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Somos todos, y cuando se dice todos… es todos

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Por Rubén Cortés.

La avalancha de solidaridad del pueblo es la principal protagonista del terremoto más intenso jamás registrado en la CDMX: el de 1985 tuvo 35 puntos en aceleración de centímetros por segundo; este, 58. La gran imagen de la tragedia no son los muertos ni las otras las víctimas. Es la fraternidad.

El México unido contra el dolor rebasa el impacto de las vidas rotas, los sueños perdidos y los edificios convertidos en polvo. La solidaridad de los capitalinos vivos da la vuelta al mundo, por delante del cataclismo que se llevó a los muertos. Un pueblo muy grande.

Cuando el subsecretario de Marina, Almirante José Luis Vergara, se encargó del rescate en el colegio Enrique Rébsamen (por orden militar suprema), debió explicar a los voluntarios quién era, para que le dejaran poner manos a la obra.

Es imprescindible saber que todo esto responde al excelente funcionamiento de una estructura que va más allá de la solidaridad: incluye una red de protocolos de protección civil establecidos y perfeccionados cada día, desde hace tres décadas.

Estructura en la que ocupan el liderazgo y la capacidad de conducción los instrumentos de gobierno y el trabajo de los funcionarios, dos estamentos devaluados hoy entre la sociedad civil, pero sin los cuales la fraternidad no avanzaría lo que avanza.

Por esos protocolos es que se sabe cómo se debe seguir cada paso, cómo se ingresa a los lugares siniestrados, cómo se desarrollan, cuándo concluyen. Entonces, es pueril el llamado a sacar a los funcionarios de las labores de rescate. Porque, a fin de cuentas, cobran del erario.

Por eso fue denigrante la agresión física de que fue víctima el secretario de Gobernación, Miguel Osorio, al visitar un edificio colapsado en la colonia Obrera antenoche, adonde llegó para cumplir con un trabajo a que lo obliga la Constitución, y por el cual le pagamos con nuestros impuestos.

Es insustancial pretender que una sociedad se puede dirigir sin instituciones gubernamentales, por mucho que en estos tiempos éstas se encuentren en liquidación, jaloneadas por estúpidos como Trump y populistas de teflón como AMLO y Maduro.

Aunque se entiendan criterios como el colgado ayer de la red por Enrique Krauze, pidiendo “un programa de reconstrucción administrado con participación ciudadana de fondos electorales a partidos y aportaciones privadas”. La idea de Krauze es igual a la de AMLO.

Pero también la respuesta a Krauze de otro intelectual liberal, Rodolfo Higareda: “Esperen, todavía los cuerpos de los muertos están calientes, es momento de ayudar. Más tarde, en unos días, no ahora”.

Pero no se puede perder de vista, la presencia del Estado mexicano en su conjunto, al frente de la operación de rescate.

Y está al mando.