El abrumador costo de las transformaciones

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Miryam Gomezcésar.

La cuarta transformación que trae a muchos de cabeza, da señales de turbulencia. Los sucesos y las determinaciones complicadas porque al tomarse lastiman intereses económicos, aunque dejan en la incertidumbre el futuro del empleo de miles de obreros que confiaban tener asegurada su plaza al menos durante la construcción de las obras aparentemente canceladas, estos también tendrán como los inversionistas una oportuna respuesta.

El grupo opositor a la nueva circunstancia estableció una estrategia mediática de conferencias de prensa y una convocatoria a manifestarse el domingo 11 de noviembre a las 11 de la mañana, que partiría del Ángel de la Independencia en la avenida Reforma con rumbo al Zócalo de la Ciudad de México como parte de su ofensiva.

Es valiente hacerlo en una ciudad que a partir del próximo 1 de diciembre será gobernada por Morena y donde está lo más nutrido de su militancia, millones de votantes que habitan en la Ciudad de México, que refrendan su apoyo al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y lo siguen haciendo pese a las implicaciones que representan la difícil aparente cancelación de una construcción de la magnitud del nuevo aeropuerto en Texcoco, que es un golpe político contundente.

Algo que los afectados no esperaban escuchar a pesar de haber sido un dato repetido muchas veces como compromiso de campaña, por lo mismo, replantear el tema para su debate sería sano. Quienes se sienten afectados deben asumir que este es otro tiempo y reconocer la necesidad de establecer nuevos acuerdos abiertos a la población. 

Por lo anterior, el llamado a manifestarse resulta interesante porque también servirá para que el grupo que encabeza la clase dominante involucrada en este sustancioso pero ‘cancelado’ proyecto, sopese sus alcances en su nueva realidad. 

Será también un momento para observar el comportamiento del radicalismo que, en esta etapa que ya asoma, cambiará de protagonistas, los buenos serán los malos y los malos serán los buenos según la visión de quien lo analice, y, en consecuencia, una pertinaz lluvia de motes, memes, intercambio de opiniones en las redes sociales y en los medios convencionales, con adjetivos que llenarán los diarios y revistas, pero sin duda, los nuevos opositores lograrán establecer acuerdos con el gobierno de AMLO. 

Hasta el momento, algunos medios impresos mencionan que son alrededor de 9 mil 500 los animados a sumarse a la invernal travesía que marchará al zócalo. Lo bueno es que participen, lo malo es que representan a una minoría y lo harán en una de las ciudades donde sus habitantes están más politizados, son participativos y han dado muestras de su capacidad de organización. Esperemos que esa marcha sea exitosa, de lo contrario, una nueva derrota sería brutal para la imagen de sus convocantes.

Lo cierto es que en Los Pinos, quienes se van (y no de la mejor manera), lo hacen con el repudio de muchos que sintieron traición, abuso e injusticias. Un régimen que deja una estela de errores trágicos que seguramente serán parte de la narrativa en los libros de texto gratuito de la SEP, para los alumnos de educación básica el año próximo, por encima de los aciertos que tuvo este gobierno.

La facilidad con que fueron amparados el Presidente Enrique Peña Nieto y todos los funcionarios de primer nivel de su gabinete, es tema de escándalo que compromete la probidad de los togados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La necesidad de hacer algo para frenar el intento de salir impune sin reparar el daño causado al erario en este régimen, es algo urgente. El despropósito cimbró la fortaleza de la Corte. El imperativo es evitar la impunidad. Toca al Poder Legislativo tomar cartas en el asunto. 

En este sentido, la situación política es delicada pero no se debe a la ‘cancelación’ del proyecto del aeropuerto en Texcoco que distinguiría a este sexenio, sino a aquella información que por goteo filtran sobre las andanzas en las grandes ligas y nos enteran poco a poco. Va desde la Estafa Maestra, los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, el destino del dinero, la Operación Zafiro, entre otros comprometedores errores que exhiben las entrañas del poder y la condición humana de quienes lo detentan.

La rudeza del maltrato (millones de pobres) a los temas sociales que resaltan el alto costo del desorden administrativo en los gobiernos, entre otros asuntos representativos importantes que deben atenderse con rapidez, es causa de la causa y causa de lo ocurrido, pero cabe resaltar que eso es precisamente lo que logró abrir la puerta de entrada a la citada Cuarta Transformación, que costará mucho esfuerzo pero ya inicia. 

¡Así no! Escucha Carlos Joaquín para que lo entienda Mara Lezama. 

Con la anunciada llegada de la policía militar y las nuevas estrategias contra la inseguridad en la zona norte del estado, pocos se han dado a la tarea de profundizar en la mejor forma de aplicar las estrategias. El embrollo es total porque los recién nombrados titulares desconocen la complejidad de las localidades. Su efecto es inmediato en los habitantes que se ven afectados por ambos flancos: la presencia de los elementos policíacos y los de la delincuencia que transitan casi codo con codo. 

Un dato que no es aislado sino que ocurre con más frecuencia de lo imaginado, es que en los patrullajes los agentes demuestran las limitaciones que tienen para realizar su procedimiento. La educación y formación policíaca va de la mano de excesos cometidos contra el ciudadano común. 

Como ejemplo, esta semana un vecino que salía de su casa a trabajar fue detenido mientras caminaba al interior del fraccionamiento donde habita. En estos días, toparse con una patrulla no es gracioso, es más bien aterrador cuando se desconoce el objetivo de los policías que frenan el tránsito de una persona exigiendo revisar sus pertenecías sin mediar alguna orden ni justificación para su cometido. 

El vecino detenido, padre de familia, es un hombre respetuoso, amable, calmado, sin embargo, el tono agresivo de los agentes que intentaban subirlo con uso de la fuerza a la patrulla para remitirlo, lo hizo llamar por celular a su esposa en busca de ayuda, quien salió corriendo con gritos desesperados para evitar fuera remitido. 

Los elementos fueron rodeados por un grupo de inquilinos, hombres y mujeres que con su apoyo evitaron el atropello. Al preguntar a los agentes el motivo para detenerlo, respondieron que se lo llevarían por ¡maltrato a la autoridad!, pero al ver que poco a poco salían más vecinos y que no podían demostrar dicho maltrato, decidieron soltarlo y se fueron. 

Al revés de como lo hacen.

Esto, no es un dato menor. Los nuevos directivos de Seguridad Pública estatal y municipal, que deberían conocer el manual de procedimiento para los retenes, detención por revisión o verificación que se determina por las circunstancias de la inseguridad, la policía tiene obligación de acreditarse, mostrar una orden para realizar su trabajo y, en su momento, el conocimiento de lo que significa cuando se configura la violación de un Derecho ya sea Constitucional o Humano. 

Ojalá que la alcaldesa de Benito Juárez, Mara Lezama, y el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, atiendan estos vergonzosos detalles por la desconfianza que generan y, por ende, el desgaste que sufre la imagen de sus gobiernos que radica en esos excesos injustificables que están presentes y continúan realizándose a pesar de las promesas de proceder diferente. ¿Acaso los agentes deben cumplir con una cuota de remitidos? De ser así, avísenles que es contra los delincuentes y/o infractores, no contra personas de la sociedad civil.