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México y Venezuela rumbo al 2018

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Por: Dr. Adolfo Laborde.

Los resultados de la 47 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebrada en Cancún, Quintana Roo, México eran predecibles. El consenso de 23 de los 34 votos (países) necesario para que la Organización asumiera una posición en conjunto y condenara lo que sucede en Venezuela era una tarea titánica. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: la mayoría de los países de la Comunidad de Caribe (CARICOM por sus siglas en inglés) no sacrificaría o podrían en riesgo la cooperación que recibe de Venezuela en materia energética. La abstención de la mayoría de los países del Caribe y el voto en contra de algunos así lo denotan, sin embargo, pienso que lo que estaba en juego para México en esta Asamblea iba más allá de una condena. Explico esta idea en dos puntos.

  1. La Cancillería mexicana está haciendo su trabajo, bueno, en términos de operación política partidista se refiere. Aquí se cumple el principio básico que de la política externa es una continuación de la política interna. Enfrentarse con Venezuela, mejor dicho, con los líderes del régimen que la gobierna embona en la lógica de adelantar la discusión sobre los riesgos de un gobierno populista. Por lo menos se pone el tema en la discusión o agenda pública con miras a familiarizar a los electores sobre el tema que nos guste o no, estará presente en los debates entre los candidatos presidenciales y reflejados en las plataformas políticas de algunos partidos políticos.
  2. Si bien es cierto después de la entrada al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) hace más de 23 años, nuestro país dejó a un lado su activismo en América Latina. Esta acción, irresponsable desde mi punto de vista, orilló algunos países en Centroamérica y el Caribe a buscar cooperación. En el mapa aparecieron Brasil primero Venezuela. Eso explica la falta de apoyo caribeño a la iniciativa mexicana con respecto a Venezuela.

El ser un actor global responsable como se establece en las estrategias diplomáticas del gobierno de México se cristaliza en la Alianza del Pacífico, que es un mecanismos comercial pragmático que México firmó con Colombia, Chile y Perú, así como el activismo en la OEA responden a ello. México está de vuelta en la región, sin embargo, habrá resistencias y confrontaciones. Hoy tocó el caso de Venezuela, pero quizá las disputas por el liderazgo regional nos enfrenten con Brasil quien ya se ha tenido algunos roses comerciales.

El liderazgo cuesta y se debe estar dispuesto a las consecuencias del choque de intereses. Además de capital político (alianzas) se necesitan esquemas de cooperación (financiamiento) que afiance dicho liderazgo. Afortunadamente México cuenta con los instrumentos para ello. La Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID) puede contribuir al fortalecimiento de ese, si le podemos llamar así,  “imperialismo cultural mexicano en la región” que tanto ayuda en la diplomacia regional. Otro ejemplo de dicho andamiaje de la diplomacia mexicana es la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) que podría resucitar con el objetivo de atender los problemas migratorios de una gran cantidad de extranjeros que han llegado a México y que seguramente no serán los últimos. Si México quiere retomar ese liderazgo, deberá predicar con el ejemplo y mantener un balance entre los asuntos internos y externos; de otro modo, más casos como el venezolano serán una constante en nuestra relación con la región.