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Pelele, señoritingo, títere: sí, cómo cambió AMLO

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Por Rubén Cortés.

El nivel intelectual real de AMLO no es el que crea un hacedor de narcoseries, en la saga de culto a la personalidad norcoreano “Ese soy”. El AMLO real es el cultivador de odios y escaso léxico que recibió así la aparición de un nuevo adversario para 2018: “Meade es un pelele, un señoritingo, un títere”.

AMLO no es el marido arrobado, el noble anciano perseguidor de palomas, el campesino arraigado abrazador de árboles que colorea Epigmenio Ibarra en “Ese soy”, con el mismo talento que convierte a los narcotraficantes en ejemplos a seguir por los jóvenes en sus telenovelas.

AMLO cancela el debate con la ofensa, porque carece de preparación para debatir: tardó tres lustros en acabar una carrera universitaria y por eso no tiene idea de que la palabra “señoritingo” se refiere a “persona joven, de familia acomodada, que se comporta con presunción y altanería”.

Así que, según la definición, “señoritingo” sería su hijo José Ramón quien, aprovechando que su padre era Jefe de Gobierno, se emborrachó y tomó una camioneta del GDF (negra, placas 669KXL) el 19 de mayo de 2001 y la chocó, yendo en contraflujo, en avenida Universidad y Coyoacán.

O su hijo “Andy”, famoso por sus tenis Louis Vuitton de 870 dólares y las fotos en Facebook, paseando en yates con hermosas chicas, en grandes fiestas, fotos en tiendas carísimas de Nueva York, y con una leyenda de perfil que decía “busco amistad, citas, relaciones esporádicas, lo que sea”.

AMLO es un empollador de huevos de serpiente. Al iniciar su pasada campaña presidencial con el eslogan de la República Amorosa, se disculpó por su plantón de 44 días en Reforma. “Ofrezco mi mano franca en señal de amistad; es hora de reconciliarnos, de manera sincera, de corazón”, dijo.

Pero horas después llamó “corrupto” a Enrique Peña, “fraudulenta” a Josefina Vázquez Mota y “falsario” a Eruviel Ávila, “gerentillo” a Felipe Calderón y “empleados de la mafia del poder” a Alejandra Barrales, Miguel Barbosa, Armando Ríos Piter, Benjamín Robles y Fidel Demédecis.

Y “así, de bote pronto, yo llamo aprendiz de mafioso a Ricardo Anaya”, o “cállate, provocador”, a Antonio Tizapa, padre de uno de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, quien le reclamó en Nueva York su amistad con los autores intelectuales de la masacre.

Sin olvidar el “cállese, chachalaca”, al entonces presidente Vicente Fox, el 15 de marzo de 2006.

En la segunda parte de “Ese soy”, la esposa de AMLO le dedica El necio, canción que tararea que “me vienen a convidar a tanta mierda”.

Pues, con sus denostaciones, a eso viene a convidarnos AMLO por tercera vez en dos décadas: “A tanta mierda”.

Como dice la canción de Silvio Rodríguez.