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Mentir con la verdad. Van por los corruptos

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Muy lamentable la muerte del consejero del INAI Carlos Bonin, que resultó algo distinto al paro cardíaco que se anunció de parte de ese instituto. Lo paradójico es que ese órgano de transparencia, en un solo día, se convirtió en una fuente mayor de desconfianza, porque dio a conocer una información por lo menos parcial, que indica que se ocultaron datos precisos del suceso. Y eso que les pagan para garantizar la transparencia.

Lo que destaca además es que nadie ni siquiera se indignó por la facilidad con que se ocultan las cosas. Que se mienta y además pasen desapercibidas las mentiras. Es una costumbre tan extendida que nadie digamos se desgarra las vestiduras por toparse con un mentiroso, o con muchos, que digamos en sentido negativo, contribuyen de manera persistente y dedicada a sembrar lo falso, a diluirlo y en su caso, a defender lo adulterado como si fuera auténtico.

La mentira no se castiga socialmente en México, para muchos es sinónimo de habilidad, de astucia; y por eso, la ola de la apatía y la desconfianza priva en lo público. Se reconoce entre el pueblo que en el mundo de la política el saber mentir es ineludible; es decir, el cinismo sólo critica la práctica cuando no produce credibilidad.

Por eso andan confundidos los ciudadanos y los mercados, como se les dice a los magnates que no saben a que tirarle. Las versiones en los medios le achacan a los diputados de la mayoría los sobresaltos que reducen las operaciones de la bolsa de valores o el alza del dólar; éstos a su vez culpan a lo externo y a interpretar de manera inadecuada lo que proponen los legisladores. ¿A quién creerle?

Me parece que se deben ponderar las cosas y hacer uso de la reflexión mas que lo que se dice estrictamente como estratagemas. Porque si la gente votó por un cambio, no se puede esperar que no pase nada. Todo lo contrario.

El cambio, el votante entusiasmado que lo desea, se lo imagina como un bien enorme, permanente y lleno de positivos. Una vuelta completa a la rueda de la fortuna de su vida, sólo que sin sobresaltos para él. Nada mas ilógico.

Otros que quieren cambios de medio pelo, no quieren que el dólar suba y que el dinero no cueste más. Pero eso es precisamente lo que tiene que suceder, porque el cambio, así lo pregonen como un proyecto de estabilidad, precisamente es lo contrario, es incertidumbre hasta que se demuestre lo contrario.

Los que no desean el cambio porque están en una posición de ventaja esperan una reacción a favor del status quo, algo que no se puede dar, aun si el gobierno reculara fallándole a sus apoyadores, no puede caminar por la misma senda de sus antecesores. Esa ruta se derrumbó. Porque la bandera de la anticorrupción la traían todos, hasta los que perdieron, menos los muy identificados con los que ocupan los cargos todavía.

Es muy sencillo, aunque se mienta, que no se van a cargar a los del pasado que abusaron; si los van a caminar.

López Obrador les miente con la verdad, dijo que va a perdonar a los corruptos, menos a aquéllos que tengan procedimientos abiertos, los que simplemente se van a continuar. En la entrevista que le dio a Azucena Uresti, recordó los abusos y delitos cometidos por los expresidentes, se refirió a todos los vivos menos a Echeverría. Por lo declarado sibilinamente: todos irán a donde deben ir hace tiempo.

Ese recordatorio poco comentado no tiene difusores, pero si es verdad allí se verá si hay combate real a la corrupción o de lo que se trata es ir de calambre en calambre hasta que México sucumba ante la “creciente incertidumbre de los mercados”, es decir, cuando ya no sea negocio para nadie el país y sus habitantes.