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Alguien puede derrotar a AMLO

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Por Ah-Muán Iruegas

A pesar de que las encuestas prevén que “AMLO” gane las elecciones incluso con 45 por ciento de la votación, ya apareció alguien que puede derrotarlo. Y no se trata de Ricardo Anaya.

Esto, debido a que cuando el supuesto niño prodigio de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador o AMLO, estaba sólo a unos pasos de ganar la carrera presidencial, el tipo se ha tropezado con el “tout Mexique”, los selectos, y ahora no es completamente seguro que vaya a ganar.

La semana pasada tuvo lugar un enfrentamiento muy significativo de AMLO con el gran capital, que se ha agudizado enormemente y ahora resulta de pronóstico reservado.

Es verdad que Mister Peje ha estado “desde siempre” peleado contra clase dominante o en la terminología pejista “mafia del poder” –como me señala mi estimado Fernando Trejo–. Pero un análisis más pormenorizado nos lleva a un cambio sustancial, un salto cualitativo en el proceso de dicho pleito. El cual, efectivamente, lleva años de estar ocurriendo.

Sin embargo, AMLO ha tenido durante la campaña una serie de rudezas innecesarias, totalmente inoportunas y equivocadas a mi parecer, que pueden al menos debilitar enormemente su sexenio –en caso de ganar–.

El error de la semana pasada fue tan obvio, que el propio López Obrador se dio cuenta del mismo y el fin de semana trató de echar marcha atrás y de decirles a los empresarios que no, que como creen, que ellos son amigos y “casi hermanos”, etcétera. Pero es imposible que los empresarios le crean semejante cosa, pues entienden perfectamente que AMLO los va a golpear, si gana.

Los propios obradoristas como Agustín Gutiérrez Canet en el diario Milenio, están ahora clamando por un diálogo AMLO-empresarios. Aunque no es fácil que el diálogo tenga lugar pues, repito, AMLO tuvo también la gentileza de cubrir con adjetivos a los empresarios de altos vuelos, ante su petición del manifiesto empresarial de la semana pasada, publicada primero en todos los periódicos nacionales y al día siguiente, en la mayoría de los periódicos de provincia.

El pleito es hasta ahora contra los 40 o 50 personas más ricas de México, pero como veremos más adelante, puede extenderse a todo el empresariado y potencialmente a medio México: los ricos y la clase media.

Ahora bien, el mencionado diálogo pudiera o no ocurrir, pues no estamos hablando de simples ofensas personales, sino de intereses. De todas formas, antes de arrepentirse, el Peje les dijo ladrones, rapaces y el resto de sus acostumbrados epítetos. Pero el manifiesto mencionado es lo más rudo que he escuchado contra el Peje en los últimos años por parte de “la mafia”.

Ya anteriormente, en esta misma campaña, los empresarios cayeron en el anzuelo que AMLO les puso, en ocasión de la pasada polémica por la construcción del aeropuerto entre Slim y AMLO. Pero los empresarios acertaron a descubrir la treta del tabasqueño y le cancelaron una reunión ya pactada.

Como el prodigioso atleta político AMLO ha cometido el infaltable error de la temporada –siempre comete errores graves en sus campañas–, es posible que Don Peje desemboque en el rocambolesco, inopinado escenario de que no gane la elección presidencial.

Hasta el momento, el referido pleito está a nivel de la coyuntura, es decir con efectos para los próximos meses. Pero la elección presidencial –oh, coincidencia– está a menos de dos meses de ocurrir. Es decir, es seguro que este pleito AMLO-empresarios va a influir en el momento de la jornada electoral. ¿Qué tanto? Es imposible saberlo, hasta unos días previos a la elección.

Lo que va a definir si hay o no hay tragedia para AMLO, es la ocurrencia o no de la llamada “fuga de capitales”, que con toda probabilidad puede arreciar a fines de junio próximo.

Pero ocurra o no el pleito, AMLO y los empresarios tienen trayectoria de choque, y tarde o temprano se van a enfrentar. El problema es que, desde la óptica empresarial, es mejor enfrentarse antes que después de las elecciones, con Obrador. Esto es así, pues ahora el Peje aún no gana y por tanto es mucho más vulnerable ahora, pues no puede controlar o influir sobre los instrumentos económicos para medio atenuar o paliar la fuga de capitales (control de cambios, tasas de interés indirectamente, intervenciones varias en el mercado, etcétera). Después de las elecciones y sobre todo después de que hipotéticamente hablando, AMLO tome posesión, el empresariado estará totalmente a la defensiva. Mientras que ahora el campo de batalla económico está más parejo, y los empresarios pueden incluso obtener ganancias –y no solo defender sus “ahorritos”- si cambian “todo” a dólares y se benefician así de una posterior devaluación del peso.

Si los señores Slim y compañía desean iniciar una fuga de capitales, lo pueden hacer en un par de días y si se cooordinan, hasta en unos minutos.

Una fuga de capitales a media campaña presidencial, es algo imposible de ignorar, por todo el electorado. Al que le tocó vivir las antiguas crisis económicas, sabe que eso es una pesadilla de la cual no se puede escapar. Cuando la crisis económica de 1994, cientos de miles de personas quedaron sin empleo en nuestro país.

Una fuga, entonces, daría un impulso imparable a una devaluación del peso que ya ha iniciado. Eso a su vez desencadena de inmediato un proceso inflacionario, al menos por el componente importado de las gasolinas mexicanas y su efecto sobre el traslado de mercancías.

Por su parte, la clase media insatisfecha con la ideología o la rusticidad de AMLO, puede contribuir a la volatilidad si cambia sus ahorros por dólares, como previsiones de una mayor devaluación.

Lo curioso es que todos estos fenómenos económicos ocurrirán si simplemente los sectores medios y altos de la sociedad defienden sus ahorros o sus intereses, y no necesariamente con pretensiones o complot político. La clase baja pudiera incorporarse, pero más bien en el caso de que haya un proceso de dolarización generalizado que, hoy por hoy, se antoja imposible.

Pero la fuga de capitales no es nada imposible. Ya han ocurrido fugas de capitales anteriormente, pero en momentos críticos así como… ahora: es decir, en medio de una campaña presidencial polarizada.

Ahorros o intereses de la clase dominante se verían beneficiados si, por ejemplo, el señor Carlos Slim vende una parte de sus 60 y tantos mil millones de dólares en acciones u otros activos, y los convierte en dólares antes del 1 de julio. Eso es algo sólo en parte fácil de hacer, pues las acciones sí se venderían muy probablemente, pero “lo demás” no con mucha facilidad. Pues ¿cuántos de entre nuestros lectores pueden realmente comprar incluso una “modesta” sucursal de Sanborn´s?

El punto álgido, dentro de este proceso, tiene que ver con la clara “lucha de clases” que parece agudizarse cada día en nuestro país. En particular, con el hecho de que la aristocracia financiera, la clase alta y la media actúen conjuntamente.

Los marxistas hablan siempre de que el proletariado pase de una llamada “clase en sí” a ser clase “para sí” (en alemán, für sich) y así comience a liberarse de sus explotadores. Ello ocurre supuestamente cuando el proletariado logra lo que denominan “conciencia de clase”.

Sin embargo, en México, la clase más consciente no parece ser el proletariado, que ahora se fastidiará más con el encumbramiento en el partido Morena del charrismo sindical, al fortalecer a los sindicalistas Napoleón Gómez Urrutia y Elba Esther Gordillo, esta última en prisión domiciliaria y acusada de varios delitos.

En México, la clase más consciente de sus intereses es la clase dominante y no la clase dominada o proletarios. Esto seguro le causará urticaria a todos los revolucionarios o presuntos guevaristas o guerrilleros y a todos los sindicalistas del país, pero esa es la verdad.

La prueba de que la alta burguesía es la clase más consciente en México, está en que Don Carlos Slim fue el primero que le paró el alto a Don Peje, por la cuestión del aeropuerto y luego todas las organizaciones empresariales de importancia política (Coparmex, CCE, etc.) han respaldado al “jefe” de la clase dominante.

El manifiesto “Así No”, que le dedicó el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (así se llamaba antes) a Mister AMLO la pasada semana, es la prueba palpable de la conciencia de clase de la burguesía mexicana.

Como están mostrando dicha conciencia de sus propios intereses, yo sostengo que los oligarcas mexicanos tienen el potencial para iniciar una suerte de “revolución inversa”, es decir una lucha de los ricos contra los supuestos explotados. Digo supuestos explotados, porque tengo dudas de que AMLO los represente realmente, pues hasta ahora parece el tabasqueño una suerte de caudillo cesarista o bonapartista –cuestión demasiado compleja, que no se puede analizar aquí, pues estoy analizando a la clase dominante y no a la dominada.

Todo ello, sería causado por la clase dominante, como dije, pero puede generar el escenario ideal para que el señor Ricardo Anaya, con su frente partidario, o incluso Doña Margarita Zavala si se diera un acuerdo anti-AMLO que ya se comenta entre los analistas –y en el extremo, cualquiera de los otros candidatos- entiendan la coyuntura y generen o aprovechen una crisis, en defensa de la clase dominante. Aunque no digan en público una sola palabra al respecto.

De ahí que, si los miembros del Consejo Mexicano de Negocios comienzan una estampida cambiaria, es probable que AMLO quede más trastabillante que nunca e inclusive que “caiga al suelo” unos pasos antes de la línea de meta. Todo ello es sin embargo una probabilidad minúscula, aunque al mismo tiempo es claramente una posibilidad objetiva.

Por último, quisiera aclarar que yo mismo creo que AMLO ganará, como dije en el pasado, pues la ventaja que tiene es demasiado amplia y no es segura la fuga de capitales ni las otras cuestiones aquí esbozadas. Pero la posibilidad de que AMLO no gane las elecciones, aunque es pequeña, es totalmente real.