económico y culturalmente atractivo.

Sorprendentemente, Uruguay registró dos millones 600 mil viajes de sus ciudadanos al exterior en 2015, siendo un pequeño país de solo tres millones 300 mil habitantes. Y no es de extrañar que entre los viajeros haya gente de diferentes niveles socioeconómicos, desde un taxista o un pequeño empresario hasta un empleado público, un ganadero, un profesionista o un político, dado que Uruguay -junto con Chile- tiene el más alto nivel de ingreso personal en América Latina.

Los viajes generan un intercambio intenso que se podría medir de muchas maneras, como podrían ser las encuestas. Pero si uno se atiene tan solo a los símbolos, se habría de observar que muchos de los sudamericanos que viajan a la península de Yucatán, a la Ciudad de México o a muchos otros puntos de la República Mexicana, se llevan una grata experiencia, no obstante los avatares o comentarios negativos ocasionales en las redes.

No sólo hay sitios en internet con reseñas de grandes y placenteros periplos por el sureste de México, incluyendo estados como Chiapas y Oaxaca, sino también muchos sombreros, “recuerdos” artesanales e imágenes de la virgen de Guadalupe que adornan automóviles, la estancia de una casa, un bar o un café. Algunos visitantes sudamericanos, al entrar en contacto con un mexicano en estas tierras, lo primero que mencionan en una conversación es la comida mexicana y su variedad. Esto puede ser también un buen indicador de la impronta que deja México y su confirmación está en el hecho de que en los supermercados hay siempre disponible algún producto mexicano, sea una lata de jugo, una “Corona”, un “Gansito”, una salsa de chipotle o, sobre todo, unas tortillas de harina.

Así es que, aunque las estaciones del año, estén a la inversa, el mundo es el mismo. Eso explica porqué el pintor uruguayo José Torres García (1874-1849) pintó a Sudamérica al revés, con la Patagonia hacia arriba, y porqué el primer Festival Cervantino de Montevideo, celebrado en noviembre de 2016, tuvo como símbolo el rostro de cabeza de Miguel de Cervantes Saavedra. Y en temas como el turismo, la justicia y los buenos recuerdos y sabores, lo que es evidente es que los sudamericanos aprecian lo mismo un buen platillo como se quejan y denuncian un maltrato. Lo importante es saber reconocer las diferencias y encontrar los puntos en común, porque al final de cuentas, estamos todos en el mismo continente y las atracciones y los encuentros son mayoritarios.