web analytics

Una mujer con pene y barba en los vagones rositas del Metro

Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco

Mientras me echaba unas copitas de whisky en honor a don José José, esto a lo largo del sábado 10 de febrero, comencé a recibir en mi teléfono celular muchos mensajes privados del tipo: “¿Fuiste tú el que hizo un desmadre en el Metro?”, “¿Mandaste a alguien a hacer un experimento social?”, “¿Supiste lo de la mujer con pene que se subió al Metro?”, “¡Pinche Carlos, saliste profeta!” y otros más por el estilo…

No supe bien a bien de qué se trataba el asunto ése hasta que dos ex alumnas y ahora muy queridas amigas mías, Brenda García y Diana Marlory, subieron a mi página de Facebook un video en donde se ve a un muchacho alto y barbón defendiendo su “mujeridad” ante una jauría de mujeres “naturales” o “biológicas” que exigía su expulsión de los vagones exclusivos para mujeres del STC-Metro. Todo esto ante unos policías que no sabían ni qué carajos hacer.

Si no han visto el video, aquí les va, es toda una joya de nuestros tiempos de desorden mental colectivo:

https://www.facebook.com/brenda.casillas.1422409/videos/314916282364192/?fref=nf

Incluso, bien visto el video tendremos que decir que, en el marco de esa escena por demás grotesca y surrealista, muchas mujeres mostraban su molestia ante la “mujer con barba”, mientras otras mostraban total indiferencia y unas pocas se reían del acontecimiento… ¡pero ninguna mujer “natural” o “biológica” mostró “sororidad” ante la pobre “mujer babona”!

Este hecho es una muestra clara de la estupidez y del absurdo que subyacen a esa bazofia mental llamada “ideología de género”, esa colección de ocurrencias, caprichos y ensoñaciones que, en los más recientes lustros, han promovido tanto la mitología feminista como el movimiento LGBTTTIQA (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, Intersexual, Queer y Asexual).

Y, una vez más, queda demostrado que la “ideología de género” es como una serpiente que se muerde su propia cola y comienza a tragarse a sí misma hasta morir.

La “ideología de género” es un monumento al absurdo, a la irracionalidad, a la continua contradicción, a los supuestos falsos, a la utilización sistemática de falacias y sesgos cognitivos, al victimismo y al chantajismo. La “ideología de género” es un insulto faraónico a la inteligencia humana, pues.

Concentrémonos en nuestro caso, o sea, en el caso de la mujer barbona y con pene que defendió su “mujeridad” en el Metro capitalino, en fechas recientes.

Como ustedes bien saben, mis apreciables lectores, el movimiento LGBTTTIQA se ha especializado en la defensa de una estupidez conocida como auto-adscripción identitaria, que, en pocas palabras, significa que uno no es lo que es sino lo que cree ser. Se trata de un subterfugio subjetivista para justificar cualquier desequilibrio mental.

Con base en esa estupidez, hoy en día existen varones que fingen ser mujeres: son las famosas mujeres “trans”, que, en los hechos, son varones que pretenden pasar socialmente como mujeres a través de intervenciones quirúrgicas, tratamientos hormonales y/o convicciones subjetivas, pero en los hechos siguen siendo varones.

Incluso, el lobby LGBTTTIQA ha logrado que ciertas autoridades retrasadas mentales y sin sentido del realismo y de la responsabilidad, como el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, y la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, modifiquen algunos ordenamientos jurídicos a objeto de que ese desequilibrio mental pase por ser un “derecho”.

Por ello, hoy en día los artículos 135 Bis, 135 Ter y 135 Quárter del Código Civil para el Distrito Federal permiten una aberración jurídica tal como la auto-adscripción identitaria, justo en los siguientes términos: “Se entenderá por identidad de género la convicción personal e interna, tal como cada persona se percibe a sí misma, la cual puede corresponder o no, al sexo asignado en el acta primigenia. En ningún caso será requisito acreditar intervención quirúrgica alguna, terapias u otro diagnóstico y/o procedimiento para el reconocimiento de la identidad de género”.

Sí, mis apreciables lectores, leyeron ustedes muy bien. Se trata de una estatua dedicada al subjetivismo más caprichoso posible. Con base en esa porquería pseudo-filosófica y pseudo-jurídica, toda definición es posible, sin importar dato objetivo alguno. El delirio se vuelve norma y el capricho se convierte en ruta de acción.

Yo, por eso, y sólo para joder al universo de lo “políticamente correcto”, y con tal de demostrar la reductio ad absurdum inherente a esa basura mental llamada “ideología de género”, siempre ando diciendo que yo soy una mujer con pene (que en ocasiones se vuelve clítoris), con barba, con senos atrofiados, enana, negra, gorda (tirando a marrana multi-lonjuda), estriada, discapacitada, flácida, pobre, lesbiana, tercermundista, anti-capitalista, peluda, huérfana, sordo-muda, indígena, anoréxica, analfabeta, africana, islámica y violada por Harvey Weinstein, entre otras lindas cosas.

¡Y quien se atreva a criticarme o a deslegitimarme tendrá que cargar con una onerosa condena por parte de la mitología derecho-humanista!

¡Y que quede claro que a mí nadie me gana a escolástico, ni a dialéctico, ni a deconstructivista!

¡Yo soy la divina envuelta en huevo!

Yo he leído toda la basura que alimenta a las mitologías feminista y LGBTTTIQA, así que, en términos coloquiales… ¡me la pelan!

Puedo ser todo un experto del discurso victimista y chantajista que caracteriza a la mitología feminista y al rollito LGBTTTIQA. No lo soy porque mi lógica y mi ética no me lo permiten, salvo para cotorrear y demostrar la imbecilidad inherente a la mitología feminista y al rollito anti-discriminación LGBTTTIQA.

El cuate ése que, con barba y testículos de por medio, se aventó la puntada de gritar a voz en cuello que “es mujer”, reclamando así su sitio dentro de los “vagones rositas” del STC-Metro, es un signo más de nuestros tiempos funestos.

Miren ustedes qué curioso. Hace varias décadas, la mitología feminista logró que el Metro dispusiera de “vagones rositas”, o sea, de vagones exclusivos para “mujeres biológicas”, a fin de que ningún “varón biológico” tuviera oportunidad de acercarse a ellas para manosearlas, acosarlas, hostigarlas, etc.

Ahora, gracias a la basura mental promovida y defendida por las propias feministas (al menos por una buena parte de ellas), las mujeres “trans” pueden subirse a los “vagones rositas” del Metro incluso para importunar y fastidiar a las “mujeres biológicas”. Mujeres contra mujeres, pues.

Y a eso debemos añadir que, de suyo, en los “vagones rositas” pulula la violencia mujer-mujer: ¡ah, qué buenas madrizas se paran las féminas todos los días con tal de ganar un asiento o una esquina!

Los espacios exclusivos para mujeres sólo nos han venido a demostrar, una vez más, que la mayor parte de la violencia que reciben diariamente las mujeres… ¡la reciben de otras mujeres!

Pero esto no lo podemos aceptar porque se cae la mitología feminista. ¿De qué vivirían, entonces, las políticas feministas, las académicas feministas, las activistas feministas, las burócratas feministas y las ONGs feministas?

Concluyamos por esta vez: gracias al aberrante principio de la auto-adscripción identitaria, estúpida banderita de la mitología feminista y del movimiento LGBTTTIQA, cualquiera persona puede asumirse como “mujer” sólo porque sí y, en consecuencia, puede declararse víctima del “machismo”, del “patriarcado” y de la “misoginia”, exigiendo además su correspondiente cúmulo de acciones afirmativas y de cuotas políticas.

Amables lectores: no le busquen lógica a esto. No la tiene. El feminismo y la onda LGBTTTIQA navegan en el mar del absurdo, de la contradicción y de la imbecilidad.

Y más vale que se vayan acostumbrando a tanta estupidez, porque esto va para largo.