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Del gasolinazo venezolano al caracazo y de ahí al socialismo del siglo XXI

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En la historia reciente de Venezuela hay un episodio conocido como el Caracazo que comenzó con el anuncio de un aumento de los precios de la gasolina, fue seguido por una serie de protestas pacíficas, primero, y luego por saqueos. Todo eso fue el principio. Hasta ahí es como un espejo en el que se pueden mirar los mexicanos de 2017. Después vendrían otros momentos que hoy tienen en vilo la economía venezolana.

Al caracazo de febrero y marzo de 1989 le siguieron dos intentos de golpe de Estado en 1992. El primero de ellos fue el escenario donde apareció un personaje singular llamado Hugo Chávez Frías. Ocho años más tarde, en diciembre de 1998, gana las elecciones el Movimiento V República (MVR), encabezado por aquel teniente coronel de 44 años. Al año siguiente convocó a la elección de una asamblea constituyente y una nueva carta magna le dio una legitimidad inusitada en el país en décadas, que le permitió postularse y ganar los comicios en dos ocasiones más hasta que murió en marzo de 2013, dejando al país en medio de una crisis de escasez de productos básicos que persiste cinco años después.

Venezuela tiene hoy la gasolina más barata del mundo, históricamente subsidiada por el Estado para que tenga un precio de 0.01 centavos de dólar. En Caracas, los automovilistas pueden llenar un tanque de 30 litros con menos de 0.50 centavos de dólar. Pagan con un billete de baja denominación y dejan el resto como propina para el despachador, que recibe más por su servicio que por la mercancía que expende. En febrero de 2016, por primera vez en 17 años hubo un aumento en el precio del combustible. Pero aún así, el combustible está muy por debajo de lo que pagan los vecinos latinoamericanos en Uruguay (1.57), Brasil (1.17), Chile (1.13), Argentina (1.10) y México (0.84).

La prensa recogió las quejas de la gente de aquellos días diciendo que era mentira que el aumento no impactaría en los bolsillos de la gente y que avivaría el fuego de la ya de por sí escandalosa inflación, que ha destrozado el valor del dinero venezolano. Las explicaciones sobre el subsidio fueron en vano. Desde 2014, el Ministerio de Energía había advertido a los consumidores que la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) subsidiaba con 12 mil millones de dólares anuales el consumo de los automovilistas y de no para la tendencia, la cifra aumentaría a 15 mil millones, lo que ocurrió en 2015.

Venezuela está cumpliendo esta década su primer siglo como país petrolero. El historiador Lorenzo Meyer narra en su libro México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1938) que poco tiempo después de que los petroleros ingleses y americanos habían comenzado a extraer crudo de las costas de Veracruz y Tamaulipas, surgió la noticia de que el lago Maracaibo era literalmente un mar de petróleo y, sin titubeos, todos los planes de exploración y explotación se fueron al país sudamericano, dejando en México pequeñas inversiones que crecieron moderadamente y fueron nacionalizadas en 1938.

Era lógico. Con el tiempo se habría de saber que los venezolanos poseen el 20 por ciento de las reservas petroleras del planeta. A lo largo del siglo XX, entre gobiernos dictatoriales e intentos de democratización del sistema político, la sociedad venezolana alcanzó niveles de prosperidad que les permitió alcanzar niveles de urbanización, comunicaciones, transportes y servicios educativos de primer nivel. En 1974, por la vía electoral llegó a la presidencia uno de los políticos más prominentes del país, Carlos Andrés Pérez, que tras haber vuelto al poder en 1988, pasó finalmente a la historia de manera trágica.

A Pérez se le atribuye el milagro económico venezolano, en alguna medida alentado por dos causas. En primer lugar, por el primer gran auge de los precios del petróleo, derivado del embargo impuesto a Estados Unidos por los productores árabes (enojados por el apoyo que Washington le dio a Israel en una de sus más famosas guerras, la de Yom Kipur, en octubre de 1973, cuando Egipto y Siria se aliaron para tratar de recuperar la península de Sinaí y las montañas de Golán, respectivamente). En segundo lugar, por la decisión presidencial de nacionalizar la industria petrolera y sacar el mayor provecho fiscal de los ingresos por exportaciones petroleras, teniendo como principal cliente a los estadounidenses.

Todo fue gloria para este presidente en su primer mandato, no solo a nivel nacional, sino también en el mundo, promoviendo, al lado de su entonces homólogo mexicano, Luis Echeverría Álvarez, un orden económico internacional más justo y un lugar para los entonces llamados “países del tercer mundo” en las decisiones geopolíticas. Con la cartera rebosante, el gobierno venezolano tuvo el acierto de enviar al extranjero a muchos jóvenes a estudiar en las mejores universidades de Estados Unidos y Europa para ratificar las dimensiones del éxito venezolano, aunque muchos se quedaron a vivir en el extranjero. Pérez coronó su labor presidencial convirtiéndose en vicepresidente de la Internacional Socialista de 1976 a 1992.

Pero junto con los notables ingresos petroleros, Venezuela también se hizo de deudas. Y, como México, entró en la década de 1980 con problemas de caja desesperantes, porque los petroprecios se vinieron abajo. Los gobiernos posteriores de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi implementaron medidas de ajuste al gasto y otras medidas muy conocidas por los mexicanos en la misma época, pero a la larga resultaron insuficientes. Invocado por sus viejas glorias y su estilo estatista, Carlos Andrés Pérez se postuló nuevamente para la presidencia e hizo una campaña en la que su mensaje central fue devolver a los venezolanos “la justicia social”.

Pero prácticamente al día siguiente de su retorno al poder, en febrero de 1989, Pérez anunció la aplicación de una serie de medidas de corrección de las finanzas públicas, austeridad e incremento de los ingresos gubernamentales que incluyó el aumento de 30 por ciento a las gasolinas subsidiadas, es decir, nada qué ver con el discurso “de izquierda” con el que conquistó el voto. ¡Y, oh, desgracia! Durante nueve días, una protesta que activó pacíficamente gente de la clase media terminó en una ola de disturbios y saqueos de tiendas de todo tipo, desde las ferreterías de barrio hasta los supermercados. El gobierno envió a la policía y al ejército a contener ese descontento, que dejó como saldo la muerte de unas 330 personas. Y como pasa generalmente en América Latina, unos dicen que fueron más, pero no precisan cuántos ni quiénes ni cómo, mientras que las autoridades se plantan en una cifra, amparados en datos de fiscalías y jueces.

Carlos Andrés Pérez fue destituido bajo cargos de malversación de recursos públicos y se convirtió así en el primer y único presidente venezolano quitado de su cargo mediante un proceso legal, en 1993, un año antes de la conclusión de su mandato constitucional. Había sobrevivido el intento de golpe de Estado de febrero de 1992 a manos del teniente coronel Hugo Chávez Frías y una a segunda tentativa golpista, a cargo de Hernán Gruber, un contraalmirante de la marina, en noviembre del mismo año.

Librado de la pena carcelaria por la movilización militar que encabezó, Chávez Frías hizo una intensa campaña en 1998 llamando a la reconstrucción total de Venezuela. En los años siguientes, proclamó el “Socialismo del Siglo XXI”, unificó a los grupos políticos que lo apoyaron y fundó en 2008 el Partido Socialista Unido de Venezuela, de manera similar a lo que hizo el Partido Revolucionario Institucional en 1929. Fortalecida su administración por el incremento sin precedentes del precio del barril de petróleo impulsó la economía local con importaciones diversas y muchos subsidios, al tiempo que emprendía lo que se dio en llamar “la diplomacia petrolera”, apoyando a políticos y gobiernos afines como la argentina Cristina Fernández, a quien le ayudó con 400 millones de dólares para su campaña electoral presidencial en 2007. A Cuba le regaló petróleo a cambio de servicios médicos y animó la formación de alianzas políticas regionales que ahora son cosas medio olvidadas. Pero se acabaron los petrodólares y se acabó el nuevo “sueño bolivariano” de Chávez. Y todo comenzó con un gasolinazo. ¿Será ese el espejo en el que se mirarán los mexicanos después de su primera semana de protestas y saqueos en enero de 2017?