web analytics

Josefina y el “síndrome de San Pedro”

0
48

Por Francisco Garfias.

Josefina Vázquez Mota es el centro de una campaña de descrédito para quitarle votos en la elección de gobernador en el Estado de México.  

No es casual que  a 69 días de que los mexiquenses vayan a las urnas para elegir al sucesor de Eruviel se haya detonado el escándalo de los 13 millones de pesos que su padre y seis de sus hermanos habrían recibido de empresas fantasma que lavan dinero.

Tampoco que el sesgado hashtag #VazquezCard haya sido trending topic en twitter el día de ayer; o que el senador mexiquense del PRD, Luis Sánchez, haya dicho que los Vázquez Mota “sueñan” con convertirse en el nuevo Grupo Atlacomulco del Estado de México.

Josefina enfrenta no solo una “guerra sucia”, sino lo que panistas, perredistas, morenistas  y otros opositores al PRI  llaman  “una auténtica elección de estado”, para evitar que el último “gran bastión” del tricolor caiga en manos opositoras.

Ella sabía que enfrentaría esa guerra sucia al aceptar la candidatura y aceptó el reto.   

A Vázquez Mota, sin embargo, le entró ayer “el síndrome de San Pedro” en la rueda de prensa que ofreció ayer junto al jefe nacional de su partido, Ricardo Anaya, y  otros distinguidos panistas.

Hasta en tres ocasiones negó saber más de lo que leyó ayer El Universal en su nota principal sobre la investigación derivada de la denuncia que presentó la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP. 

Aclaró, eso sí, que la PGR no tiene nada en contra de su persona.. “La nota no me menciona”, dijo, en un claro deslinde. Luego agrego: “Es una calumnia, una difamación. El que nada debe nada teme”.

Más adelante: “No tengo miedo. Nada, ni nadie me va a detener. Quienes deben de estar preocupados son quienes no se quieren ir. Son los mismos. Se llaman igual. Es el momento de la alternancia”, recalcó.

A Josefina la acompañaba Víctor Hugo Sondón, dirigente del PAN en el Edomex. Al hombre le cedieron el micrófono. Quería darle su raspón a Alberto Bazbaz, jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP. De allí salió la denuncia. 

Lo primero que Sondón hizo fue recordar que Bazbaz fue procurador del Estado de México cuando ocurrió el famoso caso de la niña Paulette. “Su ineficiencia lo llevó a la destitución. Carece de credibilidad. No dejó buenas cuentas”, subrayó.

Era su manera de restar credibilidad  a la denuncia.

* * *

A destiempo reveló el ex presidente Felipe Calderón la reacción del entonces gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, cuando la Marina y el Ejército llegaron a ese estado para liberar a sus habitantes del yugo de los Zetas, cuyos cabecillas, dijo, vivían cómodamente en la entidad.       

Felipe contó que Moreira le habló muy indignado cuando se enteró de la llegada de las fuerzas armadas al Estado para combatir al narco. Le pidió que retirara a los Marinos. “No tienen porque estar aquí. Coahuila no tiene mar”, le dijo.

Otra revelación. Otra campaña. La de su compadre Guillermo Anaya, abanderado del PAN al gobierno Coahuila.

Moreira no tardó en responder. Lo hizo sin miramientos y con otra revelación: la existencia de una carta escrita en el 2006 en la que los gobernadores de entonces reconocían a Calderón como presidente. 

“Que no se haga tarugo. Calderón se robó la presidencia. Se la robó a Andrés Manuel López Obrador en 2006. Yo no firmé aquella carta obsequiosa, nadie de ustedes lo sabía, pero ahí está la carta.

“Ahí está en los archivos, en la hemeroteca; firmaron otros, yo nunca acepté que ese señor fuera el presidente”, dijo el también ex dirigente nacional del PRI.

Y remató con las siguientes lindezas sobre el ex presidente:

“Igual de borracho, igual de ratero, porque se robó la presidencia; igual de usurpador, igual de hocicón, igual de represor, igual de asesino…”

Sin comentarios.

* * *

Fui testigo presencial del reconocimiento que la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México le hizo ayer a Excélsior por sus 100 años de existencia, a instancias del PRD.

Cada fracción fijó postura sobre el Periódico de la Vida Nacional en la sesión solmene que marcó el evento. 

Fueron buenos los posicionamientos, aunque no faltó el estereotipo en los discursos: Scherer el bueno, Regino el malo. 

Don Julio me merece admiración y respeto. Lo dejo bien clarito. Es uno de los grandes del periodismo en México.

Pero en los discursos no escuché el nombre de Regino Díaz Redondo. Ni en la Asamblea, ni en la Cámara de Diputados.

Solo alusiones al “golpe del 76”  que manchó para siempre la trayectoria de este anatemizado hombre que dirigió Excélsior 24 de los 100 años que festejamos.

No tuve la fortuna de trabajar con Scherer. Entré al Periódico de en 1983. Seis años después de que don Julio tuvo que irse. Pero a Regino si lo viví directamente como director.

No solo tenía las debilidades que se le adjudican. Poseía las cualidades que mantuvieron al periódico en primera línea, a pesar de que siempre lo persiguió la sombra de Scherer. 

La mentalidad de Regino distaba mucho de ser parroquial. Tenía la mayor red de corresponsales en el extranjero que cualquier periódico de América Latina. Washington, Paris, Madrid, Moscú, Roma, Bonn, San José, La Habana, Buenos Aires…

Nunca escatimó recursos para cubrir los grandes acontecimientos mundiales.  Donde estaba la nota había un enviado de Excélsior. Así fuese del otro lado del mundo.    

No alcanza el espacio para de decir mucho más. Basta con destacar que sin Regino, la historia de Excélsior no está completa.

FIN.