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Y todo sin oposición

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

Siglos llevan los hombres que aman la libertad y las virtudes políticas, luchando para que no exista un régimen unipersonal. Desde los tiranos de la Magna Grecia, entre ellos los famosos de Siracusa, se constata que el gobierno que ejerce un individuo muy por encima de los demás, es una historia de sufrimiento y terror.

Los reyes que sobrevivieron entendieron contra su voluntad que tenían necesidad de otros, para ejercer el dominio público; los parlamentos fueron los instrumentos iniciales para equilibrar el poder desproporcionado. El razonamiento es simple: las personas cambian radicalmente, o con astucia paulatina, cuando someten a los demás y no hay contrapesos. Las manifestaciones de prepotencia, necedad y arrogancia, son los síntomas que preceden a la enfermedad del poder excesivo.

En México, el desequilibrio que favorece al ejecutivo ha sido proverbial, cualquier persona medianamente informada sabe que esto de los equilibrios siempre ha sido una vacilada, los poderes se integran con favoritos que simulan cierta independencia.

Allí está la Unidad de Inteligencia Financiera de la PGR, que se ostentaba como un instrumento de legalidad con nexos internacionales y únicamente, incautó 10 euros y ninguna cuenta bancaria, como declaró Santiago Nieto su actual titular. Seguramente instrucciones de arriba para no actuar. O pueden preguntarse también mis estimados lectores ¿qué porcentaje de diputados, senadores y jueces llegaron por la voluntad de un solo hombre?

Y nada más falso que la supuesta autonomía de los órganos que la presumen; es bien sabido que a sus integrantes el mandatario en turno los nombró realmente, mediante sus operadores enredosos.

No sólo en el gobierno, sino en el Estado se muestra esa simulación porque partidos, sindicatos y organizaciones se han sometido a apuntalar el desequilibrio como fin principal de su existencia; es más, los negocios no prosperarían sin el padrinazgo del poder desequilibrador; ¿y los medios?, no se diga, han servido en su mayoría, para legitimar las incongruencias, desvirtuando que exista la unicidad de mando, dicen no lo es en realidad, es un espejismo, discurren, que la gente se confunde, porque desconocen las leyes que, dicho sea de paso, perpetran con finura y a lo burdo, esa convicción equivocada de darle toda la manga ancha al que manda.

Eso y mucho más ha sucedido en nuestro país, al grado de que se entiende que en cada trasmisión de poder presidencial hay arreglos que afectan de manera determinante a los ciudadanos, y sin embargo se llevan a cabo puntualmente. Una mano lava la otra, como sucede ahora; y el dizque pueblo: bien, gracias. ¿Su destino? Ser carne de consultas mal paridas.

Pero lo que es cierto es que nunca como ahora se ha consolidado excesivamente el poder personal del Presidente, que junto con un congreso aplanadora, arrincona a todo aquél que ose oponérsele. Y es que hoy da la casualidad de que no hay forma, ni intención, porque no existe una oposición real.

El PRI no significa ya nada, se desvaneció en su pasado pletórico de abusos y desprestigio y con el arreglo para que no se “barra para atrás”, esculpieron su lápida.

En el papel de corifeos están todos los partidos de un solo hombre o una sola mujer, buscando servir de comparsas al Morena; la muestra, el indefinido Velasco Coello, lo mismo es amigo íntimo de Peña, que de López Obrador.

Del PAN, no se tienen noticias en el tema. Se sabe que cambió a otro dirigente que no tiene estatura política nacional, con los mismos atributos que tiene un personaje sin discurso, sin más proyecto que el personal de seguir en las plurinominales, apuntalando de facto al régimen en curso, integrando cuotas en sus direcciones sin incluir ningún ingrediente político.

Imagínese que la bancada azul dice que se van a encargar de que el Presidente Obrador cumpla sus promesas. No pudo el tabasqueño encontrar mejores colaboradores, que le instan a seguir con ahínco su programa. Los panistas, en una acto de confusión política, apoyan las promesas de Obrador.

A una oposición verdadera le interesaría todo, menos exigir el cumplimiento de los planes de quien se supone son críticos. El PAN convertido en la vanguardia de la morenada, ¿cuánto cree usted que vale?

Por allá, asechando a los incautos con la magia del dinero que se proveyeron de la manera que “haiga sido como haiga sido”, los Calderón quieren ya en enero, sobre los restos de lo que pudieron dividir del PAN, su partido populista color rosa mexicano.

Su plataforma, dicen, es “a partir de la nada”, con la palabra clave para jalar borregos: “vamos”. ¿A dónde? No importa, a la nada. Pueden completar más incongruencias porque les queda mucho odio contra Anaya, el del discurso que nunca cambió y que no pudo ser opción contra la dupla Obrador-Peña, por sus pecadillos ocultos.

Así está México, evidentemente huérfano sin una oposición integradora, con muchos que se aferran a los privilegios, sin ideas, sin operación política mientras la cuenta internacional se abulta cada día con números rojos fatales; indefenso ante la oligarquía en su carácter de grupo asesor económico de la presidencia, el cuerpo de magnates que están prestos a pegarle a las clases medias e inexplicablemente al consumo.