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Boicot vs. consulta

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Ah-Muán Iruegas.
 
En próximos días se realizará, por orden del Mesías, una consulta para definir dónde debe construirse el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. La consulta ha sido calificada como una farsa por especialistas y como “muy amañada” por un obispo.
 
Si hasta los curas, que últimamente han salido muy mañosos e incluso pederastas, califican de amañada la consulta, entonces las mañas de la consulta deben ser magistrales.
 
No tiene sentido enlistar todas las tropelías que puede incluir la consulta y que incluyen a Enrique Peña, a un señor Rioboó, a los secretarios de comunicaciones y transportes –tanto el peñista como el obradorista- a los que vendieron los terrenos o a los que los compraron y un largo etcétera que termina con las palabras: Andrés Manuel López Obrador.
 
Obrador impulsa la consulta por un extraño impulso: el de hacer tarugadas. No se contiene él mismo, si lo que se trata es meterse él mismo en problemas innecesarios. Últimamente hizo un desplante ridículo: le dio un beso a una reportera, cuando no supo qué contestar. Mucho antes, ya había agredido al periodista José Cárdenas de Radio Fórmula, cuando éste le cuestionaba –con toda razón- si era verdad que Elba Esther Gordillo era su aliada (aún se dudaba en esos momentos de las alianzas inmundas de López Obrador).
 
Es incluso riesgoso para el país hacer la consulta. Las inversiones internacionales se inclinan por el aeropuerto de Texcoco, y se corre el riesgo de una corrida contra el peso mexicano, si triunfa el proyecto de Santa Lucía y si se convalida una metodología mediocre y predemocrática.
 
No por ello debe defenderse uno u otro proyecto. Lo que debe rechazarse y boicotearse, es la consulta en sí misma. Pues el mexicano promedio, y hasta un 99 por ciento de la población, no cuenta con los conocimientos técnicos necesarios para decidir semejante acertijo.
 
AMLO no necesitaba hacer su tonta consulta por una sencilla razón: ese tipo de asuntos técnicos no deben ser consultados. Mi abuelo fue ingeniero, especialista en construcción de aeropuertos de la entonces llamada Secretaría de Obras Públicas. Participó en la construcción de todos los aeropuertos de México de su época, obras sobre las cuales nunca se consultó a nadie. Para eso son los especialistas: para no tener que consultar a los demás sobre lo que no saben.
 
Esa es la razón por la cual la consulta debe ser boicoteada: porque la ciudadanía no debe decidir acerca de asuntos técnicos. La consulta es una treta populachera de Obrador, para evadir sus propias responsabilidades.
 
La obra debe ser decidida por ingenieros y otros expertos. Si la obra afecta al medio ambiente, entonces también deben ser consultados ingenieros ambientales, etc. Pero la decisión no debe ser tomada por la ciudadanía porque… esa decisión puede poner en riesgo a la propia ciudadanía. De ahí que sea necesario el boicot -o boycott.
 
Regularmente, se entiende un boycott como abstenerse de participar –o de comprar un producto o marca- como un medio de mostrar desaprobación sobre una cuestión particular. Pero en el caso de la consulta sobre el aeropuerto, el boicot puede consistir en dos modalidades.
 
Por un lado, el ciudadano puede ignorar olímpicamente la consulta y no acudir. Sin embargo, si eso ocurre, se aprobará uno de los proyectos, con los votos de quienes sí acudan. Es decir, una de las opciones será legitimada por las urnas obradoristas.
 
La alternativa entonces, es acudir a las urnas y anular el voto propio, tachando todas las opciones –o toda la boleta. Así se mostrará que son más quienes desaprueban las consultas mal hechas –como ésta- que quienes votan por uno o por otro proyecto.
 
Analistas muy reconocidos, como la profesora María Amparo Casar, han castigado con su desprecio a la consulta. Lo mismo Macario Schettino y Federico Berrueto, que dijeron que la consulta es una farsa. Lo cual está bien, pero resulta insuficiente. Es mejor el boicot que simplemente minimizar el ejercicio.
 
El obispo Raúl Vera declaró el sábado pasado que la “consulta ya está muy amañada”. El “señor obispo” habla desde la óptica de los macheteros de Atenco, a quienes apoya o representa. Lo cual puede también tener incluso razones válidas. Sin embargo, una consulta que él mismo define como “amañada”, no puede ser una fórmula para tomar decisiones. Es necesario el boicot.
 
En terruños obradoristas o manipulables hay muchas casillas, mientras que en la ciudad de México sólo habrá una urna por cada delegación –ahora les dicen alcaldías- lo cual es ofensivo para los capitalinos.
 
Boicot contra la consulta sobre el aeropuerto. Eso es lo mejor para mostrar rechazo a la manipulación obradorista, populachera y mediocre. Y un boicot puede evitar incluso una devaluación del peso mexicano.
 
¡Muera la consulta! ¡Abajo la manipulación antidemocrática!