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Mesías: primer embuste

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Por Ah-Muán Iruegas

El virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dijo la semana pasada que “no habrá gasolinazos”. Pero la verdad es que la gasolina sí subirá de precio.

La jerigonza económica es un dialecto académico en el que López Obrador expresó lo siguiente, en referencia al precio futuro de la gasolina en México. Dijo AMLO: Que se mantenga en términos reales con los mismos precios. Que nada más se descuente lo que es inflación, porque si no, sería bajar [de precio]. Tenemos que mantener los precios considerando inflación. Ese es mi compromiso.

Los precios de la gasolina, si se ajustan en “términos reales” y “descontando la inflación”, en realidad van a subir. Eso es lo que significa el engañoso párrafo de AMLO, arriba transcrito. Lo que ocurre es que los precios van a subir en términos nominales –los que usamos usted y yo, amable lector.

La engañifa de AMLO consiste en decir que no habrá “gasolinazos” durante tres años. Pero lo que AMLO dice significa que la gasolina sí, repito sí va a subir de precio durante tres años. Lo que ocurre es que van a subir poco a poco.

Y si no se “descuenta la inflación”, de acuerdo con los embustes populistas de AMLO, eso “sería bajar”.

No, Señor Embustes, subir es subir y bajar es bajar. Y lo que va a ocurrir durante tres años, con base en los precios de hoy mismo, es que la gasolina siempre va a subir y nunca va a bajar. Y todo ello durante tres años y en términos nominales.

Además, con las políticas estatistas de AMLO, se producirá más inflación, pues habrá más gasto público. Incluso hoy, con los neoliberales peñistas aún en el poder, la inflación se reportó ayer en 4.65% anual.

Es decir, AMLO está poniendo, al pueblo que tanto ama, una sucia treta. La gasolina va a subir poco a poco durante tres largos años -si nos va bien. Pero sí viene la inflación, entonces la gasolina subirá y subirá mucho.

“Que nada más se descuente lo que es la inflación”, la principal trampa de AMLO, quiere decir que los precios de la gasolina se van a ajustar conforme a la inflación. Es decir, repito de nuevo, van a subir. Si la inflación sube 10%, la gasolina subirá 10 por ciento en términos nominales.

¿Qué sucederá si la inflación mexicana llega digamos a 150%? Pues que la gasolina también subirá 150%. La gasolina subiría a 50 pesos x litro, aproximadamente, en tal caso hipotético.

Y si la inflación llegara a subir 400% durante el sexenio de López Obrador, tal como ocurrió en el sexenio de López Portillo, tenemos que la gasolina de hoy, de 20 pesos por litro, valdrá cien pesos al final de su sexenio.

El sexenio de López Portillo es comparable con el de Obrador, pues su propuesta de aumento en el gasto público para ayudar jóvenes “nini”, y sus otras propuestas irrealizables (la primera cuesta 110 mil millones de pesos anuales, por ejemplo) van a provocar aumento desbocado de circulante y, con mucha probabilidad, mayor inflación.

López Obrador va a subir el precio de la gasolina durante tres años, cuando menos. Lo cual contradice de hecho lo que él dijo durante su campaña: que los precios de la gasolina no iban a subir.

Todo esto no es más que una pequeña muestra del populismo en materia económica, que implican sus irrealizables promesas.

Me cansé de advertir sobre el populismo de AMLO durante su campaña presidencial. Pero los obradoristas creyeron que “populismo” es una ofensa. No señores, populismo es un término salido de las Ciencias Políticas –lo que AMLO estudió en la UNAM.

En otra ocasión mostraré con “peras y manzanas” lo que es el populismo en términos políticos. Pero en términos económicos, el populismo implica vender propuestas inviables o irrealizables… así como la de la gasolina barata de AMLO.

La desvergüenza de Obrador es patente, al abusar de su pueblo incauto y prometerle durante meses que “no subirá el precio de la gasolina”, para 10 días después de ganar las elecciones, salir con que “siempre no”.

Con su primer embuste, la primera mentira gorda de verdad, donde se observa de modo fehaciente que AMLO engatusa a su noble pueblo con sus embustes populistas de quinta ralea, él mismo justifica el irónico sobrenombre de “Mesías”.