web analytics

Élites, libros y música pop de México en Sudamérica

0
686

Cuando el poeta Amado Nervo murió en Montevideo en mayo de 1919, una corbeta de la marina uruguaya llevó sus restos hasta México, recibiendo el saludo y siendo escoltado por naves de Brasil y otros países por donde iba pasando el barco.

Nervo murió en un palacio de arquitectura ecléctica muy de la época, con un toque mixto de art nouveau, art decó y ventanas con arcos de medio punto que evocan el estilo neoclásico. Era uno de los grandes hoteles montevideanos, de cara al río de la Plata, que hace tiempo dejó de alojar visitantes distinguidos y ahora es la sede burocrática del Mercado Común del Sur, el Mercosur.

Los honores a un hombre de letras que en 1918 había sido enviado a representar al gobierno mexicano en calidad de ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, lo que hoy llanamente conocemos con el término de embajador, parece haber sido una muestra de solidaridad de naciones cuya comunicación era tan escasa como elitista.

Tan elitista que solo algunos mexicanos adinerados, diplomáticos, escritores y pintores como David Alfaro Siqueiros llegaban hasta las tierras sudamericanas bañadas por el Atlántico. A mediados de los años 30, José Vasconcelos viajó a Buenos Aires y se encontró con poetas como Carlos Pellicer y Julio Torri, con quienes navegó río arriba por el Paraná para poder llegar hasta las cataratas de Iguazú, según relata el ex secretario de Eduación en sus Notas de viaje a Sudamérica.

Pocos años antes, a finales de la década de los 20, había representado a México en Argentina el embajador Alfonso Reyes, dejando honda huella en jóvenes escritores de entonces como Jorge Luis Borges, quien en una memorable entrevista con el periodista Jacobo Zabludovsky lo recordaba con admiración.

Zabludovsky le preguntó a Borges su impresión de los mexicanos y, palabras más, palabras menos, le contestó que “los mexicanos son gente muy culta…”. El periodista, un poco sorprendido, le cuestionó entonces a qué mexicanos conocía y él le respondió: “Bueno, conozco, por ejemplo, a Alfonso Reyes…”. Zabludovsky pareció estar entonces de acuerdo y sonrió ante tal gesto del más grande de los escritores argentinos, quien públicamente dijo alguna vez que el regiomotano tenía la más notable prosa en lengua española del siglo XX.

Las descripciones de Reyes y Vasconcelos sobre los tiempos que vivieron en esta región del mundo remiten siempre a barcos y largas travesías marítimas. En la segunda mitad del siglo XX, los vuelos comerciales se hicieron cada vez más frecuentes entre las capitales latinoamericanas y los encuentros de artistas e intelectuales se hicieron también menos elitistas.

Los músicos populares se sumaron a esa ola de contactos entre mexicanos y latinoamericanos, con tal intensidad que con frecuencia se anuncian en ciudades sudamericanas espectáculos de artistas como Julieta Venegas, quien dio un concierto en Montevideo, en diciembre de 2016, ya en plena primavera del hemisferio sur. Un año antes, había estado Lila Downs con sus piezas de musica mexicana con un toque pop.

La presencia del arte, la cultura, la gastronomía y las actividades de empresas mexicanas -Bimbo, Elektra, Coppel, Telmex, La Costeña, Jumex, Del Valle- son más constantes en Buenos Aires. En octubre de 2016, tocó la banda de rock Molotov en el famoso Luna Park y cinco meses antes, un contingente de escritores e intelectuales provenientes de Ciudad de México estuvo en la feria del Libro de la metrópoli argentina, que tuvo como invitado especial a las editoriales y gente del mundo cultural e intelectual de la capital mexicana, como Héctor Aguilar Camín y Vicente Quirarte.

Lima tendrá en julio de 2017 a México como país invitado especial en su feria del libro anual, destacando el tema del primer centenario de la Constitución de 1917 y acudiendo a la capital de Perú una amplia representación de editoriales mexicanas.

 

Montevideo, en cambio, se quedará con las ganas. La Cámara Uruguaya del Libro invitó al gobierno de México como invitado especial de la cuadragésima edición de su feria en 2017, modesta, sí, pero relevante en una ciudad donde la gente tiene un notable hábito de lectura.

Una fuente de la asociación empresarial me informó que las autoridades culturales y diplomáticas habían resuelto declinar la invitación por ahora, dejando ir una oportunidad de reafirmar el interés por los libros y los temas mexicanos, evidente en casi cualquier librería de Montevideo.

Sorprende hasta cierto punto -puesto que la tradición editorial mexicana acumula ya muchas décadas- que uno pueda encontrar en los estantes una gama que va desde los breviarios clásicos del Fondo de Cultura Económica hasta la biografía de Carlos Slim, pasando, claro, por las obras de Alfonso Reyes, Octavio Paz y una muy larga lista de escritores, ensayistas mexicanos y obras impresas en México.

A principios de diciembre, la propietaria de una librería de viejo -donde hay verdaderas joyas de la industria editorial iberoamericana, incluidos libros de las legendarias ediciones Botas de Ciudad de México y de la antigua Editorial Porrúa- me decía que hay gente de Montevideo que busca con avidez los libros mexicanos, por su universalidad temática, pero sobre todo, por el legado de su historia, su cultura y sus civilizaciones prehispánicas.

Desafortunadamente, los acontecimientos de delincuencia organizada que empañan la vida de México y la explosiva relación con el presidente Donald Trump expone a los mexicanos como una nación en constante efervescencia y frenesí. Es comprensible que en estos momentos, los consulados en Estados Unidos requieran de fondos para apoyar la defensa de los connacionales indocumentados (y probablemente algunos residentes con todas las de la ley), pero una feria del libro en Montevideo habría sido un excelente medio de acercamiento a una sociedad sudamericana que cada día quiere saber más de México.

Hubiera podido ser una forma más de decir que México, no obstante su intensa e intrincada relación económica con Estados Unidos, no pierde de vista sus nexos latinoamericanos.