web analytics

¿Y la Comisión de la Verdad del Aeropuerto, apá?

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

El lunes, el Presidente Electo se reunió, dicen las crónicas, con 16 empresarios, los más importantes del ahora viejo proyecto del aeropuerto de Texcoco. Felices, como si nada.

Departieron y el propio familiar del señalado como innombrable, de apellido Gerard, uno de los magnates presentes, el de una constructora que data de fines del sexenio de Salinas, con cinco mil familias que dependen de su operación, según declaraciones del citado empresario, se dijo satisfecho de la decisión de cancelar lo que hubiera sido en sueños la obra importante de Peña Nieto, como presidente.

Con ese acto protocolario, una comida en el mejor barrio gastronómico del país, se dieron por canceladas las inversiones, de las que se ve, a leguas, que los ricos constructores no le metieron un clavo: era dinero prestado de Afores y, por supuesto, recursos fiscales, es decir lana de los contribuyentes que fueron los que nunca fueron tomados en cuenta ni para empezar una obra absurda, y menos para su cancelación también arbitraria.

¡Ése es el mero Tercer Mundo!

La oligarquía mexicana, hecha a la medida de un disfraz neoliberal y cuyo origen son los atracos de los ex presidentes, en su caracterización de “constructores” estaban felices. Les volvió el alma al cuerpo. Ahora sí son lopezobradoristas porque les salvó el pellejo de lo que señalan en las redes: sobreprecios del 70% en trabajos burdos como es el movimiento de tierras, que no requiere de ciencia alguna para cargar volquetes con arena y depositarlos a unos metros de distancia.

El fracaso y la mentira a todo lo que dan. Fracaso porque todo lo que pudo pasar por el escritorio de Ruiz Esparza fue hecho con el mayor descuido, de bolazo, porque, como dicen en corto empleados de los centros SCT, se realizaron los proyectos después de la obra… ¡al puro estilo de la élite atlacomulca!

Y la mentira, porque si existieran los criterios neoliberales que tanto mencionan los ignorantes voluntarios, el proyecto sería una obra de empresarios que pusieron dinero bajo una concesión del gobierno de manera abierta, y no una obra donde los que pusieron el dinero fueron los que pagan impuestos, en otras palabras usted y yo, sin obtener nada a cambio.

El aeropuerto de Texcoco fue una obra que promovió e inició el Estado Mexicano, pero como no tuvo viabilidad financiera, ni ambiental, habría que tronarla y mandarla al archivo muerto de cuentas irrecuperables… A fondo perdido.

Ya no se va a hacer nada, porque Santa Lucía es una base militar que, para desmantelarla, necesita un espacio similar o mejor, porque es un centro de seguridad nacional para cualquier contingencia en la metrópoli, y si le sumamos la desincorporación del Estado Mayor, en su mayor parte ubicado en la Ciudad de México, lo que queda en términos de seguridad mayor es menor a lo que ha habido. Se quiere restar, no fortalecerse, como sería lo habitual. ¿Es casualidad o es a propósito?

Con la determinación de la consulta les ofrecen a los empresarios de la gran comilona polanquense, a los consentidos de los regímenes históricos, lo que la ley dice que no se puede: otras obras a cambio, un cambalache que sería una violación a la ley, que me imagino ahora que no hay fuero, nadie va a querer implementar a menos que alguien del Mictlán, el infierno azteca, se los pida.

Y es en esos episodios cuando se revela el desprecio a la legalidad y el callejón sin salida en el que está nuestro país, tan lejos de cualquier liberalismo incipiente y tan cerca de las voluntades autocráticas que, además, son una amalgama con los magnates de la oligarquía para quienes no hay impuestos, no hay competencia, pactos de poder, consumados en un “capitalismo de los cuates”, de la manipulación y de los esquemas clásicos del comunista impío, sin distingos: lo tuyo mío y lo mío, mío. Parafraseando: al Estado los fracasos y las deudas y, para los magnates, las utilidades. Punto.

Pero como se vendió “la esperanza” hay una pequeña luz al fondo, todavía.

¿Y si el nuevo gobierno, como debería ser y además es su estilo, promueve y erige una Comisión de la Verdad del Aeropuerto que no fue? Donde se publiquen los datos, los cálculos y los números, las erogaciones, las empresas que intervinieron, los funcionarios que autorizaron y la proyección del costo real financiero y ambiental. ¿Se volverían a pitorrear de los contribuyentes los magnates?

Porque hay muchos datos en las redes que muestran que es un fraude que ya se ocultó y que, antes de salir Peña, contó con las complicidades hasta de los consultados para tapar la marranada.

Porque la sucesión de hechos hacen creíble una magna burla… o sencillamente es el estilo, porque tal parece que estos días son para tapar males mayores, secretos inconfesables.