Amieva o la estúpida destrucción de la memoria incómoda

Carlos Arturo Baños Lemoine.

José Ramón Amieva, el burócrata gris que quedó como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México tras la salida de otro burócrata gris, Miguel Ángel Mancera, se montó en la ocasión y la ocurrencia para incurrir en una de las peores barbaridades de su mini-gestión.

Amieva aprovechó el quincuagésimo aniversario de la matanza de Tlatelolco para retirar las placas alusivas a Gustavo Díaz Ordaz dentro del Metro de la Ciudad de México.

¡Cuidado, cuidado, México, con hacer estas pendejadas para pasar por “progre”!

Amieva se colgó de una modita estúpida que ha generado muchos problemas en otros países, como EEUU y España. La modita se trata de retirar, de los espacios públicos, cualquier tipo de iconografía relacionada con hechos o personajes “incómodos” para un régimen o gobierno determinados: estatuas, cuadros, placas, nombres de calles o plazas, bustos, etc.

En España, los neocomunistas de Podemos la han emprendido contra todo lo que huela a Francisco Franco, y, en EEUU, las “buenas conciencias derechohumanistas” contra todo lo que huela a las fuerzas confederadas de la Guerra Civil (1861-1865). Seguro encontraremos otros ejemplos en otras partes del mundo.

¿De qué va esta estupidez? ¿De negar una parte de la historia para imponer una visión del mundo monolítica, aterciopelada y acorde con el gobierno “progre” en turno?

¡No, señoras y señores, la historia es como es, y ello supone aceptar pasajes dramáticos y dolorosos, supone asumir heridas y cicatrices colectivas en toda su crudeza y toda su justeza!

Finalmente los hechos fueron así, le duelan a quien le duelan, y cada fuente de la historia (documentos escritos, estatuas, cuadros, retratos, fotos, bustos, construcciones, monumentos, etc.) nos habla del difícil paso del hombre sobre la faz de la Tierra.

Eliminar, por estúpidos motivos ideológicos, las fuentes mismas de la historia debería ser hasta delito (en algunas circunstancias de hecho ya lo es).

A ver, a ver, es un hecho histórico que Gustavo Díaz Ordaz tomó la magnífica (y problemática) decisión de construir el Metro de la Ciudad de México, venciendo mucho escepticismo inicial, y también es un hecho histórico que él lo inauguró durante su Presidencia. Son hechos, y las placas que se retiraron por una estúpida decisión de José Ramón Amieva, sólo hacían alusión a esos hechos.

También es un hecho histórico que Gustavo Díaz Ordaz asumió la responsabilidad de la matanza del 02 de octubre de 1968; hecho que también ha quedado grabado para la historia nacional.

Encomiables o reprobables ahí están los hechos y la historia debe seguir exponiéndolos para aprendizaje colectivo. Las cosas como fueron… ¡punto!

¡Qué repugnante que José Ramón Amieva haya retirado placas alusivas a hechos históricos, placas de hierro forjado con cinco décadas de antigüedad!

¡Y qué pena que haya habido políticos babosos y “chairos”, como Mario Delgado y Emilio Álvarez Icaza, que hayan aplaudido tal barbaridad!

¿Qué sigue, señor Amieva, quitar la estatua de Colón del Paseo de la Reforma, cambiarle el nombre a la estación “Villa de Cortés” del STC-Metro o “clausurar” el Museo del Ejército en el Centro Histórico de la Ciudad de México?