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Qué mal estamos: sí, sí

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Por Rubén Cortés

La mejor manera de predecir el futuro es crearlo. Suena a consejo de diván. Pero es así. Sobre todo tras el anuncio de que la creación de tres millones de plazas colocó a México como el país con mejor índice de empleos en la OCDE, sólo superado por República Checa, Japón e Islandia.

Está aceptado que en un país existe pleno empleo cuando la cifra de desempleo está por debajo de 4.4 por ciento de su población económicamente activa. Bueno, México tiene 3.4; mientras en España es de 15.9 por ciento, Italia 11.2, Francia 9.2, Finlandia 8.1, Letonia 7.4…

A nuestro nivel de creación de puestos de trabajo sólo se encuentran República Checa (2.2 por ciento), Japón (2.5), Islandia (2.9) y Alemania, que tiene lo mismo que nosotros: 3.4. Además, cuenta con una economía estable y diversificada, menos dependiente de materias primas como el petróleo.

Sobran dedos de una mano para encontrar otro país con tanto empleo. Sólo de 2012 a 2015, se crearon un millón 892 mil, que fueron 46 mil más que en los primeros tres años de Salinas, un millón y medio más que los de Zedillo, dos millones más que los de Fox, un millón y medio más que los de Calderón.

Sin embargo, es casi generalizada la percepción de que el país no va bien, aunque el crecimiento económico promedio de 2.25 por ciento es muy superior a la media latinoamericana (-0.3) y México registra una de las inflaciones más bajas del mundo, que sube o baja alrededor de 0.25.

Y, hay que insistir, todo eso ha sido logrado en México con el modelo económico aplicado en los últimos años, al cual le ha tocado moverse en medio de términos tan escuchados como “complejo entorno internacional”, “colapso del precio del petróleo”, “volatilidad financiera”…

¿Qué esto es maravilloso? Para nada. Una de las mejores explicaciones a las dificultades de México la tiene Enrique de la Madrid: “El verdadero problema está en la enorme disparidad entre las regiones y sus consecuencias en el nivel de vida de su población”.

Según De la Madrid, el problema es que los modelos económicos, de vinculación con el mundo y de impulso a la tecnología, no han llegado a todo el país, provocando un crecimiento desigual entre los estados que se han abierto al mundo y los que no han podido o no los han dejado.

Aunque nada impidió que desde 2012 se hayan generado más empleos que en los últimos cinco sexenios. Así que es mentira eso de que “México tiene un crecimiento mediocre”, como es mentira que “México no ha encontrado un modelo de desarrollo adecuado”.

Pero pesa más el autodesprecio…

Que la realidad del gran país que somos.