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Retos, avatares y decisiones dudosas

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Por Miryam Gomezcésar 

Para la mayoría, conforme o insatisfecha con los resultados electorales, el lapso que transcurre entre la entrega de la constancia de mayoría de Presidente de la República electo (el próximo 6 de agosto) y la ceremonia oficial del traspaso del Poder Ejecutivo a Andrés Manuel López Obrador, resulta más tortuoso que el tiempo que duró la campaña. 

Con este panorama en que la atención se centra en las actividades de la agenda del Ejecutivo virtual electo, la incertidumbre que predomina en el escenario transita del optimismo al pesimismo con pasmosa rapidez. Como es normal, los perdedores que consideran que aún es posible revertir la realidad, esparcen toda clase de rumores, especulaciones negativas que sólo abonan al desconcierto y al hartazgo. 

Los ganadores, en defensa de su avance, reaccionan con el mismo ímpetu a las agresiones de los inconformes que no han digerido que la alternancia se decidió el pasado 1° de julio. La temperatura intensa convierte a este tiempo aciago en un espacio insoportable de ligerezas y beligerancias que deterioran la calidad del proceso.

El descuido de la fortaleza de las dependencias oficiales electorales debería preocupar a sus titulares. El titubeo en las decisiones tomadas por el Consejero Presidente del Instituto Nacional Electora (INE), Lorenzo Córdova Vianello, es lamentable porque imprime un sello de duda sobre la independencia real de la institución y ese jaloneo expuesto en los medios de comunicación, ante un público ávido de constatar que hay transparencia en momentos delicados de un proceso inconcluso. 

No son tiempos de tranquilidad porque mientras la mayoría de los contendientes se aferra a su triunfo, la derrota de los contrarios unidos en sus partidos ha creado un verdadero galimatías donde los que eran malos ahora se promocionan como buenos y los que eran buenos ahora son señalados como malos. 

¿Alguien entiende algo? 

En este largo trayecto tan lleno de obstáculos, donde los hay reales y falsos, preocupa que nadie explique detalladamente el destino del nuevo crédito de diez mil millones de dólares solicitado recientemente por el Gobierno de Enrique Peña Nieto a la Comisión de Valores de Estados Unidos, ni la justificación del aumento salarial a la alta burocracia, ni los generosos contratos del círculo dorado del gobierno federal, ni la realidad de la inversión en el proyecto Oro Negro en el que fueron utilizados los Afores de los trabajadores y esboza el resultado de los negocios hechos al amparo del bajo mundo de la corrupción con la complacencia del Gobierno Federal. 

En medio de estas dudas, a cada declaración que hace Andrés Manuel López Obrador a los medios de comunicación, surge un caudal de cuestionamientos sobre todo por la distancia que hay entre lo dicho durante la campaña y sus pronunciamientos cotidianos. Caso concreto el de los nombramientos para la integración de su gabinete en su mayoría interesantes, otros no menos importantes pero algunos preocupantes. 

Decisiones atractivas como la descentralización de las dependencias públicas han ocasionado controversia. En cada entidad habrá reacciones aprobatorias y reprobatorias por la descentralización de las secretarías de Estado, sin embargo, no todas las decisiones tomadas por AMLO están siendo aceptadas y, mucho menos, respaldadas como las polémicas candidaturas al cuerpo legislativo, y algunos nombramientos que asombraron, como el de Manuel Bartlet Díaz al frente de la Comisión Federal de Electricidad, fue como poner sal en la herida en la entraña de muchos ciudadanos, lo que merma la confianza con tanto esfuerzo lograda. 

En Quintana Roo, las cosas no son distintas. La mayoría de los temas urgentes no han pasado del arreglo cosmético, de las declaraciones facilonas sin soluciones concretas que se vean. 

No se trata de exigencias a la ligera o triviales sino de un eco social por las urgencias que requieren respuestas traducidas en obras y programas urgentes para frenar los límites de la violencia que tienen rebasadas y sometidas a las autoridades, que no cambian ni de formas ni de estilos para enfrentar la situación hasta lograr que los nombramientos en espacios de la administración pública sean un revoltijo de los mismos funcionarios y representantes populares, que de una forma u otra ayudaron a propiciar este peligroso deterioro social. 

A Andrés Manuel López Obrador, como Presidente de la República, va a ser necesario respaldarlo pero la desmesura en el halago, en la defensa a ultranza que hacen algunos ciudadanos sobre su accionar en el día a día, no lo ayuda porque lo que él necesitará como mandatario es que los mismos que lo apoyaron lo vean de frente y cuestionen lo necesario con la misma enjundia de una sociedad que ya dio muestras de entereza que espera y merece los mejores resultados.

Los mandatarios estatales poco a poco dan muestras de buena disposición, sin embargo, en los estados donde gobiernan, la problemática es tan compleja que terminan por dejarse llevar por la inercia.

En Quintana Roo, el Gobernador del Estado, Carlos Joaquín González, ya acabó con el beneficio de la duda otorgado por el electorado hace dos años. Un bono nada despreciable que su equipo no supo cuidar y es momento de rectificar. 

A escasas semanas para rendir su II Informe de Gobierno, salvo por la multicitada acumulación de expedientes integrados por la Contraloría estatal de los responsables del déficit administrativo, y de quienes intervinieron en el despojo de terrenos del patrimonio estatal malbaratados por sus antecesores, no hay mucho sobre su avance

Los temas importantes para informar, más allá del refinanciamiento de la monumental deuda heredada a los contribuyentes quintanarroenses, pasan principalmente por el avance en la seguridad de todos y ése es el tema medular de los gobiernos sobre todo por la percepción de inseguridad que hay en cuanto a las ejecuciones del crimen organizado, donde Quintana Roo está entre los tres estados con mayor aumento durante el primer semestre del año, según la organización civil Semáforo Delictivo, cifra que se incrementa día con día de manera alarmante. 

Un dato que no hay que perder de vista es el que se refiere a la alternancia lograda en la entidad, donde ni los partidos perdedores han sabido ser oposición (se justificaron con ser una oposición responsable en el Congreso), ni PRD/PAN han sabido fortalecer su presencia y la imagen de las instituciones que representan, en este sentido, lo que sí lograron fue mejorar la imagen de corrupción e impunidad heredada por los gobiernos anteriores de tal forma que en este híbrido gobierno lo que más destaca es su desorden interno. 

Con poco tiempo para remontar su imagen, el mandatario tiene la oportunidad única, de cara al proceso electoral para la renovación de la legislatura local que inicia en diciembre del 2019. A la pregunta de qué se puede esperar en su mensaje político, va de la mano de la conciencia que tiene Carlos Joaquín, de haber saldado con creces el débil apoyo que le otorgaron los partidos aliancistas PAN/PRD/MC (demostrado en el resultado de la reciente elección en que arrasaron los candidatos de Morena), y presentar una opción distinta.