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Gobierno electo y… la realidad

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Rubén Cortés.

Como ya demostró Trump en Estados Unidos, el éxito de los candidatos populistas descansa en que, durante la campaña, ajustan su mensaje a la realidad de los países: el presidente electo de México sabía que, de ganar, no regresaría al Ejército a los cuarteles. Era sólo un spin electoral.

Tanto lo sabía que, fue por su nominado Jefe de Asesores en su futuro gobierno, que los militares mexicanos salieron de los cuarteles a enfrentar en las calles al crimen organizado. Lázaro Cárdenas gobernaba Michoacán en 2006 y se lo pidió expresamente al presidente Calderón.

Cárdenas se lo había solicitado sin éxito a Fox. La Familia Michoacana tenía tal control del estado, que Cárdenas apenas si podía salir del Palacio de Gobierno, y hasta el hermano de Leonel Godoy, su secretario de gobierno, era uno de los capos del cartel.

Por cierto, Godoy asesora hoy al presidente de gobierno en asuntos de seguridad: trabaja con quien sería titular de nueva Seguridad Pública, Alfonso Durazo. ¿El hermano de Godoy? Ah, Julio César está prófugo desde que era diputado del PRD y escapó de la PGR, que lo buscaba.

Julio César tenía orden de captura, pero La Familia le consiguió una diputación y Telma Guajardo, José Narro, Acosta Naranjo y Encinas lo metieron de contrabando en San Lázaro, para que rindiera protesta. Ah, Encinas está nominado para ser subsecretario de Gobernación.

El caso es que si alguien sabe que el Ejército tiene que seguir en las calles es quien pidió sacarlo de los cuarteles: el que sería el Jefe de Asesores del próximo mandatario. Un convencimiento real. De manera que viene siendo nimio criticarle al electo que en campaña prometiera lo contrario.

Entonces, ¿Quiere decir que, ya habiendo ganado, la realidad le está ganando la partida al presidente electo? ¿Es que está aprendiendo de la realidad? ¿Es que pensó que sería más fácil? ¿Es que ha dejado atrás su posiciones más controvertidas?

Para nada. La verdad es que, del ganador de las elecciones, habría que esperar un sinnúmero de incumplimientos de promesas de campañas. “No debemos exagerar, porque una cosa es la campaña, y otra es el ejercicio del poder”, dijo durante la campaña en Nuevo Laredo.

Más bien, habría que temer el cumplimiento de un conjunto de medidas que no prometió en campaña, y que podrían colocar en jaque la estabilidad de los mecanismos de la democracia… al menos tal y como los conocemos hoy.

Por ejemplo, la decisión de maniatar a:

–A las gubernaturas estatales, con un coordinación estatal.

–A la Constitución Política, con una Constitución Moral.

–A la Suprema Corte de Justicia Nacional, con un Tribunal Constitucional.

Eso si es grave.

Y se lo guardó en campaña.