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“Violencia machista”: el feminismo es misógino

Por Carlos Arturo Baños Lemoine.

Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

Ayer, la burocracia de la ONU y el lobby feminista conmemoraron el Día Internacional de la Mujer. Los políticos y los medios masivos de comunicación “políticamente correctos” se dieron vuelo con frases hechas y guiones acartonados. Y, obviamente, salieron a las calles las ONGs y las “colectivas” feministas, muchas de las cuales reciben copiosos fondos del erario público y de agencias internacionales.

Por supuesto que la efeméride está cargada de prejuicios, falsedades, absurdos, contradicciones, chantajes y callejones sin salida. No pocas veces se deja sentir la androfobia y la misandria. Se trata de una efeméride que incluso puede llegar a resultar ofensiva para las propias mujeres. No puede ser de otra manera: se trata de una pieza más de la mitología feminista.

Y no les quepa la menor duda: el feminismo es misógino.

Para demoler dicha mitología y exhibir su misoginia, puede resultar muy útil dejar al desnudo una de sus principales inconsistencias lógicas y prácticas, a saber: la que guarda relación con la “violencia machista” en las relaciones de pareja, que ayer fue mencionada hasta la náusea.

Y conviene hacerlo desde la racionalidad más elemental: el sentido común. Sólo armemos las piezas con lógica.

De inicio, debo decirles que para mí no hay mayor acto de respeto hacia las demás personas que considerarlas, por default, como seres racionales y libres. Yo supongo que todas las personas son seres inteligentes y libres… ¡hasta que me demuestren lo contrario!

En mi calidad de individuo, asumo a cabalidad la filosofía de la Ilustración, el espíritu de la Enciclopedia y la esencia del Liberalismo. Asumo a plenitud el proyecto de la Modernidad: ciencia, libre mercado, democracia y laicidad.

Por eso mismo rechazo rotundamente el feminismo, porque se trata de una pésima “teoría” (describe mal y explica peor), y de una práctica política con claros tufos totalitarios.

Hay personas que creen que al apoyar al feminismo están apoyando una causa noble. Pero se confunden, como en su momento lo hicieron los millones de personas que apoyaron al cristianismo, al comunismo, al nazismo y al fascismo, por mencionar sólo algunos de los movimientos que prometieron mucho “paraíso” y ya sabemos en qué terminaron: represiones, calabozos, purgas, inquisiciones, gulags, persecuciones, destierros, policías políticas, “reeducación”, torturas, hostigamientos, campos de concentración, hornos crematorios, deportaciones, etc.

Mucho tenemos que aprender de la historia para ponerle diques, a tiempo, a toda forma de fanatismo y totalitarismo, sea del signo que sea. Esto incluye al feminismo, sobre todo al de la Tercera Ola, que se nutre de las formas más vulgares y caprichosas del subjetivismo porque, finalmente, es producto de lo peor de la filosofía postmoderna.

¿Violencia machista?

Como merolicos, las feministas repiten su guión hasta la saciedad: todo es “violencia machista”. Sólo echan a andar su imaginación. Y para la paranoia no hay límite. Se trata de soltar, y hacerlo de forma teatralizada, todo lo que les llegue a la mente con base en un supuesto a todas luces falso: las mujeres son las víctimas por antonomasia de la historia universal.

Por supuesto que, para hacer “convincente” dicha mentira, las feministas no toman en consideración (“invisibilizan”) la violencia que ejercen las mujeres sobre las propias mujeres (que es muchísima e incluye a las lesbianas), la violencia que ejercen las mujeres sobre los menores (que es muchísima y comienza por sus propios hijos), y la violencia que ejercen sobre los varones (que también es mucha).

Recuerden la clave de todo esto: de la realidad sólo hay que ver lo que conviene para los propósitos de chantaje social y político.

Es pésima una “teoría” que sólo toma de la realidad aquello que se ajusta a sus prejuicios previos. Así es fácil “demostrar” lo que sea. Y así siempre ha procedido el feminismo.

¿Han visto ustedes la violencia que ejercen las mujeres sobre las mujeres mismas en los vagones del Metro de la Ciudad de México que son exclusivos para mujeres? Bien, ése es un micro-laboratorio de lo que sucede a nivel social, a nivel general.

Ni los espacios exclusivos para mujeres son seguros para ellas, simplemente porque la violencia es un fenómeno que incluye a todas las personas, a toda la sociedad, bajo distintas modalidades (siempre cambiantes además). Todos somos víctimas y victimarios, de acuerdo con el escenario que nos toque ocupar en un momento dado. ¿Por qué entonces seguimos reproduciendo ideas estúpidas?

¿Cuánta violencia, y cuántas formas de violencia, entre mujeres ven ustedes todos los días en los lugares que frecuentan?

Ahora pasemos a la “violencia machista”, ésa que según “ejercen los varones sobre las mujeres”, especialmente en las relaciones de pareja. Es una de las partes sustanciales de la “teoría” feminista. Es uno de sus mantras, uno de sus dogmas.

¡Ah, qué cosa tan terrible, incluso puede llegar al homicidio! Y ya saben ustedes: historias de celos, golpes, controles, jalones, insultos, maltratos, chantajes y el bla bla bla de siempre. Para ejemplificar y analizar, pensemos en los casos que nos ofrece el México urbano de nuestros tiempos.

Es claro que, para las personas racionales y libres, debe salir la pregunta incómoda en algún momento: ¿pero qué hace esta tipa “tan santa” al lado de ese tipo “tan patán”?

Déjenme preguntarles algo muy sencillo, de sentido común: ¿cuántos actos de maltrato necesitan experimentar ustedes para romper de tajo una relación? Y podría ser más radical: ¿ustedes comienzan relaciones con personas indeseables o abusivas?

A mí me basta un solo día de mala atención en un restaurante para no pararme en él, al menos por un buen rato. A mí me basta un solo desplante soez de cualquiera persona para mandarla a la chingada, y para poner suficiente distancia con respecto a ella. Es lo lógico, es lo esperable entre personas racionales y libres.

¿Cómo puede entonces una mujer, que se respeta a sí misma, andar con un patán y desear su continua presencia? ¿Cómo puede ser posible que, incluso, tenga hogar e hijos con él?

Suponer que las mujeres no se dan cuenta de la patanería del “macho”, nos llevaría a concluir que las mujeres son imbéciles y esto es misoginia. Yo rechazo esto, claro está. Pensantes y libres por default, ¿lo recuerdan?

Y suponer que las mujeres sí se dan cuenta de la patanería del “macho” y aun así andan con él (o justo por eso andan con él), nos llevaría a concluir que las mujeres son masoquistas y esto también es misoginia.

Todo pensamiento que suponga que las mujeres son imbéciles y/o masoquistas, es misógino. Saquen sus conclusiones al respecto.

¿Qué pasa entonces? ¿Por qué las mujeres se obstinan en colocarse en “situaciones tan riesgosas” todos los días? Porque eso es lo que vemos todos los días: millones de mujeres emparejadas con millones de varones, tratando de mantener su relación a través del tiempo.

¡Ah, es que seguramente las mujeres actúan como perros pavlovianos o ratas watsonianas! ¡Así las domesticó el “patriarcado”!

Pero volveríamos al mismo callejón sin salida de antes: las mujeres son imbéciles y/o se acostumbran al maltrato, a grado tal de que lo reproducen y hasta lo desean.

Sólo los talleres y cursos iluminadores de “perspectiva de género” les pueden abrir los ojos para que se liberen del “yugo machista” y puedan ser felices, ya sea solas, o con algún varón que renuncie a sus “privilegios machistas”, o en un club de “sororidad”, o en una relación lesbiana. ¡Ah, puros lugares paradisíacos y libres de violencia!

Por qué no pensamos en una versión más simple de las cosas, apelando a la Navaja de Occam: como personas que buscan maximizar su disfrute y su seguridad en la vida, mujeres y hombres buscan emparejarse para gozar de la existencia y tratar de armar una agrupación permanente de apoyo mutuo, llamada pareja-familia.

A algunas personas les resulta bien el plan y compartirán papillas en la ancianidad. A otras no les funciona la fórmula, pero son civilizadas y lograrán un buen arreglo de separación. Y a otras no les funciona y terminarán en peleas campales y sangrientas, dentro o fuera de los tribunales, que pueden terminar muy mal.

Buenos y malos cálculos. Oportunidades provechosas o lastimosas. Y los riesgos inherentes a la vida misma.

Y cada quien es responsable de sus planes y decisiones… ¡porque somos seres racionales y libres! ¿Lo recuerdan?

¡Qué fácil es encontrar mejores descripciones y explicaciones de ese fenómeno en vez de colgarnos de la misoginia inherente a todas las sandeces que se dicen en torno a la “violencia machista”!

¿Y qué tendríamos que hacer, entonces, en los casos en los que el “macho” elegido por las propias féminas se ponga loco y violento?

Bueno, primero entender que en esos casos hay un error de origen: haber aceptado como pareja a un patán, a un rufián, a alguien indeseable. Hubo un acto libre sí, pero estúpido. Y eso tiene costos. Quien dice “libertad”, también dice “responsabilidad”: hay que asumir las consecuencias de los propios actos.

Y, después, habría que extremar las medidas de contención y de disuasión (con el apoyo de los juzgados y de la policía), así como agilizar los trámites para que las mujeres en riesgo accedan a los medios idóneos para ejercer la autoprotección y la legítima defensa, si llegado fuera el caso.

Así, pues, mis estimados lectores, ustedes deciden con qué versión se quedan: con la versión del feminismo, basada en una tramposa y misógina narrativa victimista con fines de chantaje social, o con la versión que considera a las personas como seres racionales y libres que, en ocasiones, tendrán que pagar el costo de sus malas decisiones.

Finalmente, no olvidemos que el mal tiene dos extremos: quien pisa a otro y quien se deja pisar. No hay, pues, “violencia machista” sin una “hembra dejada y cómplice” que, en su momento, hará el papel de victimaria o intentará sacar provecho a su condición de “víctima”.

La perversión de la mente humana es infinita.